Capítulo 15
Se limpió las manos con un trapo y encendió un cigarrillo mientras salía del garaje.
La brisa nocturna, que ondulaba desde el bosque hasta la parte trasera de su rancho, se enfrió contra el sudor de su pecho desnudo.
El cielo era mucho más amplio y las estrellas más brillantes en su pedazo de tierra, su lugar en el mundo; el silencio reconfortante y la soledad, un estado de la mente.
Pero no estaba solo, porque a la carrera llegó Jax, su perra mestiza que se paró en dos patas para intentar besarlo con su único estilo húmedo y violento.
Galen la sujeto con los antebrazos, la parte más limpia de su expuesta humanidad, y se rio a carcajadas.
—¡Espera! ¡Espera! ¡Vas a terminar tan sucia como yo! ¡Yo también te quiero!
Hundió la cara en el pelo de su cuello y le hizo cosquillas con la cara.
La perra se retorció de placer entre sus brazos.
Así como llegó, desapareció, cuando escuchó alguien o algo que se aproximaba.
Las luces de un automóvil rompieron la oscuridad y sus neumáticos sobre el camino de grava mataron el silencio.
Rodeó la casa con el cigarrillo colgando de los labios hasta el frente, donde un Audi TTS Quatro estacionó y apagó el motor.
Jax iba y venía mientras el automóvil se detenía, ladrando con alegría, reconociendo el deportivo ¿Qué quería Candem ahora?
Candem Tyler bajó con su aspecto circunspecto, su cabello corto y su ropa cara, llevando un sobre blanco en la mano y su iPhone en la otra.
Galen apoyó la cadera en la baranda de madera y lo esperó con los brazos cruzados.
Vio interactuar al hombre y a su perra, que luego volvió disparada a su lado.
Se echó a sus pies, descansando la cabeza sobre su bota.
—Es un camino muy largo desde San Francisco hasta aquí.
—Dímelo a mí...
—¿Qué es tan importante para que salgas de tu burbuja cara? ¿Ya se murió?
—Galen... Es tu madre...
—Es la verdad...
—No, no ha llegado su hora. Pero soy su mensajero —dijo, extendiendo el sobre.
Galen hizo un gesto despectivo y Candem exhaló resignado—.
Mamá quiere compartir sus últimos días con nosotros.
Has rechazado los últimos viajes que hemos hecho con ella, te pido como un favor personal que vengas a este último. Es su deseo.
—Debería dejar de gastar nuestra herencia en viajes y dejar de agonizar.
—¡Galen!
—Los Beverly Ricos te están quitando el sentido del humor, hermanito.
—No tendrás herencia si sigues con esa actitud de mierda.
—No tendré herencia alguna si ella sigue empeñada en viajar y no terminar de morirse.
Candem se apretó el puente de la nariz, agotado. Galen aflojó las riendas de su mal humor. Se acercó y sacó de sus manos el sobre; lo abrió y husmeó el contenido sin tocarlo.
—¿Un crucero?
—Mamá quiere ir a la Costa Amalfitana. No está con ánimos de hacer grandes recorridos. Es un crucero corto y toca los lugares que quiere ver, sus raíces. Sicilia. Sorrento. Roma.
—¿Para qué quiere ir con todos? O mejor dicho... ¿Para qué quiere que vaya yo?
—Porque se está muriendo, Galen. ¿Qué parte de eso no entiendes? Eres su hijo, y por más descarriado que seas, te ama. Quizá te ama más por eso...
—Ella no me ama, ella quiere controlarme y el no poder la desespera.
—Nadie puede hacerlo...
—Por eso soy irresistible.
—No lo dudo.
Los dos se miraron en silencio.
—¿Cuánto tiempo le queda?
—Poco...
—¿Tienes una idea de cuánto nos costará un traslado desde Italia si se llega a morir allá? ¿O la cantidad de trámites que tendremos que hacer si se le ocurre morirse en alta mar?
—Qué suerte que tenemos un abogado en la familia con licencia en la Unión Europea.
—¡Déjate de joder!
—Por favor. Me rompí el alma buscando algo que nos guste a todos.
—Entonces no voy a ir, Candem. Si te gusta a ti, definitivamente no es para mí.
—Lo es...
La sonrisa de su hermano menor fue tan cómplice que le erizó los pelos de la nuca. ¿Qué se traía en mente?
—¿Qué sabes del testamento?
—Nada... La oficina lo estaba revisando.
—¿Marlen va?
—Por supuesto. Ella iría al fin del mundo por su madre.
—Por supuesto. ¿Quién paga sus tarjetas de crédito? Son iguales. ¿Toda la familia va?
—Completa. Iremos en un vuelo privado hasta Roma. Mamá quiere que podamos parar si Abel se pone complicado.
—No conseguiste línea comercial que te vendiera un pasaje para el pequeño vándalo, ¿verdad?
—Es igual a su tío —Galen echó la cabeza atrás y soltó una carcajada al viento. Lo único que había hecho bien su hermana era ese pequeño engendro del demonio—. Dentro del sobre están los datos del crucero.
Abrió de nuevo el sobre y miró el número de Suite, la 6091 en la cubierta 6. World Owner’s.
—No sabía que la suite llevaba mi nombre.
También encontró una tarjeta negra con letras doradas con el nombre del barco. Acmar Quest.
—¿Y esto?
—Un pase privado.
—¿A dónde?
—Entretenimiento.
—¿Disneyland?
—En tu idioma... Sí.
—Estás captando mi atención.
—Por un módico adicional tienes acceso ilimitado a un sector privado de entretenimientos en la cubierta tres.
—No sabía que estos cruceros tienen cubierta tres.
—No todo el mundo lo sabe.
—¿Un gimnasio?
—En tu idioma... Algo así.
El silencio parecía decretar el final de la visita familiar.
—Saldremos mañana desde el aeropuerto de Palo Alto.
—No puedo irme mañana...
—Sí puedes... Tienes la agenda despejada.
—¿Cómo lo sabes?
—Me encargué que así fuera. ¿A qué hora te envío un chofer? —Galen sacó otro cigarrillo y lo encendió sin mirar a Candem.
—A las diez está bien.
Por el ventanal principal se asomó una señorita rubia, despeinada y envuelta en una sábana de satén blanca. Jax no levantó la cabeza, pero gruñó.
—Galen... ¿Vas a volver a la cama? —¿Quién es esa? ¿La de ayer? ¿No se había ido ya?
—Ve adentro, nena. Pide un taxi.
—¿No me puedes llevar en la moto?
—Ok...
La chica se fue adentro con una amplia sonrisa satisfecha. Cuando el dueño de casa volvió a mirar a Candem, su expresión desencajada lo decía todo.
—¿Esa chica tiene edad legal para estar aquí?
—Suficiente edad...
—¿De dónde la sacaste? ¿De High School Musical?
—¿De dónde? —Candem puso los ojos en blanco con gesto exasperado. Galen se rio— Deja de hablar de musicales o todo el mundo se dará cuenta de que eres gay.
—Eres imposible.
—Y tú, un mentiroso. ¿No se lo vas a decir?
—A diferencia tuya, yo amo a mi madre y no quiero precipitar su muerte con un disgusto.
—Candem… —El muchacho negó, mordiéndose el labio inferior para no responder o contener el dolor. Quizá tenía razón, era mejor que ella no lo supiera, porque si lo hacía, lo torturaría por no estar a la altura de sus expectativas de heredero del apellido Tyler.
—Me voy. Dile a Miss Tisdale que te dé un buen baño de esponja para sacarte la grasa y el mal olor. Lávate bien bajo las uñas. Sabes qué empacar, ¿verdad?
—Es un crucero. ¿Debo llevar algo más que traje de baño?
—Dos trajes y dos esmóquines. Un traje informal. Habrá fiesta de blanco. Camisas y corbatas... Disfraz…
—Oh, no... Me estás jodiendo...
—No te preocupes... Llevaré para ti y para mí. Yo me encargo.
—Eres un ángel... —Candem se sonrojó.
—Y tú, su favorito. No la hagas sufrir. Ella solo quiere lo mejor para ti—Galen exhaló—. Te veo mañana en el aeropuerto. Llámame si necesitas algo más.
—Gracias.
Galen avanzó un paso hacia su hermano, en un inesperado movimiento que los podría acercar de alguna manera afectuosa, pero Candem levantó las manos e hizo un gesto de asco.
Recordó que estaba sudado, sucio, engrasado y con el cigarrillo en la boca.
En su lugar, se despidió con la mano y se apuró a volver a la coupé plateada que despertó a la vida, giró en U y salió del predio, perdiéndose en el camino de tierra que conectaba con la 99 N.
Ausente en sus propios pensamientos, sintió a Jax meterse bajo su mano.
—Ahora vas a necesitar un baño. Vamos, saquemos a la perra rubia de aquí y metámonos en el jacuzzi.