Capítulo 28 #2
“I’ll make love to you” avanzó y a la promesa lírica de Boyz II Men se sumó el sugerente perfume que la precedía.
Cerró los ojos solo un instante para imaginarla, en un recorrido desde la primera mirada hasta la última noche.
Abrió los ojos y la vio bajar sensual, enfundada en su muy sexy conjunto que combinaba a la perfección con sus zapatos nuevos.
Se había recogido el pelo. Josh se acomodó en el sillón como si fuera un trono y la vio ondular como un gato caminando hacia él.
—Estás hermosa. Ven aquí… —le dijo acompañando el ruego disfrazado de orden con un gesto para que se sentara.
Eira se acomodó a horcajadas sobre él, rodeando su cuello y besándolo al sensual ritmo de la canción.
Sus manos se deslizaban lentamente sobre su sedosa espalda, delineando el borde de la lencería costosa que no hacía ni un poco de honor a la belleza simple de su piel.
Nada como ella desnuda. Nada. Se dejó llevar por el baile de lenguas y caricias mientras ella ondulaba sobre él, rozándolo, provocándolo.
—Suéltate el pelo—. Eira levantó las manos para deshacer el nudo flojo y él capturó los mechones, tirando suavemente hasta que ella se arqueó y le dio pleno acceso a su cuello.
Deslizó la nariz sobre su piel e inspiró, llenándose de ella, de su aroma, del perfume que sobre su piel cobraba un delicioso tinte dulce y erótico.
—Amo la manera en que este perfume se funde en tu piel…— Deslizó la punta de la nariz sobre su cuello y se encaminó hacia la oreja primero, luego sobre la mandíbula, después al mentón — Aquí… Aquí… Aquí…
Cayó con suaves besos por su cuello extendido, saboreándola con la punta de la lengua.
—Amo tu sabor… no puedo esperar a tener más de ti… en mis manos… en mi boca… —Eira gimió y se apretó a su entrepierna, como si supiera dónde quería tener más de ella. Josh sonrió.
—Quiero chuparte…— confesó ella. “Oh, mi pequeña telépata, yo también, pero esta noche es todo para ti.”
—Shhh, ahora no.
—Pero yo quiero…
Silenció su quejido, llevándola a su boca, besándola con hambre, olvidando la delicadeza por un avance significativo en su posición y en su desnudez.
Soltó su cabello y fue por el broche del sujetador, acariciando sus brazos mientras bajaba los breteles y exponía sus pechos en toda su extensión. Al diablo con los preliminares.
—En otro momento. Ahora te voy a llevar al clímax tres veces…
Eira gimió el número sin voz. La levantó y recostó a su lado en el sillón.
Ella se dejó llevar y se entregó a la promesa de placer de Josh.
Se acomodó sobre ella e intercaló lengua, labios y manos para chuparla y recorrerla, abriendo sus piernas con su cuerpo y apoyándose para mostrarle que tan duro lo tenía. Eira se descubrió como una flor.
—¿Vamos por el primero? —Le preguntó con una sonrisa pícara.
—Josh…no hace falta que…
—Eira, déjate llevar… déjame llevarte… —La besó con fuerza para silenciarla y poner en hechos quién tenía el control.
Sin dejar de besarla, tocó sus lenguas entrelazadas con dos dedos y los humedeció en sus bocas.
Un poco de ella, un poco de él. Se apartó un poco y la obligó a chupar.
Ella lo hizo con esmero y luego volvió a besarla mientras resbalaba en sus salivas con los dos dedos, por su pecho, sobre su pezón izquierdo, a través de su vientre contraído, apartando su ropa interior.
Comenzó a estimularla como a ella le gustaba, siguiendo sus movimientos, la dirección de sus contoneos.
La penetró profundo y jugueteó con su entrada hambrienta.
Su clítoris era un botón duro que pedía a gritos más presión, y él era un alma generosa por naturaleza. La llevó rápido al borde.
—¿Lo sientes? Estás cada vez más húmeda. Dame el primero, Eira… Fuerte… Quiero oírte — le susurró al oído— Quiero que me mojes los dedos… quiero que aúlles.
Fue como un empujón a sus ganas y ella se lanzó al vacío con la seguridad de que él estaba allí para atraparla.
Gritó su nombre al escalar el primer orgasmo.
Josh empujó su mano con la cadera, estimulándose con la fricción, disfrutando el espectáculo de su clímax, sintiendo las réplicas en los dedos que movía en su interior.
No la dejó terminar.
La tomó de la cadera y la hizo girar sobre el sillón, apoyándola sobre sus rodillas y en el apoyabrazos. Se clavó entre sus nalgas y se apoyó en su espalda, descansando el mentón en su hombro mientras ella jadeaba. Levantó la mano con que la había estimulado y chupó los dos dedos con fruición.
—¿Estás lista para más?
—Josh…
Él se puso de pie y se desnudó rápidamente ante su mirada brillante. Ella estiró una mano y quiso tocarlo cuando dejó caer su ropa interior. La detuvo y se arrodilló, besando sus nudillos.
—Eira, por favor, no. Si me tocas, no voy a poder aguantar. Quiero que esta noche sea para vos. Quiero que el placer sea todo tuyo.
Se acomodó detrás de ella y recorrió su espalda arqueada con ambas manos.
Rodeó su cadera y enganchó los pulgares en su ropa interior, deslizándola por sus piernas y arrastrando con las manos el portaligas y las medias de encaje.
Pasó las rodillas y se alejó para quitarle también los zapatos.
Eso era magia. Eso era arte. Ella desnuda, en esa postura, lista para él.
Separó su culo y empezó a lamerla despacio.
Llevó sus manos hacia sus tetas y tomó sus pezones para pellizcarlos y estimularlos.
Bajó la lengua hasta sus pliegues, acercándose de nuevo a su clítoris.
Eira no podía seguir un patrón y él disfrutaba recorrer cuanto espacio estaba a disposición, manipulándola, abriéndola, mordiéndola, lamiéndola.
—Josh, por favor… No aguanto más.
—Déjate ir, Eira. Déjate ir. No te resistas.
—¡Dios! — Gritó mientras vibraba con el segundo orgasmo—. Por favor, Josh. Basta. Te quiero adentro.
—Sí, nena. En el tercero yo te acompaño…
Se puso de rodillas y se apoyó en el final exacto de su espalda.
Deslizó su pene hinchado por la abertura, presionando brevemente en su irresistible culo pero resistiendo la tentación.
Más abajo el calor y la humedad lo arrastraban con pesada gravedad.
La penetró suavemente, atravesando las últimas olas de su bien ganado segundo orgasmo, disfrutando de las contracciones que el cuerpo de ella todavía sufría.
La sujetó de la cadera hasta hundirse en su carne y pegarse a su cadera.
—Dios, Eira… Estás tan mojada… Tan caliente— Ella comenzó a mecerse para encontrarse con su ritmo, su sincronía era perfecta, creciente, ardiente.
—Más, por favor… —suplicó ella, gozándolo en su interior.
—¿Más cómo? Dime…
—Más como quieras… como tú quieras…
Era su turno de dejarse llevar. Le gustaba dominarla, amarla por detrás, con las manos libres para tocarla entera y saberla suya.
Amaba disfrutarla y saber que ella gozaba; y la vista privilegiada desde atrás.
Sus embestidas fueron cada vez más fuertes, más profundas, más rápidas.
Eira gemía de placer. Llevado por el momento, le dio una nalgada que la hizo gritar y contraerse alrededor de su pene.
La réplica del golpe casi lo hace acabar. Eira chilló y no fue de dolor.
—¡Sí! ¡Más!
El desconcierto le ganó un momento y tuvo que preguntar.
—¿Quieres más? ¿Te gustó?
—Sí, por favor... —Y Josh cumplió con su petición. Cerró los ojos y la azotó.
—Josh, viene otro… No aguanto más —Le advirtió ella y él agradeció.