Capítulo 28 #3
—Voy contigo, nena… Vamos juntos.
Soltó las riendas de su deseo y la sacudió fuerte, moviendo el sillón de lugar, haciendo que el sudor brillara en su espalda y su pecho, y su pelo largo y negro se pegara a su cuerpo.
La imagen fue suficiente para que su visión se nublara y explotara en su interior, con un gemido desgarrado y sus manos clavadas como garras a sus costados.
Se derrumbó sobre ella y la abrazó, conteniendo su orgasmo y su dicha mientras el mundo dejaba de girar.
Se quedaron así un rato. Se acomodaron, ella en sus brazos, él abrazándola como su posesión más preciada.
—¿Josh? — Susurró como para comprobar si él estaba dormido.
—¿Mmm? —Apenas pudo responder. Ella dudó y él abrió los ojos para mirarla. Algo que latió entre los dos lo puso en alerta, su imaginación se disparó—. ¿Qué?
—Hay un libro… Es una novela, en realidad… — Se incorporó para poder mirarla mejor.
—¿Quieres que te compre un libro? No creí que necesitaras mi ayuda para eso…
—No es para comprarlo… pero es un libro distinto que me gustaría que… leamos juntos… —susurró.
—¿Juntos? —dijo, sin poder evitar la cara de disgusto. Lo único que le faltaba… —Eira, eso es para tu grupito de amigas. Es lo que hacen, ¿no? Sabes que a mí no me interesan las novelas.
—Ya sé… Es que este libro es distinto.
—¿Distinto? —Eira resopló, dándose por vencida. Levantó ambas manos y ocultó el rostro. ¿Estaba sonrojándose?
—No importa… no es importante…
—Eira, puedes comportarte como una adulta, sacarte las manos de la cara y decirme exactamente lo que quieres decir.
—Eso intento… —dijo, mirando hacia abajo. Respiró profundo y levantó los ojos para hablar de nuevo. —El libro trata de un hombre, que le gusta atar a las mujeres y darles placer y también pegarles…
Josh no pudo disimular la sorpresa, ni el efecto de las implicaciones colaterales de la temática del libro y de que ella quisiera… que él… No. Se incorporó en el sillón, apartándose de ella y su abrazo.
—Espera un minuto. Es por lo de recién. Me dejé llevar… No es… No es como quiero… Yo… ¿Me estás queriendo decir que quieres que te ate y te pegue? ¿En serio? No entiendo… ¿Necesitas algo más para calentarte?
—¡No! ¡No, por Dios! ¡No!
—No te entiendo. Hace un momento me dijiste que no me cambiarías por otro, que soy todo lo que necesitas… y de pronto me dices que quieres probar lo que hace un psicópata en un libro.
—¡No es un psicópata!
—¿Un tipo que tiene placer pegándole a mujeres? ¿Qué es? ¿El nuevo estereotipo romántico? ¡Por favor! —Eira se mordió el labio inferior y miró alrededor de la sala de estar.
—No estoy diciendo que no me gusta lo que tenemos y no necesito nada más… es solo que… quisiera probar algo diferente. Una posición diferente o un lugar diferente no significa una persona diferente. Solo eso… Y recién… cuando me pegaste… en el culo…
—¿Qué?
—Bueno… quizá… me gustó más de lo que debiera…
Josh inspiró profundo varias veces para tranquilizarse, intentando entender su punto de vista. A él también le gustó más de lo que debiera. ¿Eso estaba mal? ¿Sí? ¿No? Alguien tenía que poner límites sanos. Alguien tenía que cuidarla. Preservarla. Más tranquilo, la miró largamente
—¿Necesitas algo más? ¿Lo nuestro no es suficientemente especial para ti?
—¡Lo es Josh! ¡Acabo de tener tres maravillosos orgasmos hace un momento!
¡Eso es especial! ¡Solo te pido que me ayudes a entender por qué me gusta cuando el placer viene acompañado de dolor!
Si no lo hablo contigo o quiero experimentarlo contigo, ¿A quién debo acudir?
¡Dime! ¿Qué hago? Busco un terapeuta o un…
—Josh cerró los ojos y no la dejó terminar.
—Está bien… te entiendo… pero entiéndeme tú a mí. No sé si puedo pegarte. No sé si puedo lastimarte, por más placer que eso implique. — Se agarró la cabeza, intentando detener el vértigo. Las imágenes en su cabeza eran demasiado extremas.
—No tiene que ser algo extremo… —la miró sorprendido, como si pudiera ver lo que pasaba en su cabeza— Solo un poco, Josh… Solo un poco para probar…
Eira se acercó y él la abrazó, intentando disimular su confusión. Inspiró el perfume de su cabello.
—No sé si pueda… pero déjame pensarlo. Dame tiempo.
—El que necesites…
Las luces de la ciudad habían desaparecido.
El zumbido del alcohol reemplazaba el silencio de la noche y aletargaba la sensación de pérdida.
Se permitió una lágrima, pero el dolor operó de manera diferente.
En el breve recorrido, no tenía nada que reprocharse en lo que hacía a su relación con Eira.
Le había dado todo, lo que ella pedía y lo que no.
Había sido fiel, generoso, protector. Cualquier mujer daría lo que fuera porque la tuvieran como él la tenía a ella.
Si no era capaz de verlo, y apreciarlo, escapaba a su dominio.
La amaba profundamente y sentía que era la mujer de su vida.
Había hecho todo a su alcance por demostrárselo.
Quizás era el momento que ella saliera al mundo y descubriera si podía encontrar algo mejor que él.