ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

—Ciao, Paolo, come stai oggi? —Dan se vio a sí mismo con diez años, hablando por teléfono con un italiano desconocido que resultó ser su padre biológico.

No es que no lo supiera, su madre empezó su relación con Colbert Wilson cuando él tenía unos ocho años, y cuando ella quedó embarazada de su hermano Noah, un año después, fue que él quiso saber de su origen.

Y su madre le contó la historia, ofreciéndole la posibilidad de conocerlo.

—Ciao, Dan. Todo está muy bien por aquí. ¿Y por allá? —La fórmula era siempre la misma, todo estaba bien en Roma, Paolo quería saber cómo estaba él.

Se detuvo en el semáforo y tuvo noción de la esquina en la que estaba. Un escalofrío lo recorrió entero. Era la esquina maldita. El sonido de la bocina del auto de atrás impidió que se hundiera en el recuerdo.

Faltaba una semana para el segundo aniversario del accidente que se llevó a su hermano menor.

—Dan…

—Scusami —le respondió en italiano, poniéndose en marcha de nuevo— estoy manejando.

—No quiero molestarte.

—No lo haces, simplemente me distraje. Es un poco tarde en Roma. ¿Estás trabajando todavía?

—Llegué a casa hace un rato. Estuve solucionando algunos problemas y ya estaba por irme a dormir.

—Bien…

—Quería saber si habías pensado sobre la propuesta que te hice.

—Paolo… ya te dije… tal vez no sea el mejor momento.

—Por el contrario, creo que es el mejor momento —iba a refutarlo y se ve que la sangre lo alertó porque lo detuvo— Espera. Escucha. Nada va a cambiar lo que pasó y entiendo que quieras pasar este momento con tu familia… pero…

—Estoy bien, Paolo.

—Bueno, si no lo haces por ti, hazlo por mí. Desde que eres un adulto, las visitas se fueron espaciando y hace tiempo que no vienes a visitarme, hace tiempo que no tenemos viajes juntos. Me gustaría poder compartir este viaje contigo. Ya estoy viejo, tal vez no me quede mucho tiempo.

No quería irse, tenía demasiadas cosas en las manos como para escaparse como un cobarde ese día. Lo iban a necesitar. Su madre, su padre, todos los escombros que habían quedado detrás de la muerte de Noah. No. No podía irse. No ahora.

—Agradezco tus buenas intenciones, pero…

—Dale una oportunidad. Deja que te envíe fotos del hotel en Positano. Si no te convencen las aguas del mar Tirreno, me daré por vencido. Sé que vives a los pies del paraíso, pero pasaremos unos días maravillosos allí. Lo sé. Siempre te ha gustado el mar.

No sabía ya cómo decirle que no, quizá porque una parte de él quería salir corriendo de Banff, de escapar de ese día, como si nunca hubiera sucedido, pero qué iban a hacer todos, allí, sin él, sin Noah.

El vacío sería insoportable. No encontraba la manera de decirle que no, pero llegando a su casa, ya no tenía muchas chances de pensar alguna otra buena excusa, o generar una discusión para escapar de la obligación de ese viaje.

—Ya llegué a casa, hoy es el cumpleaños de mamá y tenemos una pequeña reunión.

—Lo sabía. Hablé con ella más temprano.

—Muy amable de tu parte —Mucho más que amable, siempre había estado atento a las necesidades de los dos, no solo de él por ser su obligación paterna, incluso cuando ella había rehecho su vida.

Nunca estuvieron enamorados, él nació de una sola noche, pero, aun así, ninguno de los dos lo hicieron sentir un error o algo que no debió suceder.

“Cosa piove dal cielo” Eso debe haber sido él para Paolo. Algo caído del cielo.

—Siempre es un placer. Te dejo en el festejo familiar, pero piénsalo, per favore.

—Lo pensaré. Descansa.

—Ciao, figlio.

—Ciao, Paolo.

Estacionó justo detrás del automóvil de Louise, que llevaba en brazos a la pequeña Hannah. Lo esperó en la puerta y se saludaron con un beso.

—Hola, Loui. No sabía si vendrías. Gracias por traerla.

—Es el cumpleaños de su abuela.

—Sí… —dijo, apartando un poco el abrigo de la beba para mirarla. Sonrió.

—Además, mañana nos vamos a Florida. Mis padres nos invitaron y…

Dan la miró y se le disolvió la sonrisa. No le había dicho nada. ¿Cómo podía hacer eso? Disimulando el shock, abrió la puerta y la extendió para que entraran a la casa, delante de él.