CAPÍTULO 53 #2
—Nuestro objetivo llegará sobre las 11 y media.
A las 10.00 tengo una reunión con Sofía.
Tenemos que hablar sobre el tema de Barcelona.
Está moviéndolo para hincar el diente en ese pastel tan apetecible así que hay que frenarla cuanto antes.
Zoe, tu contacto no va a venir, pero ha sido fundamental en el cambio de rumbo del proyecto.
Te tengo que dar la enhorabuena, no sé cómo lo has hecho, pero estaba encantado con lo que le vendiste.
Y, a ti Clara, qué decirte. Has sido infravalorada en la empresa durante muchos años y quiero tenerte a mi lado.
Eres una persona excepcional y no te hemos tratado como deberíamos.
—Nos vas a hacer llorar con ese discurso, Asier. —Me salió de repente. Ese hombre había llegado a nuestros corazones y su atractivo físico se quedaba corto con lo que estaba expresando.
—Gracias por tus palabras, Asier. —Clara rompió a llorar—.
Yo solo he hecho lo que he creído que es justo y es esto.
He tapado a Sofía en muchas cosas y creo que no beneficio a mis compañeros.
Zoe ha sido muy buena conmigo y creo que se merece esto y mucho más.
Por eso, te pido Asier, que la trates bien y que la quieras como se merece porque vale mucho, mucho más de lo que todos hemos visto.
Asier se sonrojó. No esperaba el alegato de Clara y tampoco que ella manifestase abiertamente lo que veía entre nosotros.
No era un simple rollo de unos días. Era algo más y esos sentimientos eran nuevos para él.
Siempre había conseguido lo que quería en el terreno amoroso, pero encontrar a una persona que no buscaba nada en él le había desorientado por completo.
—Para terminar con esto, en cuanto entre el cliente, saludáis amablemente y os pediré que abandonéis la sala. Será un duelo de titanes.
—Como tú digas —respondí sin dar ningún tipo de explicación al asunto.
Para nosotras esta situación iba a ser tan complicada que lo mejor era que no estuviésemos presentes. Ninguna de las dos teníamos espíritu combativo y las discusiones provocaban en nosotras una sensación de malestar e impotencia que duraba varios días.
9.13
—La suerte está echada. Recordad este día porque hoy va a ser el principio de vuestra nueva vida—.
Asier estaba muy seguro de lo que estaba diciendo, pero yo no lo veía tan claro, sobre todo porque no habíamos visto a Sofía nunca en esta situación y podía desatarse un tsunami de dimensiones desconocidas.
—Salid vosotras primero e ir a la oficina como si no pasase nada. Yo iré a las diez en punto.
9.27
Clara y yo no pronunciamos palabra en el camino de vuelta a la oficina.
Creo que las dos nos habíamos quedado en estado de shock.
Habíamos ayudado a Asier en este plan, pero ninguna de las dos fuimos conscientes de la repercusión que todo esto iba a tener en la empresa y en nosotras.
Quizás porque nunca lo vimos como algo que pudiese hacerse realidad.
Pero estaba ahí y Asier sería su ejecutor.
Nosotras quedaríamos como meras espectadoras de una batalla en la que uno de los luchadores no tenía ni idea de lo que iba a pasar.
9.35
—Clara, ¿quieres un café? —Creo que el hecho de tomarme otro café me iba a poner más nerviosa todavía, pero esos veinticinco minutos antes de la primera reunión de Asier con Sofía se me iban a hacer eternos.
—Zoe, yo creo que no, porque me voy a poner esquizofrénica, pero es que si no, ¿qué hacemos? —Clara no dejaba de frotarse las manos y tocar sus dedos como su fuese a arrancar las uñas de cuajo.
—Yo voy a ir a por un chocolate. —Tampoco me apetecía tomar nada, tenía la boca del estómago cerrada y para colmo el chocolate me daba ardor —. Creo que lo mejor es que nadie nos vea juntas porque si no pueden hacer conjeturas sobre todo después de que pase algo.
—De acuerdo, yo me voy a mi sitio e iré mirando los correos.
Cuando me acerqué al office Sofía estaba tomando un café.
—Hombre, la gran desaparecida en combate. —La ironía era su fuerte, pero ella la usaba como arma arrojadiza.
—Buenos días, Sofía —le dije en un tono calmado.
Tenía que mantener la templanza porque si mostraba cualquier ápice de debilidad iría rápidamente como un ave de rapiña hacia mí—.
Tengo todavía a mi suegra en el hospital, vamos, que no encuentran lo que tiene y no sé cuánto tiempo más tendremos esta situación.
—En Barcelona bien, ¿no? —Directa e incisiva. Estaba empezando a sacar su peor parte.
Podía haber dicho que me había acostado con Asier y que había sido maravilloso, y que habíamos llevado a la realidad escenas eróticas que en ningún momento ella se podría imaginar, pero decidí resignarme a decir un simple sí y bajar la cabeza.
—¿Qué te ha parecido el contrato que firmó Asier allí? —Cambié de tema rápidamente para no empezar a ruborizarme porque sabía perfectamente por donde iban los tiros de Sofía.
—Mejorable, de hecho, tengo una reunión con él ahora. Hay cosas que no hicisteis bien, vamos, que no os culpo a vosotras, pero se podía haber sacado más partido de ello.
—Bueno, no somos tan buenas como tú. —No podía dejar que nos avasallase de esa forma—. ¿Quieres algo? —le dije señalando a la máquina expendedora de bebidas. Voy a tomar un chocolate. Estoy cansadísima.
El momento, mientras esperaba recibir mi dulce y humeante chocolate, se hizo eterno. Notaba como las energías de Sofía iban encendiéndose como el infierno por momentos. Cuando por fin terminó de salir el chocolate cogí el vaso hirviendo y salí de allí cuanto antes.
—Me voy a mi sitio, te veo luego.
Sofía estaba mirando el móvil y ni siquiera levantó la mirada para decirme un “hasta luego”.
Llegué a mi sitio y miré a Clara de reojo. Estaba frente al ordenador con la mirada perdida. Sus ojos estaban clavados en la pantalla, pero a saber en lo que estaba pensando. Seguramente en cómo ter-minaría el día. La cuenta atrás para el fin acababa de empezar.