ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

Después de la excursión, que incluyó un breve paseo por la Via dei Condotti, volvieron al hotel al mediodía.

Almorzaron y se dispusieron a pasar toda la tarde preparándose en el Spa del hotel.

Aprovecharon la enorme piscina con hidromasaje para los cinco, luego fueron por el sauna finlandés; Cat y Andrew se animaron a una cascada de hielo, Eira probó una ducha sensorial, que incluía aromaterapia y cromoterapia, junto a Jannie, mientras ella se encaminaba a la cabina de tratamientos.

Había elegido un tratamiento de Rosa Persa, que incluía un masaje corporal exfoliante con microcristales de azúcar y sal marino embebidos en aceites de argán y rosas persas, finalizando con una inmersión en aceites esenciales de notas cítricas y té verde.

Mientras flotaba en aceites aromáticos, se realizó un tratamiento facial que incluía ácidos suaves y productos hidratantes, al tiempo que le realizaban un tratamiento de nutrición profunda en el cabello.

Terminados los tratamientos, recibió un último masaje depurativo y se dirigió a las cabinas de belleza donde le hicieron las manos y los pies.

Todas eligieron alguno de los tratamientos, más o menos complejos, manicura y pedicura incluidos. Cat había encontrado un salón de belleza a una calle donde iría a peinarse, pero ella decidió quedarse con su estilo, lucir su cabello suelto y un maquillaje natural.

Cenaron temprano y liviano, se prepararon, cada uno en su habitación, y se encontraron en el lobby del hotel para esperar el Uber que los llevaría a su destino, y de pronto no parecía algo dicho así porque sí.

Todas tenían vestidos nuevos, comprados en su Shopping Spree romano; Lean había elegido un vestido con breteles finos y falda corta con volados, de una gasa plisada etérea y un color raro, entre terracota y rojo, que combinaba deliciosamente con su piel y hacía que sus piernas parecieran larguísimas con esos stilettos nude que Cat le había ayudado a elegir.

Se miró de cuerpo entero en el espejo del lobby y posó para que Andrew le tomara unas fotos.

Todas aprovecharon la pausa de la espera para registrar el momento y subirlo a sus redes. #Ilusiones fue su hashtag.

La emoción de los cinco era tangible a cinco kilómetros de distancia, cinco niños sueltos en una juguetería. Andrew sostuvo la puerta del automóvil para que todas subieran, Lean la última, que miró la noche, buscando agradecerle a la estrella fugaz que le había cumplido el deseo.

El Piper Club, en la Via Tagliamento 9, era uno de los lugares emblemáticos de la noche romana.

Recibiendo a lo mejor del círculo beat desde 1965, era casa de conciertos electrónicos y fiestas privadas como la de esa noche, abierto al público durante los fines de semana, cuando tanto locales como visitantes de la hermosa ciudad cuna de la civilización desperezaba su rutina y sacudía su esqueleto.

Había una larga fila para entrar al Club, pero gracias a las pulseras que Paolo les consiguió, entraron por una fila paralela directamente al interior.

Eran las diez de la noche y el evento recién empezaba.

Llegaron a la enorme barra de tragos del lugar, decorada con dibujos eclécticos que parecían muy a tono con la música que en ese momento sonaba en el espacio.

Dos DJ ‘s se turnaban para ofrecer música al viejo estilo de reproducción con bandejas.

Con sus bebidas en la mano, Cat y Andrew miraban alrededor intentando discernir quiénes eran las celebridades que podían aparecer, además de Gabriel; Jannie estaba jugueteando con su teléfono móvil.

Eira y Lean estaban del brazo al borde del escalón que separaba la barra del espacio de baile. Caipiroska la elección de las dos.

—¿Estás nerviosa?

—Casi al borde de no poder respirar

—¡Qué locura! Yo estoy igual y no me importa él tanto como a ti.

Andrew apareció por detrás de ellas y, acercándose lo justo, murmuró para que solo ellas lo escucharan:

—¿Estás lista… de verdad?

—¡Andrew! ¿A qué viene esa pregunta?

—¡Vamos! No te hagas la inocente. ¿No te preocupa el momento en que estés entre sus brazos, sin filtros, sin excusas

—¡Basta! Ya te dije que solo quiero conocerlo…

—Claro —replicó, con una media sonrisa, adoptando el tono seductor de un galán antiguo. —Y cuando se acerque y te diga al oído: “Hola, preciosa… ¿Te escapas conmigo un momento?”. Vas a contestar algo muy correcto, supongo…

Lean rodó los ojos, aunque no pudo evitar reír. Andrew exageraba cada gesto, con esa teatralidad suya que siempre terminaba contagiando a todos.

—Ya sabes lo que pienso —dijo ella, intentando recuperar la compostura—. Estar aquí ya es un sueño. Verlo, confirmar que es real… eso me alcanza. No espero más.

—¡Ajá! Guárdate ese discurso para alguien que no te haya oído hablar de él a las tres de la mañana —respondió, divertido—. El Universo también escucha, por cierto. Y tiene memoria.

Las risas estallaron alrededor, avivadas por el alcohol y la expectativa creciente en el ambiente.

—Escúchame bien, Lean Downie —añadió, inclinándose hacia ella con complicidad—. Si ese hombre te dedica más de diez palabras y no haces nada al respecto… voy a perderte todo respeto.

Lean sonrió, pero algo en su interior se tensó. Cat intervino de inmediato, como si llevara tiempo esperando su momento.

—Es simple: si se acerca, tú reaccionas. Nosotras nos encargamos del resto. Considera que tendrás cobertura total.

—No creo que él tenga problema en sostenerla —agregó, pensativa—… a menos que…

—¿A menos que qué? — preguntaron al unísono.

Cat dejó escapar una risa traviesa.

—A menos que le resulte más interesante Andrew.

Las carcajadas fueron inmediatas. Andrew, encantado con la idea, se acomodó la camisa con gesto vanidoso.—Sería una explicación perfectamente válida. Difícil competir conmigo.

Lean no respondió. Ya no los escuchaba. Sus ojos estaban fijos en la puerta de entrada, y el murmullo del lugar comenzaba a transformarse en otra cosa: anticipación.

Risas, risas y más risas. Los nervios encontraban su vía de escape en las carcajadas que Andrew provocaba sin parar, como un artista en su privadísimo “stand up” con audiencia de lujo.

—¡Basta, Andrew! ¡No te das cuenta de lo nerviosa que está Lean!

—Eira, esta mujer ha quebrado todos los límites de mi paciencia con Gabriel Grecco y ahora que tiene la oportunidad de su vida, “solo quiere conocerlo”—dijo, entrecomillando al aire sus palabras—. Tú la ves una vez a la semana, yo la soporto todos los santos días. Permíteme quejarme.

Lean iba a replicar, pero Andrew la sostuvo de los hombros

—Repite conmigo: “Todo me sirve, nada se pierde, todo se transforma”. —Y antes que Lean pudiera repetir, o quejarse, o mandarlo al diablo, Andrew tomó a Cat de la mano y se la llevó de allí. —Vamos a dar una vuelta.

Después de recorrer y admirar el lugar y buscar un buen lugar, la organización del evento empezó a desalojar la pista central del Piper Club, acomodar mobiliario en el escenario principal con tres escaleras bajas que comunicaban el escenario con la pista de baile, varias sillas altas, una mesita a un costado con botellas de agua y una rueda inexpugnable de guardaespaldas.

Luego ordenaron a la gente por el color de las pulseras que tenían, en filas separadas, concéntricas al escenario, como si fueran los rayos de un epicentro.

De un Sol. Jannie, Lean y Eira se pusieron en la fila para esperar su turno y aprovecharon el momento para seguir subiendo sus fotos a IG.

La gente que no tenía pulseras se había concentrado en los alrededores de la pista y en los balcones del piso superior.

Mientras miraba hacia arriba y alrededor, se le vino a la mente la referencia de Paolo: "Será un gran Coliseo Romano".

Cuando la conmoción se trasladó a la gente, y por los parlantes anunciaron que Gabriel Grecco estaba llegando, Lean se dio media vuelta y quedó frente al escenario.