Capítulo 19
Paolo Vurski se consideraba un hombre muy afortunado, un hombre que, incluso en los momentos más oscuros y difíciles de su vida, había encontrado la manera de superar cualquier obstáculo que se le pusiera en el camino.
Se consideraba un hombre versátil, y práctico, aunque dando la vuelta a la mitad de su vida, tenía que reconocer que no lograba acostumbrarse al cambio de los tiempos en materia de comunicación.
Pertenecía a la vieja guardia, a las revistas de espectáculos, los programas de chismes y a los queridos paparazzi; le resultaba difícil acomodarse a las redes sociales, los portales de noticias inmediatas y el clickbait, y a que cualquier hijo de su mala madre con un teléfono en la mano y una cuenta en X, podían poner en jaque su trabajo de décadas.
Los cinco minutos de fama hoy duraban lo que la viralidad de un reel de un minuto.
Contaba con un gran equipo de supervisión de redes, gente joven que sabía cómo se movía ese ámbito y supervisaba cada uno de los valores de Vursky Management.
Gabriel era uno de ellos, tal vez el más preciado para él, a quien le dedicaba la mayor cantidad de su tiempo y energía desde hacía más de veinte años, cuando su padre lo eligió para convertirlo en estrella, parte de su dinastía.
Lo logró. ¡Y cómo lo logró! Como ninguno de la dinastía Grecco, Gabriel había logrado despertar el interés de Hollywood, y estaba a punto de conseguir dos papeles estelares, si bien no protagónicos, demasiado buenos para cualquiera que no tuviera los dos pies en La Meca.
Uno como contrafigura masculina y otro como enemigo.
Y estaban estudiando varios guiones más.
Hacía su trabajo y lo hacía bien, los resultados estaban a la vista, pero ahora tenía que ocuparse de unas fotografías que se hicieron virales y llegaron a manos de una periodista ávida, dispuesta a cualquier cosa por su minuto de fama a costa de la vida privada de Gabriel.
Saludó al chofer al bajar de la camioneta en su departamento de Parioli, un barrio que durante años fue sinónimo de alta burguesía romana pero que hoy solo mantenía sus precios caros.
Eso no le importaba, a él le gustaba, siempre empotrado en Roma norte, no muy lejos de la Roma real, pero sin la avalancha de turistas.
Era tarde y no había comido nada; aun así, no tenía hambre.
Los nervios y las preocupaciones lo mantenían con el metabolismo acelerado y la adrenalina corriendo.
Se sirvió una copa de vino sin soltar su teléfono, metiéndose de lleno en las implicancias de los números que su equipo de redes le pasaban.
Las bajas mediciones y los comentarios mordaces en las cuentas de Gabriel Greco no lo preocupaban solo a él, las famosas fotografías y la extensa nota de Janette Cassini en CHI, habían cruzado el océano con la velocidad de la luz, y en pocos días era el primer vínculo que aparecía en Google cuando la gente ponía su nombre en el buscador.
¿Qué había pasado?
Pues alguien subió fotos de él conversando, sí conversando, con otro hombre, en la barra de Magic Fly, una de las discotecas de moda cerca de la Tomba di Nerone, y alguno puso una etiqueta #Gay.
Y como si Nerón volviese a la vida y encendiera las villas como en el verano del 64, Roma ardió en rumores como pasto seco.
De pronto, su perfil bajo se convirtió en secretismo y el celo sobre su vida privada se convirtió en un arma en manos del peor enemigo.
Las inocentes fotos de pronto develaban un amante, los milímetros de una mano a la otra sugerían un roce para nada casual, se convocaron expertos en lectura de labios y lenguaje corporal, y se generaron encendidos debates de si el actor de moda, el icono sexual, si el sueño húmedo de las mujeres mediterráneas, era o no homosexual.
Entonces llegaron los llamados preocupados de productores y representantes norteamericanos, con la pregunta del millón.
¿Es cierto lo de Gabriel Grecco? Y no fueron los únicos, también las agencias de publicidad, los dueños de las marcas, los representantes de sitios, todos preocupados por la sexualidad de su preciado producto, por las connotaciones, por asociación.
Y uno se preguntaría por qué era tan relevante la sexualidad de un hombre en pleno curso del siglo XXI.
Bueno, Italia no era el resto del mundo, seguía siendo un país conservador, católico a ultranza y desde hacía un tiempo gobernado por una extrema derecha que hacía culto de los ideales que de pronto no parecían tan enterrados.
El padre de Gabriel tenía razón, “Esto no es América”, dijo, cuando estuvo en su oficina y osó insinuar que la vida privada del Bambino d’Oro era solo suya.
No era solo suya cuando su estampa de hombre recio, de monumento sexual y semental consagrado, alimentaba las fantasías de mujeres de 18 a 81 años, con Europa rendida a sus pies y a punto de dar el salto grande del otro lado del océano.
Su vida no era solo suya cuando era una máquina de facturar millones de euros, cuando había multinacionales firmando cheques con seis ceros para que oliera a su perfume, vistiera sus prendas y portara sus relojes.
Tal vez algún día, esperaba, su vida fuera solo suya, pero ese día no era hoy.
Todo eso le producía una inmensa zozobra, no solo a nivel profesional, sino personal también.
Podría decir que quería a Gabriel como un hijo, no mentiría pero quizás exageraba, porque primaba el valor del producto por sobre lo que pudiera llegar a sentir o pensar el actor. Pero por la razón que fuera, por la conveniencia del productor o el afecto de padre, tenía que ayudarlo.
Escribió un rápido mensaje a su asistente en redes sociales.
#Vursky# ¿Estás despierta? ¿Puedes hablar? Llámame.
Dos minutos después, su teléfono sonó y Paolo atendió en altavoz, mientras revolvía el refrigerador y la despensa buscando algo para comer.
—Buenas noches, Carla. Disculpa la hora.
—No hay problema, jefe. El aviso decía disponibilidad 24/7.
—Eres mi salvadora. ¿Has obtenido alguna nueva métrica?
—Los números crecen de manera estable. El pico ya se registró, es un horario post cena, previa al cierre negativo de la noche.
—O sea…
—Que la gente normal ya se fue a dormir.
—Capito.
—Pero la respuesta fue inmediata, la reacción en las redes fue alentadora y la réplica orgánica. El espectro de viralización B de Norteamérica ya subió al espectro A. Eso es muy bueno.
—¿Cuál debería ser nuestro próximo paso?
—Tenemos que sostener esa tasa de respuesta y viralización, y haciendo un análisis rápido, cuando hay interacción de Gabriel con las fanáticas, son ellas mismas las que disparan esos números a tasas exponenciales. Es como si… —Carla se detuvo, insegura.
—Como si… —reiteró Paolo, instándola a responder con un gesto de la mano que ella no podía ver.
—Como si la fanática que está ahí, fueran ellas… creo…
—Explícate…
—En mi experiencia personal, cuando un famoso tiene algún tipo de acercamiento con un admirador, puntualmente cuando un actor o un cantante establece una relación afectiva con una fanática, es como que se activa el síndrome Cenicienta en el resto.
—¿Cenicienta?
—La historia de amor del príncipe y la plebeya sirvienta maltratada.
—Nunca escuché eso
El llamado quedó en silencio un momento y después entraron mensajes con enlaces sobre el asunto.
—Hollywood está lleno de ejemplos —dijo Carla, mientras Paolo abría los enlaces: Ringo Starr y Maureen Cox, Trevor Castleman y su Kristine, Nicolas Cage y Alex Kim, Justin Bieber y Hailey Baldwin, Matt Damon y Luciana Barroso, John Travolta y Kelly Preston.
La lista parecía no terminar. Si tu actor favorito se enamora de una fanática, es un cuento de hadas hecho realidad…
Paolo se quedó mirando la nada, como en blanco, hasta que el sonido de un mensaje entrante lo hizo volver a la realidad. ¿Algún otro enlace enviado por Carla? No. Era la muchacha de IG.
#Lean# Hola. Disculpe la hora. No sé cómo decir esto sin sonar obsecuente o abusiva, pero mejor lo hago ahora antes que se me vaya el valor.
Mis amigas y yo vamos de vacaciones a Roma la semana que viene y yo quería saber si existía alguna posibilidad de organizar un breve encuentro con Gabriel.
No pretendo nada del otro mundo, incluso si podemos quedarnos en la puerta de su hotel o de un lugar por el que él vaya a pasar, yo me conformaría con estrechar su mano, quizá que pudiera darme su autógrafo, y si ya no fuera mucho abuso, tal vez tomarme una foto con él.
Por supuesto, entenderé si me dice que no, o si me bloquea inmediatamente.
Ya escribir estas líneas me parece un abuso pero le daré enviar sin siquiera pensarlo.
Maldijo su inglés en voz alta, le resultaba imposible traducir un texto tan largo, las palabras en su mente formaban un mensaje absurdo e ininteligible.
Copió el párrafo y lo pegó en el traductor que había descargado en su teléfono.
Cuando leyó la traducción, sonrió de costado y tipeó una respuesta breve.
#Vursky# ¿De verdad?
Al mismo tiempo, le habló a su asistente de redes
—Carla… ¿estás ahí?
—Sí, señor.
—Dime, ¿cómo viene la promoción del evento en el Piper Club, de la semana que viene?
—Óptimo. Ni siquiera necesitamos pagar publicidad. Los patrocinadores y las fanáticas hicieron lo suyo y las entradas se agotaron en horas.
—¿Hay posibilidades de conseguir alguna más?
—¿Cuántas?
—Déjame averiguar…
—El dueño debe estar despierto todavía. Estuve hablando con él para reactivar sus cuentas de redes.
—Gracias, Carla. Si esto sale bien, te ganaste un bono. Envíame un mensaje con la información.
—Gracias, jefe.
Paolo volvió a la conversación con la chica de Edimburgo. Leyó su respuesta y le contestó.
#Lean# Sí. Teníamos programadas unas vacaciones y nos decidimos por su hermoso país.
#Vursky# Bueno, muchas gracias.
Algo se había encendido en su mente, quizá podía juntar algo de karma favorable conectando a la fanática con su ídolo, y canalizar esa benevolencia del universo para generar la reacción que necesitaba de las fanáticas para sepultar de una vez por todas, y para siempre, esos malditos rumores.
Los siguientes mensajes le arrancaron una carcajada.
#Lean# Yo sé que tal vez esta sea mi única y última oportunidad de conocerlo y estoy dispuesta a cualquier cosa por conseguir esa oportunidad.
#Lean# Cualquier cosa como esperar bajo la lluvia o sentarme fuera de un teatro horas hasta que salga.
#Lean# Cualquier cosa que implique favores sexuales, mis amigas están dispuestas a ello. Tengo una recién divorciada, una ninfómana y una virgen, las tres ávidas de ser útiles a una amiga.
#Vursky# ¿Cuántas son?
#Lean# Cinco
#Vursky# Déjame ver qué puedo hacer. La semana que viene será agitada, pero hay un evento donde podría invitarlas y muchísimas chances de que puedas conocerlo. No te prometo nada, pero haré mi mejor esfuerzo.
#Lean# ¡Gracias! ¡Gracias, de todo corazón! No tiene idea de lo mucho que esto significa para mí.
Antes de dejar el teléfono sobre la mesa, le envió un mensaje a Carla con el número 5.
Ella le respondió con un pulgar hacia arriba.
Se reclinó sobre la silla con la satisfacción del deber cumplido.
Se sirvió hasta la última gota de vino y se la bebió sin que se le borrara la sonrisa.
Eran casi las dos de la mañana, estaba cansado y ansiando caer en la cama, cuando hizo la cuenta mental de la diferencia horaria con Canadá.