Capítulo 17
Se incorporó y vio el portal settimanale en la pantalla de su agente.
—¿Qué es eso?
—La nota de la Cassini... pensé que había pasado desapercibida.
—Hay que ignorarla… CHI está en caída, nadie los lee después del escándalo con Kate…
—Esto ya no funciona así. ¿Ves esto? —dijo, plantándole la pantalla de su smartphone en la nariz.
—No.
—Es un mensaje de uno de los productores que te quiere en Estados Unidos preguntándome: ¿Qué es esto?
—¿Dices que el productor lee CHI?
—No… el productor… y el público, atiende las redes sociales y lo que es trending, manda. Lo que se vuelve viral puede enaltecerte, o sepultarte. Por eso en la empresa ahora tenemos community managers, especialistas en Social Listening, suscripciones en Brand24 y Sprout para analizar los productos…
—El producto, por supuesto, soy yo…
—Es el nuevo término para objeto sexual
—Ese me gustaba más…
—Mira, Gabriel… —dijo Paolo, dándose vuelta— Tu público objetivo siempre ha sido femenino, eres el primer referente para la promoción de productos destinados a ese público, que comprará cualquier cosa que se relacione contigo, como una cartera de Prada, un perfume de Givenchy…
—Lo sé…
—Y ese mercado mueve miles de millones de dólares… euros… lo que sea…
—También lo sé…
—Pues la analítica de redes ha detectado una baja… pequeña pero sostenida… en tu ranking de influencia, a partir de las fotos que originaron la nota de Janette. Y el vínculo de la nota tiene un clickbait altísimo…
—¿Clickbait?
—Después te explico…
—No puedo hacer nada por una periodista despechada… ¡Maldita libertad de prensa! —dijo, en tono jocoso— Añoro las épocas que la mafia podría solucionarme todo esto con otro tipo de clic.
—Recuerda no decir nada de eso en público… cualquier cosa que digas puede, y será usada en tu contra.
—Hemos perdido hasta el sentido del humor
—Son tiempos difíciles… pero nos desviamos del tema…
—El tema de mi sexualidad… ¿Qué se supone que deba hacer?
Paolo tecleó de nuevo en su teléfono y un sonido avisó la recepción de un mensaje.
—Mi equipo de redes es el mejor de este lado de la tierra.
El mensaje decía que la comparativa entre el video de la “discusión” con el periodista y la fotografía con la fanática voluptuosa, había sido analizado, arrojando una respuesta positiva del 98 % sobre la foto, 89 % de tasa de repetición, espectro A de viralización en cuentas de radicación europea y espectro B en cuentas de radicación norteamericana.
—Leo y no entiendo nada… en italiano, per favore.
—Eso es lo que tus fanáticas quieren… Y en el espectro B quiere decir que ya hay gente moviendo tu nombre y tu imagen dentro de Estados Unidos. Podría hacer un sondeo un poco más específico… —dijo, como si pensara en voz alta.
—¿Qué tan lejos llegan tus fuentes?
—Te asombraría saber hasta dónde llegan mis contactos.
—Paolo, amigo, nada en ti me sorprende. Has colocado a Gabriel Grecco en Hollywood…
—Por ahora solo tienes un pie… no podemos cagarla ahora…
Otro sonido de arribo de mensaje se escuchó desde el teléfono de Paolo. Esta vez no se lo mostró, pero sonrió. ¿Sería una buena señal?
—¿Buenas noticias?
—Yo creo que sí. Voy a tener que practicar un poco más mi inglés...
—¿Duolingo? —Paolo se rio con más ganas.
—Nunca creerías que tan lejos llega tu fama.
—Sorpréndeme.
—Edimburgo.
—¡No es tan lejos! ¡Pensé que me dirías Islandia! ¡o Argentina!
—Lo que me sorprende no es la distancia física, sino la cultural. Entraste en el mercado sajón y ni siquiera has pisado Hollywood.
Paolo le mostró su teléfono y Gabriel atisbó el perfil de IG. No le prestó mayor atención.
—¿Quién es la muchacha?
—Tienes una fanática muy apasionada en Escocia.
—Quién lo diría, ¿verdad?
—El diálogo fue desopilante. Por un momento pensé que tenía quince años.
—Parece más grande...
—Apenas —respondió, divertido— podría ser mi hija. Tiene un grupo de amigas, parece que vendrán de vacaciones a Roma. Quieren conocerte...
Como un acto reflejo de los tiempos modernos, Gabriel buscó su teléfono para hacer un breve paseo por las redes sociales, pero se arrepintió rápido cuando encontró un reel hablando de la poco halagadora nota en CHI. Miró por la ventanilla y se dio cuenta de que estaban saliendo de Roma.
Se arrepintió de su primer destino, su primera decisión había sido alejarse del ruido de la ciudad y refugiarse en Zagarolo, la mansión de sus padres, pero no tenía ganas de enfrentar otros infiernos. Estaba cansado.
—Paolo —llamó, y cuando el hombre miró sobre su hombro, habló fuerte y claro— Prefiero que me dejes en mi apartamento, per favore…
Escuchó al chofer accionar la luz de giro y buscar la vía rápida para dirigirse a Aventino, uno de los barrios más exclusivos de Roma, donde tenía un costoso attico sobre la vía de San Doménico.