Capítulo 12
Pasado todo el pandemónium en el VIP, llevados por un taxi hasta el hotel, subieron hasta el último piso y ordenaron unas bebidas antes de irse a dormir.
Ignoraba de qué hablaban sus amigos, ella seguía rememorando cada segundo con Gabriel.
La manera en que se acercaba para hablarle muy cerca, para que la música no tapara su voz, un canto a la sensualidad que endulzó su oído y bajó como una caricia perfecta por su hombro, su cuello y su nuca.
Sintió sus labios en su oreja. Sí. Piel con piel.
Cerró los ojos y se estremeció, como si él estuviera a su lado.
En ese momento no cayó al piso porque estaba sentada.
Igualmente, no hubiera caído, hubiese flotado.
Su cerebro era gelatina. De cereza. Le habló en inglés, con ese acento italiano, al oído, a centímetros de distancia, y todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo se alzaron como en un estadio de fútbol haciendo "La Ola".
En medio de su delirio, sintió que podía tocarlo, podía olerlo.
Inspiró fuerte pero volvió a la realidad, y en esa realidad él no estaba ahí.
—Entonces… —dijo Andrew, tocando su brazo para llamar su atención— ¿Quedaron en algo?
—No me dio tiempo.
—Llama a Paolo… —insistió Cat—. Dile que el tumulto no les dio tiempo de intercambiar teléfonos.
—No dejes que se enfríe, la escena en el VIP daba para que le rompieras la boca de un beso y se fueran juntos a su casa.
—Yo sentí todo… pero —miró a sus amigos—. ¿Y él?
—Era una escena de Love Story —dijo Eira—. Estaba en todo modo seductor, buscando hacerte caer a sus pies. Estaban todas las señales corporales. Es como si hubiera sacado un manual “Cómo llevar a una mujer a la cama en cinco minutos” y las estuviera ejecutando todas juntas.
—El manual, escrito y dirigido por Lean Downie —exclamó Andrew y todas estallaron en risas.
—¡Como si lo necesitara! —completó Lean.
Se quedaron un rato en silencio, admirando la línea del horizonte romano, como iluminado por luciérnagas y estrellas, los tejados cortando figuras geométricas contra el reflejo de la vida nocturna de la ciudad, una hermosa despedida para una noche que nunca iba a olvidar.
—Bueno, fue un hermoso momento. Doy gracias a Dios, a la vida y al Universo por haberme permitido conocerlo y…
—¡Espera! ¿No vas a hacer nada más?
—La verdad… en este momento solo me quiero ir a dormir, rememorar y saborear cada perfecto segundo de lo que ocurrió.