ATTRAVERSIAMO (ILUSIONES 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

—¿Vamos a cenar?

El lugar elegido era uno de comida china que a esa hora no solía estar tan lleno.

Estaba cerca, no era bonito, pero sí bueno y barato.

Y tenían servicio para llevar, lo cual era bueno considerando que Andrew había pedido un servicio a domicilio junto a todas las novedades del affaire Gabriel.

Antes de entrar, Cat miró a Eira por sobre el hombro.

—¿No le vas a avisar a Josh?

—No —Y esa respuesta atrapó la atención de todas—. Debe estar ocupado en su noche de chicos con su primogénito.

—¿Otra vez problemas de hijos?

Cuando se sentaron, Eira dejó salir su angustia en forma de palabras.

—Estoy cansada. Cansada de no tener un lugar y estar disputándolo con sus hijos en lugar de sus exmujeres. Ni siquiera es competencia, porque “obviamente” yo ocupo un lugar diferente a ellos. Pero el problema no soy yo, sino él.

Cat estiró un brazo y le dio un suave apretón, queriendo reconfortarla.

—¿Y recién te estás dando cuenta de esto?

—No es que recién me dé cuenta. Entiendo que psicológicamente busco parejas mayores y con tendencias controladoras, porque busco en ellos la figura paterna que no tuve.

—El reconocimiento es el primer paso.

—Y en cierto punto es lindo, y cómodo, y me siento "a gusto" con ese papel.

—¿Entonces? —Eira suspiró y miró al techo, con el dolor atascado en la garganta.

—Entonces, además de ser la amante oficial, porque no merezco estatus de esposa, soy la empleada supereficiente que hace el trabajo de tres por el sueldo de uno, la niñera de los más pequeños, la alarma recordatoria de la despistada exesposa —los ojos de Cat, Lean y Jannie se abrían con desmesura a cada palabra—Y créanme…

podría seguir. Quizá llegué al punto en que no estoy tan a gusto.

—¿Y qué quieres hacer? —Eira se mordió el labio inferior para no responder, para no gritar que sí, que mandaría a todos al demonio, a Josh padre, a Josh hijo, a los dos retoños y el trabajo que la tenía esclavizada y sin vida.

Lean la miraba con tristeza y Cat con expectativa, como si esperara “esa” respuesta.

Jannie ni siquiera la miraba. Y la verdad, comodidad y miedo tenían mucho de sinónimo en su vida.

Pero dijo, más que como una expresión de deseo, una visión de escape:

—La verdad. Me iría a Italia.

Todos los ojos se enfocaron en Lean y ella levantó ambas manos como defendiéndose.

—No. No. Esperen. Estamos malinterpretando todo. Vursky no me está invitando a Italia, mucho menos a todas nosotras, porque invitar es mucho más.

—No. Bueno. Dijo que, si alguna vez ibas a Italia, con gusto te recibiría.

—Que no es lo mismo que invitar —Cat se inclinó amenazante sobre Lean y la señaló a los ojos con los palillos precisamente ubicados en tres dedos.

—No puedes perder esta oportunidad.

—¿Qué oportunidad?

—La oportunidad que te cayó del cielo, que el manager de Gabriel Grecco te escriba y te diga que te recibe en Italia.

—¿Y cuál es tu sugerencia? ¿Me subo a un avión y me voy a Roma? ¿Llego y le toco timbre y le digo "Hola, soy Lean de Edimburgo, ¿dónde te dejo mis maletas?, ¿cuándo me presentas a Gabriel?"

Se quedaron en silencio, como sopesando sus alternativas. Jannie engulló dos camarones gigantes y habló con la boca llena.

—¿Qué te frena para irte?

—Bueno, tengo un trabajo que atender...

—Del que eres dueña y con el que repartes responsabilidades con un socio que te cubriría.

—No puedo irme, así como así, a Italia.

—¿Por qué no? No tienes esposo ni hijos que te detengan. Si no lo haces ahora, ¿cuándo?

—¿Qué te falta? ¿Tienes pasaporte?

—Sí, tengo.

—¿No tienes dinero?

—Sí, tengo.

—¿No tienes vacaciones? —Lean apretó los labios y repensó la realidad: hacía unos tres años que no se tomaba vacaciones de verdad, ni siquiera una semana.

—Bueno... No me gustaría irme sola...

Cat golpeó la mesa con las palmas abiertas e hizo sobresaltar, no solo a sus amigas, sino a los comensales alrededor.

—Entonces yo me voy contigo.

—¿Qué?

—¿Cómo?

—¿En serio?

—Sí. En serio. Me acaban de forzar a tomar mis vacaciones en la empresa.

—¿Por qué?

—Porque estamos al borde de una mega fusión caníbal, soy una espina en su culo y me quieren sacar de encima. O peor, quieren que sea su instrumento de maldad y despida a mi propia gente.

—Mierda...

—¿Y cuándo pasará eso?

—En dos semanas... Creo... Me dieron las vacaciones que tengo pendientes. Podría utilizarlas para convertirme en la brillante salvadora de la firma con todos sus empleados, pero ¿Qué puedo hacer yo sola contra una mega transnacional norteamericana?

—Eres Cat MacKinnon... Puedes aplastarlos con tus tacones Louboutin.

—Claro que sí, pero porque soy Cat MacKinnon también puedo tomarme una semana de vacaciones antes de salvar el mundo, o en su defecto mi empresa farmacéutica, así que, Lean, ya tienes una compañera de aventura.

Cat levantó una mano y Lean le chocó los cinco, no muy convencida pero cada vez más cerca de un sueño que nunca se atrevió a soñar.

—¿Eira? —preguntó Cat, esperanzada.

—No sé. No estoy al punto de querer separarme. No me malinterpreten, amo a Josh, él hace muchas cosas por mí.

—¿Tantas cosas como haces tú?

—Muchas. No estoy midiendo. Las cosas que hago, las hago porque las siento.

—Entonces, si le dijeras que quieres ir unos días de vacaciones a Italia con Lean...

A Eira se le escapó una carcajada nerviosa.

Josh no la dejaría irse sola con sus amigas.

Nunca. Jamás. Ni siquiera estaba en discusión.

La palabra “permiso” flotaba sobre ellas, pero nadie la iba a decir, porque Eira era una mujer adulta y dueña de sí misma, y no tenía que pedirle permiso a nadie.

El poder paternalista que ejercía Josh sobre ella llegaba a determinados lugares que coartaban, entre muchas cosas, su libertad.

La discusión de esa tarde y las "im"posibilidades del viaje, también hablaban de cuánto de su libertad estaba en sus manos, y cuánto no. Jannie puso su cuota de discordia.

—Si es por dinero, yo puedo prestarte. He estado ahorrando para irme de viaje más adelante.

—¿Y qué hay de ti?

Ahora todas miraban a Jannie. Ella revolvió en su caja de cartón por los últimos vestigios de comida y cuando levantó la vista, todas esperaban su respuesta.

—Bueno… tengo un proyecto de viaje con Laoghaire … a la India. Lo siento —Lean le sonrió conciliadora, pero Cat puso los ojos en blanco.

La cena llegó a su fin.

Cat se ofreció a llevar a Lean hasta su casa, Eira y Jannie hicieron un trayecto juntas, caminando, y luego se separaron. Lean cambió su destino para volver a la florería y recalar en la casa de Andrew.

Cuando llegaron a las puertas de sus respectivos hogares, pese a la hora y la oscuridad, ninguna sintió que la noche estuviera por terminar.