ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

Por líneas generales, su trabajo era hacerse pasar por una mujer o una niña, para hacer caer a pervertidos, pedófilos y traficantes de personas.

Entonces la vio en un foro. Cherry. ¿Qué le llamó la atención de ella?

No usaba foto en su perfil y era relativamente nueva en su cuenta.

No sabía nada de ella. Exacto. Era un misterio.

Y él, con toda la tecnología de occidente disponible para su trabajo, no pudo saber nada de ella.

Su localización era ficticia, porque apareció sobre la Muralla China el primer día y en Islandia al otro.

Usaba un programa de pívot de IP que triangulaba sin patrón la localización del usuario.

No era de lo más nuevo, pero funcionaba.

Su correo registrado también era un fantasma y, por supuesto, no estaba asociado a ninguna cuenta bancaria ni número de teléfono.

Cherry era un misterio y con eso, atrapó su alma de investigador.

Empezó como todos y pronto se encontró desnudo, metafórica, literal y técnicamente.

Antes de darse cuenta, estaba inmerso en una fantasía rutilante con una geisha moderna que era capaz de poner en palabras los más exquisitos placeres sexuales que alguna vez había sentido.

Lo educó, lo ejercitó, le dio alas en un sentido que nunca había tenido.

Pronto descubriría que era ávida lectora de novelas de romance, clásicas y modernas, y él, que solo había leído aventura, empezando por James Bond, quedó fascinado con esta nueva herramienta de trabajo.

Pero Cherry era mucho más que eso. Y, sin embargo, después de dieciocho meses, no era nada.

Ese había sido un día inusual. Por a haber estado despierto toda la noche, durmió toda la mañana y por la tarde, aburrido y con tiempo a favor, hizo una maratón de su saga cinematográfica favorita, las últimas de James Bond protagonizadas por Daniel Craig.

Eso había determinado su nickname ese día. Spectre.

Al principio disimulaba sobre su identidad y sus gustos, pero a medida que se conocían, más cercana la sentía y más se abría, como si con eso ella fuera a hacer lo mismo.

En algún punto, lo hacía como él. Conocía sus gustos en libros, música y arte.

También en comida. Podía invitarla a comer y sabría cómo sorprenderla, cómo tomaba su desayuno y cuál era su postre favorito.

Y sabía de sus gustos sexuales. Era la más profunda dicotomía posible con nombre de mujer.

Sabía todo de ella, todo lo que necesitaba para conquistarla, para hacerla feliz, para enamorarse; pero no sabía nada de ella, ni su nombre, ni su dirección, ni su signo.

Nada de su pasado, de sus estudios. Sus padres, su familia.

Sabía todo y no sabía nada. Conocía sus tetas, sus manos, su sexo, incluso la sombra de su ano, y, sin embargo, no sabía el color de sus ojos ni su pelo.

Sus sospechas de que las fotos que intercambiaron en su momento fueran falsas se derrumbaron cuando no encontró ni una parecida en sus sondeos en buscadores. Era ella.

Antes de volver a su turno nocturno, su primer pensamiento fue hablar con ella, y cuando se conectó y lo hizo, lo primero que Cherry hizo fue identificar su nickname con su pasión, como si fuera su novia, una novia enamorada de su novio fanático de James Bond.

Y una cosa llevó a la otra, y después la cagó, insistiendo en que la quería conocer.

Dio dos golpes con la frente en el escritorio y monitoreó tres sitios y una conversación en redes sociales; nada fuera de lo normal.

Cherry no había vuelto a aparecer desde su última conversación y algo en su silencio puso en alerta roja sus credenciales en Psicología.

Sí, su título en Psicología Criminalística y su afición desmedida a Internet y las redes sociales, adicción diría su madre, le ganaron un puesto en la División de Crímenes de Explotación Sexual y Abuso de niños, en el área de Ciberdelitos.

Quién lo hubiera dicho. Sus conocimientos le permitían establecer perfiles de criminales y víctimas, hacer proyecciones de patrones de conducta y establecer campos sensibles de investigación.

Y para ello, debía estar conectado 24/7 a sitios de pornografía.

Debió haber hecho algo muy bueno en su otra vida; pero como el karma es una perra, se enamoró de una chica de éter y tenía toda la impresión que acababa de perderla.

#Cherry# ¿Estás dormido?

Se sobresaltó y se sintió como un idiota cuando su corazón disparó como si ella le hubiera dado su correo electrónico.

De hecho, en uno de los mensajes privados que le había enviado, él le había dado el suyo, el personal, el que estaba asociado a todas sus cuentas de la vida real, esa que era un asco como todo tipo de treinta que todavía vive con sus padres.

Apoyó las manos en el escritorio para no escribir, mientras leía con una sonrisa tonta lo que aparecía, línea tras línea, en la pantalla.

Y entonces el infierno se desató.

El sistema de análisis de perfiles estaba encendido y conectado, por lo cual se ejecutó de manera automática, ingresando a la computadora desde la que se estaba conectando ella.

El programa tenía un protocolo automático para aquellos que tenían seguimientos, ya fuera por denuncias, alertas de otras agencias o sospechas de la policía; cuando el operador estaba presente se manejaba de manera manual, pero él había llegado tan distraído, pensando en otra cosa, que olvidó desactivarlo.

¿Qué tenía de malo que sucediera de manera automática y no manual?

Pues que él no podía controlar la información y entraba directamente a un legajo para investigación.

Y eso era lo último que quería que sucediera.

El rastreador la localizó en Edimburgo. Se deslizó a la computadora paralela y tecleó con desesperación, intentando detener el protocolo, pero no pudo.

Pensó en apagar la computadora, pero el servidor seguiría ejecutando el programa y lo dejaría aún peor parado, y sin información.

El localizador fue acercándose, cuadrícula por cuadrícula, hasta la dirección desde donde se conectaba ese nuevo IP.

El Street View del Google Maps y encontró la dirección en una florería. Narcisuss.

Se enderezó en su silla, pensando en el programa de pivoteo de IP que Cherry usaba, pero nunca era tan exacto; y entonces llegó a él, como un rayo, el recuerdo de sus comentarios sobre Harry Potter, de quien era fanática, y sus orígenes: que la autora escribió el primer libro en un café de Edimburgo, tomando un solo café porque no podía pagar nada más.

Y su Bond favorito era Sean Connery, que también era escocés.

Bueno, también había leído a Jane Austen y ella era inglesa, todo podía ser una coincidencia.

Ya había probado varias veces meterse en su computadora, pero siempre estaba blindada, y ella se lo había confirmado, era experta en sistemas.

Sin embargo, esta era la primera vez que su localización estaba tan cerca de Londres, podía ser otra casualidad, en un mar de casualidades.

Espió a un costado, donde Cherry escribía solo para él, aunque sus ojos se pegaron a la pantalla cuando el gusano se disparó, atravesó la red como si fuera crema montada y en cinco segundos estaba viendo en paralelo el disco de la computadora de ella.

Se sintió Indiana Jones ante el Arca Perdida: el descubrimiento del siglo; del mismo modo, sabía que, de todos los pecados informáticos, estaba cometiendo el peor.

De pronto la culpa se convirtió en desazón: Ella estaba conectada desde la computadora de un tal Andrew.

La impresora empezó a escupir las características del IP de origen, las pantallas que estaban abiertas y se empezó a crear una copia virtual del contenido de la máquina.

Se restregó el rostro con ambas manos, su mente compartimentando cada escenario, la información del tipo, la relación con Cherry, qué excusa usaría para eliminar ese procedimiento.

El navegador tenía dos pantallas abiertas, además de la que compartían en el sitio de citas.

Una con su cuenta de correo electrónico y otra con cuenta bancaria.

Si ella no navegaba o no abría otra pantalla, no se podía arriesgar a ejecutar algo en línea que lo delatara y ella se daría cuenta de algo así; otra persona no se percataría de un súbito cambio en la navegación, de pantalla o movimiento de cursor. Ella sí.

Su cerebro dejó de hacer caso, cuando volvió a leer lo que ella estaba escribiendo.

#Cherry# Prefiero meter mi mano en tu pelo, despacio, una sola vez, para sentir la textura gruesa y suave de las ondas cortas. Rozar tu cuello, y apenas la línea de tu mandíbula. Estás necesitando una afeitada, pero me gusta así, te da un aire sexy y descuidado.

Se olvidó de todo, moviéndose hacia su computadora, para leer directamente del sitio de adultos.

Echó la cabeza para atrás y se dejó caer un poco en el sillón móvil que usaba.

Se tocó la cara, sí, necesitaba una afeitada y un corte de pelo también.

Esto del noviazgo anónimo lo tenía descuidado.

Su mano siguió bajando sobre su camiseta gastada y con la derecha desabrochó de un tirón todos los botones de su pantalón.

Se liberó, grueso e hinchado por ella, ansioso desde esa mañana.

Se había convertido en uno de los perversos que perseguía, masturbándose cada vez que la chica de pezones rosados se conectaba; enfermo sin cura hasta que no los tuviera sangrando entre sus dientes.

#Cherry# Solo pasaba para dejarte un beso y agradecerte tu preocupación. Estoy bien. Solo fue un día... Raro.

Dejó de tocarse y puso manos a la obra otra vez, ella se iba a ir y él se iba a quedar con las manos vacías otra vez, nunca más literal.

Miró de costado la impresora rebosante de papeles, tenía que ocuparse de esa situación.

Sí. Pero lo haría después. Ella estaba por despedirse y él tenía que detenerla; cambió a la otra pantalla y escribió:

#Spectre# (Despiértame)

Hubo un momento de silencio. ¿Duda o sorpresa? Luego, sus palabras:

#Cherry# (Tramposo)

#Cherry# No puedo conmigo, eres demasiado tentador así dormido, así que me meto debajo de tu escritorio, que espero que esté limpio y libre de alimañas, y acaricio tus piernas sobre la tela del pantalón.

#Cherry# (De yoga, espero, no quiero estar haciendo malabares para desnudarte y romperme la cabeza)

#Spectre# (Lo que tú quieras, nena)

#Cherry# Tiro de la suave tela del pantalón de yoga y descubro que no llevas ropa interior.

Perverso. Me estabas esperando. Bandido.

No estabas dormido. Bastardo. Mira cómo estás, duro, extenso, seco.

Qué pena. Te acaricio un poco para que te alces antes de meterte en mi boca.

Rasgo con mis uñas la piel suave de tu escroto y siento tus huevos mecerse en mis manos.

No puedo esperar a llenarme la boca con ellos.

#Spectre# (¿Escroto? ¿Qué es esto? ¿La lección de anatomía?)

#Cherry# (¡Cállate, idiota!)

#Cherry# Me incorporo sobre mis rodillas y esquivo el borde asesino de tu escritorio. Bajo el pantalón hasta tus tobillos y me meto entre tus piernas. Estás aquí, esperándome, tu mástil glorioso, orgulloso, tal y como lo recuerdo, con la cabeza grande y desnuda…

#Spectre# (Me gusta tu memoria)

#Cherry# Te sumerjo en mi boca, deslizándote por mi lengua hasta tocar el fondo de mi garganta... Y más allá... Y tragar tu sabor salado y masajearte el pene con las paredes húmedas de mi boca. Subiendo y bajando. Arriba y abajo. Adentro y afuera. Lento y profundo.

#Spectre# (¿Arcadas?)

#Cherry# (Recurso estilístico moderno: "nací sin reflejo nauseoso" Anastasia Steele)

#Spectre# (¿Es amiga tuya? ¿Me la puedes presentar?)

#Cherry# (Vete a la mierda)

#Spectre# (Seis líneas)

Tenía que hacerlo acabar en seis líneas, un pequeño desafío que les gustaba jugar.

#Cherry# Tus manos se meten en mi pelo. Levantas uno por uno los mechones largos y sedosos que caen sobre mis hombros. Uno por uno con una mano, sosteniéndolos con la otra en mi coronilla, hasta hacer un solo nudo con el puño y sostenerme quieta, lista para abusar de mi boca.

#Cherry# Me gusta sentir cómo se hinchan tus venas en mi boca y como hierve tu semen preparándose para salir.

#Cherry# Mi saliva cae en tu entrepierna mezclada con mis lágrimas por tenerte tan adentro que apenas puedo respirar.

#Cherry# Me ahogo de ganas porque me ahogues. Quiero que te derrames en mi boca, en mi garganta, dentro de mí, fuera de mí.

#Cherry# Te hundes en lo más profundo y así golpeas fuerte y corto contra mi cuerpo inmóvil.

Una vez. Otra vez. Me haces retroceder apenas, apretando el nudo de pelo hasta el límite del dolor.

Pateas el límite. Gimo y estallas. Te vuelcas.

Te desangras. El río de semen se desliza por mi lengua y cuelga de mi boca, elástico, blanco, cargado de ganas y de vida.

#Cherry# Sales lentamente de mi boca y levantas mi rostro con un dedo, sin soltar mi cabello. Acaricias mis párpados y limpias las lágrimas mezcladas con máscara negra...

Max nunca abandonó el chat, acabó haciendo un desastre en el piso bajo su escritorio, apoyando el antebrazo en la mesa mientras exprimía su última semilla. Se quitó la camiseta gris, limpió el lío y sus manos. Luego escribió:

#Spectre# Dios... Mío...

#Spectre# (¿De qué color son tus ojos?)

#Cherry# (Del mismo color que mi pelo)

#Spectre# Si la chupas así en la vida real, quiero que seas la madre de todos mis hijos.

El silencio latió como una bomba a punto de estallar. Escuchó claro el tic tac.

#Cherry# Yo no hago estas cosas en la vida real. Lo siento.

#Spectre# No... Olvídalo...

#Cherry# Está bien. Solo venía a despedirme.

La bomba detonó, y tan pronto como sus últimas palabras aparecieron en la pantalla, todas sus máquinas emitieron un pitido como el monitor cardíaco de un moribundo. Línea plana. Final.

#Spectre# ¡No! ¡NO! ¡Era una broma!

#Spectre# ¡NO TE VAYAS!

#Spectre# ¡NO!

La señal del gusano rebotaba. Se había desconectado, no tenía lugar para navegar. Había apagado la máquina. No, peor. Debía haber arrancado el cable de electricidad, con el apagado siempre quedaba una ventana de escape. Se quedó mirando la pantalla vacía, vacío.