Capítulo 4
Para Jannie cualquier lugar con una mesa, servicio de internet inalámbrico y café expreso, servía como oficina.
The Elephant House era uno de sus favoritos, aunque no ofreciera un espacio tranquilo y acogedor; de hecho, era uno de los lugares más visitados por el turismo que se daba cita en Edimburgo, quizá más que el propio Castillo, aunque estuviera cediendo terreno con Inverness y Culloden en las búsquedas por algún hombre de las tierras altas que surgían como moda por aquellos tiempos.
De una manera u otra, la excusa era la misma: los libros y su magia.
En ese café, la mundialmente conocida escritora J.
K. Rowling había escrito gran parte de "La Piedra Filosofal" primer libro de su inolvidable Harry Potter.
Cuenta la leyenda que cuando se divorció de su primer esposo, recién llegada de Portugal, desempleada, sola, viviendo del servicio social y con una niña muy pequeña, la joven Joanne se sentaba a ver pasar las horas consumiendo solo un café y escribiendo febrilmente las andanzas del niño mago que había nacido en el tren, en su camino de regreso a casa. El resto era historia.
Entre las paredes de The Elephant House ya nadie escribe en servilletas, algunos acuden con su portátil o sus tabletas.
No hay silencio que atraiga a las musas, sino una mistura de voces que preguntan si es aquí donde "ya sabes quién" escribió esa historia que la hizo tan millonaria como para competir con la mismísima Reina.
Otros preguntan si tienen la mesa y la silla donde se sentaba, como si se conservara ese monumento a la par de los que se guardaban en Hampshire, el escritorio donde escribía Jane Austen.
Todos sacan fotos y nadie levanta los ojos de sus pantallas, aun con tanto para ver.
—Bueno, una prueba más y ya está... —pensó mientras cerraba el navegador y ejecutaba la aplicación de compras en línea y móviles para su último cliente, una juguetería.
Navegó por el sitio, foto por foto, verificando en una pasada la breve descripción, precio y enlace de compra.
Mientras lo hacía, pensaba qué podía comprarle a la pequeña Faith: Con casi cinco años empezaba a gustarle mucho los bebés de juguete.
Para Ringo, que ya tenía ocho, podía ser un tren a batería para completar su ya extensa colección; Harrison tenía catorce y estaba atrapado por el lado oscuro de los videojuegos, así que podía comprarle la última versión del FIFA para su consola, aunque él siguiera prefiriendo los juegos de Black Ops.
De ninguna manera, demasiado sangriento para ella.
Volvió a la página de inicio y eligió un bebé de juguete con su carrito de paseo.
Se parecía tanto a Harry cuando nació. Se obligó a reaccionar y seguir buscando, haciendo una nota mental de enviarle un mensaje a Florence para preguntarle si estaba bien que les enviara unos regalos a los niños para probar el sistema de compras en línea. Excusas.
Miró la hora y pensó que podía usar otra excusa mientras esperaba a sus amigas por un bien un poco menos superior. Algo de sexo siempre despejaba sus neuronas.
Cerró el sistema de simulación móvil y activó el bloqueador de IP y el Proxy negociado antes de entrar al sitio de citas virtuales del que era asidua. Entró con su nickname habitual, Cherry, y tecleó su contraseña.
#Cherry ha entrado a la sala#
Descartó todos los mensajes que tenía sin leer porque ninguno era de su última «relación», si podía llamarse así a la conexión que calentaba sus neuronas on line. Bueno, para ellos funcionaba, hacía un año y medio que "lo hacían" "ahí" y “así”.
Saludó en el foro general y buscó entre los visitantes visibles. Craig no estaba, tampoco Skyfall, suponiendo que siguiera apasionado por las referencias a James Bond.
#Spectre ha entrado a la sala#
Jannie sonrió y casi de inmediato un cuadro de diálogo se abrió.
#Spectre# Buenas tardes, Cherry.
#Cherry# Buenas tardes… ¿Spectre?
#Spectre# Bien influenciado con el último maratón de películas del asunto…
#Cherry# ¿Desplazó a tu favorita, Casino Royale?
#Spectre# No. Imposible. Insuperable.
#Cherry# Tal vez debería verla de nuevo.
#Spectre# Podríamos verla juntos...
"Aquí vamos de nuevo" pensó Jannie mientras se echaba para atrás en la silla, empujaba el respaldo hasta la pared y llevaba la portátil consigo a descansar en su regazo, echando una rápida mirada al local casi lleno. La camarera estaba ocupada, así que no la molestaría por un rato.
#Cherry# No creo, pero gracias igual.
#Spectre# Me gustó mucho la morena. Madura. Italiana. Muy conocida.
#Cherry# ¿Estuvo en Matrix una vez? Mónica Bellucci.
#Spectre# Ella. Sexy.
#Cherry# ¿Te dejó caliente?
#Spectre# Mucho
#Cherry# Bueno... ¿Hay algo que pueda hacer por ti hoy?
#Spectre# Te quiero desnuda, en el piso. Ya.
#Cherry# Está frío...
Empezó a tipear frenéticamente una escena que venía a su mente cuando escuchó enfrente una voz dirigiéndose a ella.
—¿Quieres algo más?
La siempre oportuna camarera venía por su propina antes del cambio de turno. Ya hacía tres horas que estaba sentada ahí.
—Este... Sí... Un vaso de leche caliente y otra porción de cheesecake
—Ok.
—Y tráeme toda la cuenta, así te pago.
—Seguro. Gracias —¿Dónde estaba?
#Spectre# (¿Puedes tocarte?)
El diálogo en paréntesis entre ellos dos, los reales, o los tan reales que podían ser sin verse, sin tocarse, ni conocerse, era como hablarse en secreto, o telepáticamente. Sí, eso funcionaba mejor. Cortó y pegó lo que había escrito, y le respondió.
#Cherry# (No. Lugar público)
Vio venir a la camarera con su pedido y apuró los dedos sobre el teclado, golpeando las letras al ritmo de su corazón.
Dejó caer su silla y acomodó la laptop en la otra, ocultando la pantalla hacia la pared.
Buscó su teléfono y escaneó el código QR para pagar, incluyendo la propina en la adición; la camarera asintió en agradecimiento y se retiró.
Jannie cortó una pequeña porción de su cheesecake y retomó su posición para leer lo que Spectre había escrito, pero escuchó la voz de Lean llegando a la mesa atravesando dos grupos de turistas. Mierda.
Sacudió un poco la cabeza, borró todo lo que había escrito y, muy a su pesar, dio por terminada la sesión.
#Cherry# Me tengo que ir.
#Spectre# Quiero conocerte
#Cherry# No insistas, por favor.
#Spectre# Soy insistente por excelencia y siempre logro lo que quiero.
#Cherry# Yo no daría por sentado lo último.
#Spectre# Bueno, hace un año y medio que estamos en esto, insisto cada seis meses, la primera vez te pude ver las tetas y hace seis meses me dejaste ver cómo te tocabas.
#Cherry# ¿Qué quieres? ¿Un saludo de aniversario?
#Spectre# Vamos. Puedo enviarte mi currículum, referencias de mis padres, de mis amigos. Mi jefe me adora. No tengas miedo.
#Cherry# No juegues con tu suerte.
#Spectre# La tercera puede ser la vencida.
#Cherry# La tercera podría ser la última.
#Spectre# Sabes que puedo encontrarte si quiero.
#Cherry# Sé que puedes... Pero no lo harás, porque eres un caballero...
#Spectre# Y tú eres muy buena disfrazándote.
#Cherry# De verdad me tengo que ir. Hablemos esta noche.
#Spectre# Te estaré esperando.
Jannie desconectó el servicio inalámbrico de su laptop y cerró la tapa con un golpe, al tiempo que Lean llegaba a saludarla.
—¿Hace mucho que estás aquí?
—Estaba trabajando.
—¿Tienes calor? Estás sonrojada.
—Hay mucha gente. ¿Puedes vigilar mis cosas mientras voy al baño un momento?
—Por supuesto —La camarera ya estaba junto a ella—. ¡Hola! ¿Puedes traerme un Té Earl Grey?
—¿Solo?
—Sí. Muchas gracias.
Jannie esquivó a una pareja y se precipitó hacia el pasillo que llevaba a los baños para clientes.