ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 1
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Capítulo 1

Unos días después, Roma pasó de ser un sueño exuberante a una impactante realidad; se tomaron dos días para una recorrida rápida por los lugares históricos de la ciudad.

La primera mañana fue dedicada a visitar la Ciudad del Vaticano, la Plaza y la Basílica de San Pedro, los museos vaticanos y la Capilla Sixtina, los jardines y la residencia pontificia de Castel Gandolfo.

Almorzaron en una típica cantina sobre la Via delle Grazie, en una salida lateral de las paredes de la Santa Sede.

Por la tarde fueron al Centro Comercial Gente Roma, en la esquina de Via di Rienzo con Via Sila, a unos diez minutos a pie de donde estaban.

Con la bitácora de actividades del crucero en la mano que habían recibido, compraron ropa adecuada para las noches de gala en el barco; las centrales eran la primera cena de gala con el Capitán, la noche de blanco y la fiesta de disfraces.

Recorrieron las tiendas de Alexander McQueen, Saint Laurent, Givenchy, Prada y Gucci que vendían prendas de colecciones pasadas y remanentes de existencias.

Estaban en el paraíso. Cat era su guía especializada en tendencias y moda, que las asesoró y nutrió su ya abundante guardarropa, con sus vestidos más espectaculares y un surtido importante de ropa interior de Agent Provocateur, su marca fetiche, incluso con prendas que nunca había estrenado.

También llevaba zapatos, pero eso era un poco más difícil de compartir.

De todas formas, su corazón generoso puso a disposición de sus amigas todo su arsenal de producción.

Lean le había dejado un mensaje a Paolo cuando salieron hacia el Vaticano, anunciándole su llegada a la ciudad y confirmando los datos del hotel donde se hospedaban, aunque había sido su recomendación.

Todavía no tenía ninguna respuesta de él.

En su recorrido notaron que la ciudad parecía convulsionada, por lo que se había dado en llamar "La noche de Gabriel".

Por lo que pudieron entender, la noche siguiente tendría lugar un evento con invitación exclusiva, para invitados VIP y fanáticas que habían ganado su presencia en diferentes concursos y sorteos de varios medios de comunicación.

Quedaron sorprendidas de lo importante que era Gabriel en Italia y de cómo Roma se rendía a los pies de su hijo dilecto.

Si bien conocían sus movimientos por Lean y su fanatismo, lejos estaban de entender realmente qué tanto podía movilizar Gabriel en su propia tierra.

Cargados de bolsas y cajas, debían esperar al utilitario que los llevaría de regreso al hotel; decidieron merendar en uno de los cafés del centro comercial. Mientras esperaban la orden, Lean recibió el esperado llamado telefónico.

—Hola.

—Hola, Lean. Habla Paolo. Disculpa mi mal inglés.

—¡Oh! ¡Paolo! Gracias por llamarme. No te preocupes. Tu inglés es más que entendible.

—Bienvenidas a Roma. ¿Cómo han llegado?

—Perfecto. Hoy hemos ido al Vaticano y pasamos la tarde en un centro comercial increíble.

—¡Oh! ¡Qué bueno! ¿Cómo encontraron el hotel?

—Es perfecto, muchas gracias por la recomendación. La verdad es que dos días son muy pocos para una ciudad con tantas cosas. Ya estamos pensando en volver.

—Roma siempre espera con los brazos abiertos… no olviden visitar la Fontana di Trevi y arrojar una moneda para regresar.

—Mañana tenemos planificado hacer un recorrido de plazas y fuentes…

—Pues si visitan la Fontana y la Piazza Spagna, estarán muy cerca de la Via dei Condotti, residencia de las mejores marcas del mundo. Les encantará.

—Estoy tomando nota.

—¿Y qué planes tienen para esta noche? —A Lean se le aceleró el pulso.

—Bueno, nuestra agenda está abierta.

—Puedo recomendarles algún restaurante tradicional cerca del hotel, o algo más céntrico. Los dos restaurantes del hotel son de alta cocina, si es lo que buscan…

Algo de desilusión se coló en las venas de Lean, como si se hubiera evaporado la posibilidad de conocer a Gabriel, y por eso Paolo no decía nada. Y ella no se animaba a preguntarle. Todos en la mesa la miraban como si estuvieran por sacar un arma para obligarla a hablar de “La noche de Gabriel”.

—Bueno, sí…

—Pero no se hagan de ningún compromiso para mañana a la noche. ¿Recuerdas el evento del que te hablé?

—Claro… —Si la voz le temblaba como el estómago, debía parecer que hablaba desde el polo norte con interferencia. ¡Cuánto más fácil era escribir!

—El evento se llama "La noche de Gabriel” en el Piper Club. Es un evento privado, pero he manejado para conseguir cinco pases.

—¡Oh! ¡Paolo! ¡Muchísimas gracias! No sé cómo agradecerte esta oportunidad.

Lean levantó un brazo como si festejara un gol y sus amigos hicieron lo propio, llamando la atención de la gente a su alrededor.

—Cara… Gabriel es un agradecido a todas sus fanáticas, que son el sostén de su carrera.

—Paolo… Tengo una deuda eterna de gratitud contigo.

—¿Trajiste scotch?

—¡Cinco botellas! Todas tienen tu nombre.

—¡Entonces yo soy el agradecido! —Lean no le respondió—. ¡Es una broma! ¡No soy un alcohólico!

—¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! —dijo, simulando diversión.

—Bueno, dime a qué hora estarán en el hotel.

—Estaremos cuando tú puedas venir. Si es necesario, no voy a la excursión y me quedo a esperarte.

—Claro que no, dime a qué hora las pasarán a buscar, o tienen planeado salir. Yo puedo pasar temprano, ya que tengo algunas otras cosas que hacer…

—Desayunaremos a las 8 y a las 9 nos vienen a buscar.

—¿Te parece que pase por el hotel a dejar los accesos a las ocho, antes de desayunar?

—Por supuesto. Te esperamos.

—Será a las ocho. Ciao, Bella.

—Ciao, Paolo… y gracias de nuevo.

Los cinco aullaron de emoción y Lean repasó palabra por palabra la conversación. Realmente le sería muy difícil conciliar el sueño esperando el encuentro con el manager de Gabriel.

Cenaron en el restaurante Ambrosía, en la terraza del Artemide Hotel, sobre la Via Nazionale, donde estaban hospedados, en el corazón del Roma turístico.

Lean estaba agotada física y mentalmente, pero su espíritu invencible la llevaba de la mano hacia su sueño hecho realidad.

Antes de ir a las habitaciones, reservaron una variada selección de tratamientos en el Spa del Hotel, para después del almuerzo del día siguiente.

No sería menos que una diosa romana la noche de su encuentro con Gabriel Grecco. Se durmió soñando con eso.