ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

La camioneta de vidrios tintados que los trasladaba, dio una primera vuelta por delante de la entrada del Piper Club, para verificar que la puerta estuviera despejada y lista para su arribo.

Paolo, sentado adelante como siempre, seguía dando mil órdenes por el teléfono.

Cuando se detuvieron en la esquina, su manager se dio la vuelta.

—Bien, este es el plan: Las métricas de redes sociales indican que la clave de tu éxito está en tus fanáticas.

—Bien por las métricas —dijo, arreglando su cabello en el reflejo del espejo retrovisor.

—Tus fanáticas lo son todo, son las que sostienen tu imagen de símbolo sexual y es lo que te ha llevado hasta donde estás, hasta donde quieres estar.

—Yo no necesito pagar miles de euros a empleadas noveles para que me digan eso. ¿Podemos entrar y empezar con el evento? Los pilares de mi carrera están esperando.

—Nunca más literal… —dijo Paolo por lo bajo.

Después de una vuelta más, finalmente se detuvieron en el acceso trasero.

Paolo tecleaba sin pausa en su teléfono.

En la puerta los esperaban las dos jóvenes asistentes del manager, una estilista y dos fotógrafos.

Entendía que la gente ya estaba adentro, colmando el lugar, de acuerdo a sus redes sociales.

La puerta se abrió y dos empleados de seguridad salieron para escoltarlo.

Bajó del automóvil cuando le abrieron la puerta. Paolo se adelantó, saludó a sus empleadas con un gesto y entró al club. Lo siguió y se encontró con el dueño del local.

—Gabriel, es un honor que estés en nuestra casa.

—Gracias a ustedes por darnos la posibilidad de hacer este evento —le dijo, con una gran sonrisa, estrechando su mano.

Recorrieron un pasillo interno, con pasos largos pero tranquilos, mientras el ruido de la música y el DJ arengando a la multitud se hacían más fuertes a medida que se aproximaban. Escuchó a su manager y al dueño del club ultimar detalles.

—El escenario está preparado, la seguridad tal como lo indicaron, y el orden de las ganadoras… todo tal y como lo diagramaron.

—Perfecto. El salón VIP…

—Preparado para recibirlos en cuanto termine el evento, regado de Champagne. Solamente le daremos acceso a sus fotógrafos —Paolo levantó un pulgar en señal de aprobación y se detuvo en la última puerta. Se acercó para hablar a su oído.

—Gabriel, esto es muy importante…

—Lo sé.

—Escúchame. La chica de Edimburgo, de la que te hablé, está aquí. Tiene una de las pulseras doradas. Necesito que le prestes especial atención y dedicación…

—¿Qué quieres? ¿Que me enamore de ella? —dijo, con sorna, desafiando.

—Haz lo que quieras, hazlo como quieras, pero cumple su sueño de Cenicienta. El futuro inmediato de tu carrera puede depender de ello.

—¿Sabes de lo que puede depender mi carrera? De que consigas que Janette se desdiga de sus maliciosas suposiciones.

—El asunto de la Cassini ya está resuelto. Concertamos una entrevista exclusiva contigo que va a publicar de inmediato, previa aprobación, no solo para retractarse, sino para retratarte en toda tu gloria.

—¿Arrastra mi trayectoria y mi buen nombre por el lodo y la vamos a premiar con una entrevista exclusiva? ¿De quién fue la genial idea?

—De tu padre. Y nos costó un cheque con muchos ceros… así que olvídate de cualquier negativa. Al menos tuvo la decencia de facturarlo.

Gabriel lo miró, estupefacto. La intervención de su padre lo dejó sin palabras. Paolo miró hacia el escenario y luego volvió a hablarle.

—Haz lo tuyo, Gabriel Grecco, que siempre lo haces más que soberbio. Esta es la oportunidad de dejar tu carrera y tu buen nombre, de nuevo en todo lo alto.

La estilista tomó el lugar de Paolo y se ocupó de los últimos detalles antes de salir al ruedo, nunca más literal. Tomó dos respiraciones profundas, se sacudió para descargar la energía a tierra y asintió una vez. Estaba listo.