ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 12
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Capítulo 12

—Tenemos todo, pero, Lean… no deberías sacar tu pasaje en el crucero —las cuatro miraron a Andrew, coordinador de travesía y capitán de aventura, con una mareada sorpresa.

—¿Por qué no?

—Porque te quedarás en Roma con Gabriel y desperdiciarás tu dinero.

—¿De qué estás hablando, Andrew?

—Vamos a Roma a que conquistes a Gabriel Grecco.

Tienes que poner todo de tu parte para que así suceda —Lean sacudió la cabeza lentamente y se acercó a Andrew.

Los cinco estaban sentados en el piso, por lo que caminó lentamente a gatas, sobre sus manos y sus rodillas, hasta quedar nariz con nariz con su mejor amigo.

—Me voy a Roma a cumplir un sueño y créeme cuando te digo que, con conocerlo, está cumplido. Así que voy por otro sueño: unas vacaciones del otro planeta con las mejores cuatro personas que conozco en esta vida.

—Tú no entiendes cómo funcionan las cosas.

Hay algo que se llama “decretar al universo”.

No solamente tienes que desearlo, tienes que decretarlo en tu mente, tienes que trabajar por ello.

Un sueño sin trabajo es una alucinación.

Una pérdida de tiempo frente a un irreal imposible pero que, si eres capaz de trabajarlo, con el alma, con el corazón y con el cuerpo, el universo conspirará contigo para que se convierta en realidad.

—Tú no entiendes cómo funcionan las cosas. Hay algo que se llama realidad. Y yo soy realista. Puedo soñar porque soy una soñadora…

—“Pero sé que no soy la única” —lloraron más que cantaron a coro las borrachas de sus amigas.

—Puedo enamorarme hasta el tuétano de un desconocido, porque soy una romántica. Pero de ahí a pensar que Gabriel Grecco podría fijarse en mí… vamos… me conoces mucho mejor que eso.

—Para ser práctica y realista, eres obtusa. Realmente creo que vas a desperdiciar tu dinero.

—Entonces, si lo desperdicio, que así sea.

Es mi dinero. Lo he ganado trabajando honestamente.

Son mis vacaciones, merecidas vacaciones…

puedo hacer con ellas lo que se me dé la gana.

Y si al llegar a Roma, él repara en mí y me regala algo más de su atención, y puedo quedarme con él mientras ustedes se van de crucero…

¡Créeme! ¡Será el dinero mejor gastado de toda mi vida!

Cat se puso de pie y empezó a aplaudir y vivar a Lean. A los tumbos y sin tanta gracia, la siguieron Eira y Jannie. Andrew, desde abajo, la miraba con esa media sonrisa del que todo lo sabía y a la larga triunfaría. De hecho, lo hizo, ahí estaban, de la nada, programando el viaje de sus vidas.

Ya tenían reservados los pasajes a Roma y las cabinas del crucero guardadas para la compra, incluso habían sorteado como dormirían y en qué cubierta querían sus estancias. Restaba dar un último clic y pagar. Ahora quedaba una cosa por hacer.

Lean tomó su teléfono móvil e inspiró. Abrió IG y tecleo un mensaje destinado a la cuenta de Vursky Management.

#Lean# Hola. Disculpe la hora. No sé cómo decir esto sin sonar obsecuente o abusiva, pero mejor lo hago ahora antes que se me vaya el valor.

Mis amigas y yo vamos de vacaciones a Roma la semana que viene y yo quería saber si existía alguna posibilidad de organizar un breve encuentro con Gabriel.

No pretendo nada del otro mundo, incluso si podemos quedarnos en la puerta de su hotel o de un lugar por el que él vaya a pasar, yo me conformaría con estrechar su mano, quizá que pudiera darme su autógrafo, y si ya no fuera mucho abuso, quizá tomarme una foto con él.

Por supuesto, entenderé si me dice que no, o si me bloquea inmediatamente.

Ya escribir estas líneas me parece un abuso, pero las enviaré sin siquiera pensarlo.

Y así lo hizo. Dio enviar sin un mínimo filtro y mucho menos sin la aprobación de sus amigas. A Eira casi le da un ataque al corazón cuando lo leyó y Andrew tuvo que detener a Cat cuando quiso suicidarse. Jannie destapó una cerveza y miró a Lean con un solo ojo, como si quisiera hacer foco.

—No quieres ir, ¿verdad?

—¿La verdad? Ahora que esto tomó forma, estoy asustada.

La respuesta, inesperadamente, no se hizo esperar.

#Vursky# ¿De verdad?

Las chicas, reunidas alrededor de Lean, pujaban por un lugar para leer el mensaje.

—Deja quieto el maldito teléfono que no puedo enfocar.

—No es Lean. No es el teléfono. Eres tú que está más borracha que una cuba.

—¡Cállate, o no te dejaré entrar al camarote!

Lean trató de serenarse y respondió con naturalidad.

#Lean# Sí. Teníamos programadas unas vacaciones y nos decidimos por su hermoso país.

#Vursky# Bueno, muchas gracias.

Las cuatro se miraron desconcertadas. Andrew se exasperó y le quitó el teléfono a Lean

#Lean# Yo sé que quizás esta sea mi única y última oportunidad de conocerlo y estoy dispuesta a cualquier cosa por conseguir esa oportunidad.

Lean recuperó el teléfono, pero Andrew ya había enviado el mensaje

—¡Oh, por Dios! ¿Cómo pudiste? —sus dedos, temblorosos por los nervios y el alcohol, nunca escribieron tan rápido.

#Lean# Cualquier cosa como esperar bajo la lluvia o sentarme fuera de un teatro horas hasta que salga.

Cat leyó por sobre su hombro y le quitó el teléfono. Escribió:

#Lean# Cualquier cosa que implique favores sexuales, mis amigas están dispuestas a ello. Tengo una recién divorciada, una ninfómana y una virgen, las tres ávidas de ser útiles a una amiga.

Eira cayó al piso de la risa y Jannie le pegó un empujón a Cat que la hizo trastabillar.

—¡No soy virgen!

—¿Entonces por qué no tienes novio?

—¿Tú qué sabes?

—¡Ah! ¿Sí? ¿Cómo se llama? —Jannie dudó. Cat la señaló y le hizo burla como si tuviera cinco años —¡Ves! ¡No tienes novio! ¡No tienes novio!

—Sí tengo... Se llama... ¡Harry! ¡Harry es el amor de mi vida!

—¡Sí, seguro! ¡Harry Potter!

—¡Oh, mierda!

—¿Por qué no tienes novio?

—Detente, Cat —dijo Andrew cuando percibió, como Lean, que Jannie estaba por derrumbarse. Las lágrimas brillaron en sus ojos tristes.

—Porque los libros arruinaron mis expectativas con los hombres —gritó.

Cat caminó un par de pasos tambaleantes y se abrazó a Jannie, soltando las lágrimas que ella todavía contenía.

—¡A mí también! ¡Él también, a mí también!

—Espectáculo patético. ¿Por qué beben si no saben llevarlo con dignidad? —se lamentó Andrew, alcanzándole el teléfono a Lean.

#Vursky# ¿Cuántas son?

#Lean# Cinco

#Vursky# Déjame ver qué puedo hacer. La semana que viene será agitada, pero hay un evento donde podría invitarlas y muchísimas chances de que puedas conocerlo. No te prometo nada, pero haré mi mejor esfuerzo.

#Lean# ¡Gracias! ¡Gracias, de todo corazón! No tiene idea de lo mucho que esto significa para mí.

Lean levantó el teléfono y gritó con toda su fuerza y su emoción.

—¡Nos vamos a Roma! Vursky intentará meternos en un evento el jueves que viene.

En el medio de la sala del pequeño departamento de Broughton Street, los cinco se abrazaron y saltaron festejando como si Escocia hubiera salido campeón. Andrew puso un poco de cordura y recuperó su portátil.

—Bien, pongamos manos a la obra. Empezaré a programar las compras.

—Usa mi tarjeta de crédito corporativa. Mañana transferiré los fondos.

Eira sacó una cajita de cartón de entre sus cosas y se las entregó a Cat.

—Son todos mis ahorros. Úsalos. Mañana iré a la empresa, pediré mi liquidación y te pagaré el resto.

—No te preocupes, arreglaremos después.

—Oye, Andrew —dijo Jannie, alejándose— Mi teléfono está muerto, ¿tienes otra conexión? Así te transfiero los fondos.

—No hay apuro.

—Prefiero hacerlo ahora...

—Junto a la ventana hay una computadora de escritorio. Es vieja, pero funciona bien y tiene conexión. Úsala.

—Gracias.

Lean se sentó en el sillón y miró la postal ante sus ojos: Eira dormida con la cabeza apoyada en las piernas de Andrew; Él y Cat revisando en internet las páginas que ofrecían imágenes del crucero y las escalas, proyectando qué iban a hacer dentro y fuera del barco.

¡Qué par! Más allá, a oscuras, alejada, Jannie estaba frente a un monitor cuyo reflejo verdoso le daba un aspecto fantasmal, como si un poltergeist fuera a atravesar la pantalla y la atrapara en sus garras del mal.

El alcohol le estaba haciendo ver cosas.

Se recostó en el sillón y levantó el teléfono a la altura de su rostro.

¿Qué hora era? ¿Y qué hora era en Italia, desde dónde le respondían? Quién sabe...

#Lean# Gracias, señor Vursky. No sé cómo agradecerle.

#Vursky# Bueno, todavía no he hecho nada, Lean. Pero déjame pensarlo. ¿Algo tradicional de Escocia?

#Lean# ¿Whisky?

#Vursky# ¡Jajaja! Suena bien. Y por favor, no me llames "Sr. Vursky". Ese es mi padre. Llámame Paolo.

#Lean# Ok. Paolo. Te veré en Roma en unos días.

#Vursky# Eso espero...