Capítulo 10
De pronto miró alrededor y vio que casi todos los ojos, y los lentes, de quienes estaban en el VIP, se encontraban sobre Gabriel y Lean.
Identificó a las amigas de Lean contra la barra de tragos, riendo y cuchicheando como adolescentes, a los dos fotógrafos que tenía contratados bombardeándolos con clics sin flash, ajustando sus lentes de acercamiento desde una distancia prudencial.
Miró a Carla y se preguntó cómo un personaje tan pequeño, y con solo dos manos, podía manejar tantos teléfonos al mismo tiempo.
Sabía que estaba usando incluso el suyo propio y sus cuentas personales para alimentar el tsunami digital que el encuentro de esos dos había producido.
Su cabeza ya estaba trabajando en el día siguiente, tenía que capitalizar toda esa vorágine, por lo que le escribió un mensaje a Janette Cassini, la periodista que había hecho tambalear su mejor proyecto.
No esperó respuesta de la Cassini, sabía que tenía que hacer lo que él le dijera. Vio a Carla cruzar el salón VIP como una ráfaga y tropezar para aterrizar de rodillas a sus pies. Se apresuró a ayudarla.
—¿Stai bene, bambina?
—Tienes que ver esto… —le dijo, sin importar lo conmocionada que estaba. Paolo tomó un poco de distancia de la pantalla que Carla sostenía, enfocando en la imagen; la chica casi gritó:
—Están usando inteligencia artificial para saber cómo serán los hijos de Gabriel y su fanática.
Fue un momento de conmoción interior, como cuando tu equipo revierte un resultado adverso: Venías ganando cómodamente el partido por dos goles arriba, el adversario te empata en menos de media hora, y logras meter el gol de la victoria a un minuto del pitazo final.
No pudo saborear el éxtasis, porque de pronto estalló el caos.
Un grupo de fanáticas irrumpió en el salón VIP, empujando a los guardias de seguridad, lo que activó inmediatamente el protocolo de escape que implementaba para casos de tumulto.
Paolo tomó del brazo a Carla, buscando la salida de emergencia, que sabía conducía a una pequeña terraza con escalera al callejón trasero.
Siguió con la mirada a los dos guardaespaldas, que se precipitaron sobre Gabriel y literalmente lo arrancaron de su asiento.
Vio la secuencia en cámara lenta, a Lean estirando una mano para alcanzarlo mientras su actor, retrocedía con el mismo gesto, como si no quisiera que los separaran, las puntas de sus dedos rozándose como La Creación de Adán en la Capilla Sixtina; una lluvia de flashes fue dejando una estela hasta su presta salida. El nacimiento de una leyenda.
Casi corrió para seguirlos, pero echó una última mirada a donde había quedado Lean, solo para asegurarse que estaba bien.