Capítulo 1
Llegó con un poco de demora al último piso del Sofitel Rome Villa Borghese, donde se ubicaba uno de sus restaurantes favoritos, Settimo, con un menú que ya estaba mereciendo una estrella Michelin y una vista que quitaba el aliento.
Le gustaba invitar allí a quienes quería impresionar, y este también era el caso, pues necesitaba convencer a Janette Cassini a que se embarcara en su última locura, nunca más literal.
Tenía miedo de que todo saliera muy mal y terminar arrepintiéndose, pero tenía las tres señales del universo que siempre pedía para arriesgarse. Si salía bien, podría escribir un libro sobre su aventura; si salía mal… pues prefería no pensar en las consecuencias.
Vio a Janette sentada en la terraza del restaurante, con una enorme capelina blanca y negra y anteojos imitando la combinación, destacando sus aires de diva romana, aunque su vestuario fuera muy sobrio.
—Janette… —le dijo al llegar a sus espaldas, apoyando sus manos sobre los hombros de ella, que lo saludó con una sonrisa amplia.
—Paolo… tú sí que sabes cómo complacer a una mujer.
Me encanta este restaurante —él se inclinó para besar su mano y sentarse a su lado.
Tomaron los menús que el camarero les ofreció y pidieron dos desayunos continentales con una selección de fiambres italianos que incluían cortes de jamón Bassiano, pavo asado y salame romano, y una tabla de quesos de cabra, vaca y oveja.
Ella pidió una crepe con Nutella y un bowl de frutas de estación.
Café espresso doble para él, té de hibiscus para ella.
Mientras esperaban su orden, bajo la tibia caricia del sol de la mañana, ella se incorporó y se acercó un poco para indagarlo.
—Entonces, ¿ya tienes una idea de cuándo podemos hacer la entrevista?
—¿Ansiosa?
—En realidad, no sé cómo mi editor se enteró de que había conseguido esa primicia y me está presionando.
—¿De verdad? —dijo, fingiendo inocencia.
—Sabes que sí, pequeña rata traidora. Estoy segura de que tú…
—Cuidado con tus palabras, Janette. Sabes que ahora me perteneces…
—Ella sabía que él era muy capaz de destruir su credibilidad y en ese momento toda la industria de la comunicación estaba cambiando drásticamente.
Las revistas impresas desaparecían, las editoriales se reducían, y ya no había lugar en el espectáculo, como en otros rubros, para periodistas que no tuvieran una fuerte presencia en redes sociales.
Janette era un dinosaurio como él, aunque fuera una década más joven, pertenecía a una élite que estaba en peligro de extinción y le costaba mucho adaptarse a las demandas modernas.
Por eso se aferraba con uñas y dientes al batacazo que había pegado con su “nota de investigación” sobre las sábanas de Gabriel.
—Lo sé… —dijo, resignada. El camarero llegó con la orden de los dos.
Bebieron y comieron un poco, en silencio, mientras analizaban el próximo movimiento en su tablero de ajedrez. Paolo sabía que tenía que ser cauto.
—Janette… de verdad… no me interesa pelear contigo. Quiero que esto sea mutuamente beneficioso.
—Te escucho.
—Bueno… quería saber qué tienes que hacer esta próxima semana.
Janette detuvo el tenedor a medio camino entre el plato y su boca, y finalmente comió el bocado de crepe chorreando crema de cacao y avellanas. Se limpió una comisura con la servilleta y se incorporó.
—¿Quieres decir… de acá a una semana…?
—No. Quiero decir qué tienes que hacer toda esta semana y si puedes conseguir un fotógrafo para hoy a la tarde, para que te acompañe.
—¿Para que me acompañe a dónde?
—¿Qué te parece acompañarnos en un crucero hasta la Costa Amalfitana, completamente gratis y con todos los gastos pagados, para que puedas llevar a cabo tu entrevista exclusiva con Gabriel Grecco, durante el viaje?
—¿Es broma?
—Nunca hablé más en serio en mi vida.
—Dios mío, Paolo. ¿Qué tipo de muerto tiene escondido Gabriel en su closet que tienes que hacer esto?
—No te inventes castillos en el aire, querida Janette, quiero que pintes a Gabriel de cuerpo entero, y que esa entrevista le sirva para afianzarse en el mercado norteamericano.
Es un trato ganar-ganar. Tú obtienes tu entrevista exclusiva, yo logro hacer desaparecer tu infortunado panfleto amarillista y todos nos tomamos unas lindas vacaciones en uno de los cruceros más exclusivos del Mediterráneo.
Y para ti, sin desembolsar ni un solo euro.
Janette sonrió como el gato de Cheshire.
—¿Cuándo abordamos?