CAPÍTULO 53
Estaba deseosa por encontrarme de nuevo con mi amor.
Cuando regresé al hotel me estaba esperando en el hall tomando una copa. Se acercó a mí y rodeó mi cintura con sus brazos mientras me besaba.
—Es como si hubiese pasado un siglo desde que no te veo, Zoe. Quiero aprovechar cada minuto que esté contigo antes de volver a Manhattan. No creí que te iba a echar tanto de menos.
—Eros ha nacido del Caos y eso es lo que te dije una vez cuando entraste en mi vida. A partir de ese momento todo ha pasado muy rápido, pero quiero que tú sigas formando parte de ella, señor Don Negocios.
Nos fundimos de nuevo en un largo y cálido beso y volvimos a disfrutar de nuestros cuerpos el resto de la noche.
No podíamos perder ni un segundo en sentir cada parte de nuestros cuerpos, porque quizás, esos instantes serían los últimos que pasásemos juntos en nuestras vidas antes de que nuestros destinos se separasen para siempre.
La cuenta atrás había comenzado.
06.30
Sonó el despertador. Había puesto la alarma del móvil pronto. Me habría quedado eternamente en la cama con Marc, pero tenía que ir cerrando todos los caminos que había dejado abiertos a lo largo de estos días.
El avión con destino a Manhattan partía a las 23.35 y Marc dedicaría el día a hacer unas compras por la ciudad.
Me di una ducha rápida mientras él seguía durmiendo plácidamente. Vi su cara, radiante y tranquila, desprendía felicidad absoluta. Cogí una pequeña libreta y un bolígrafo que estaba encima de una pequeña mesilla al lado de la cama.
Tengo que solucionar unas cosas, pero estaré pensando en ti durante cada segundo de mi vida… esta tarde nos vemos antes de que vueles lejos de mí, te acompañaré al aeropuerto. Te quiero, Marc
Sandy se había ocupado de los niños durante estos días y también les echaba de menos. Necesitaba sentir sus besos y abrazos antes de que atravesasen las puertas del colegio. De Alfonso no sabía nada, la situación seguiría igual, y cuando estaba bloqueado desaparecía de todo y de todos.
Miré el teléfono y vi que tenía varias llamadas y notificaciones de Asier. Me asusté. ¿Qué demonios había pasado en esas pocas horas? Abrí la aplicación de mensajería. Me había enviado varios mensajes y un audio.
—Zoe. —se notaba por su tono de voz que algo importante iba a pasar —. Por favor, necesito que estés en la oficina esta mañana. Ayer me llamó tu amigo y le encanta. Llámame, no importa la hora.
El audio en realidad no decía nada. Estaba claro que había mantenido una reunión con mi contacto y que iba a pasar algo que cambiaría el curso de nuestros destinos, pero en un mensaje no podía dejar huellas, huellas que podrían convertirse en una acusación en el caso de que Sofía saliese perjudicada de todo esto y buscase una explicación a la venganza.
Besé a Marc en la mejilla y al oído le susurré de nuevo un “te quiero”.
07:00
Bajé al hall del hotel y me acerqué a la pequeña barra de la cafetería que estaba situada al lado de la recepción.
—Un americano por favor. —Necesitaba poner en orden mi escaleta del día y un café me iba a ayudar enormemente a ello.
«A ver, Zoe, primero vas a ir a casa, te cambias de ropa y ves a Sandy y a los niños.
Los llevas al colegio, vas pitando a la oficina y quedas por supuesto con Asier antes para que te ponga en situación.
Recuerda antes llamar a Clara, seguramente no sepa nada de esto, pero tiene que estar al tanto de todo porque ella es parte implicada como la que más en esta historia».
El café me supo a gloria. Salí a la calle y llamé al primer taxi que pasaba por allí, debía llegar cuanto antes a casa.
—Asier. —Mi primera llamada iba a ser para él. Descolgó el teléfono inmediatamente—. ¿Qué ha pasado? No he podido llamar antes.
—En cuanto puedas vente a la oficina. Necesito hablar contigo lo antes posible. Es muy urgente.
—Tengo que dejar a los niños en el colegio y voy para allá, intentaré llevarlos un poco antes, pero no te lo aseguro. ¿Quedamos en algún sitio fuera? Por cierto, si es lo que espero, Clara forma parte importante de ello, así que quiero que esté con nosotros en todo momento.
—Por mí no hay ningún problema. ¿La llamo?
—No te preocupes, la llamo yo y le digo que venga antes. Mándame la ubicación del lugar en el que vas a estar e iremos lo antes posible. Si llega Clara antes ve comentando con ella los puntos, por favor.
—Si esto sale bien, Zoe, no tendré palabras para agradecértelo, serás mi musa de por vida. —Estaba pletórico.
—Solo te pido una cosa, Asier. Que cuides de tus trabajadores y te impliques con ellos como no ha hecho Sofía. Esto es por todos ellos.
Colgué el teléfono sin despedirme. El taxi estaba llegando a casa. Envié un mensaje a Clara preguntando si tenía algún problema para ir a tomar un café cerca de la oficina y me contestó inmediatamente con un ‘ok’. Cuando me enviase Asier la ubicación se la enviaría a ella.
07.37
—Sandy, despierta Sandy, soy Zoe.
Sandy se levantó sobresaltada de la cama. No esperaba mi visita tan pronto.
—¿Pero no iba a llevar a los niños al cole?
—Sí, te voy a pedir un último favor, ¿no te importaría llevarlos hoy? Acabo de hablar con Asier y me ha pedido que esté urgentemente en la oficina lo antes posible. Ya te explicaré bien, pero creo que van a ser las últimas horas de Sofía como jefa.
—¡No me jodas! —exclamó con euforia mi amiga—. Si es por salvar la humanidad, lo que sea, pero hoy es el último día que mañana tengo una cita con un tío de Tinder que está forrado y puede ser mi pasaporte a la holgazanería de por vida.
—Esta noche finiquito todo. Dame suerte.
Di un gran abrazo a mi amiga y compañera de fatigas y me cambié de ropa en unos minutos. Camiseta negra, jeans azul marino y botas camperas negras. Quería pasar desapercibida cuando se produjese la hecatombe y dejar ese momento de protagonismo a Asier.
Pasé al cuarto de los niños.
—Hermes, Apolo, soy mamá. Venga, a levantarse que vamos a llegar tarde al cole, despertad ya…
Apolo entreabrió un ojo y dio un gran salto de la cama.
—¡Mami, mami, mami! —Se agarró a mi cuello y no me dejaba escapar.
—Mi niño, cuánto os he echado de menos, Apolo, estos días han sido siglos para mí, os quiero tanto… —Se me saltaban las lágrimas y me sentía culpable de parecer que había abandonado durante unos días a mis hijos.
Hermes estiró los brazos y las piernas mientras miraba incrédulo mi figura.
—Mami, ¿eres tú? —Estaba aún en estado de catarsis.
—Cariño. —Me acerqué a él y le di un fuerte abrazo también—.
Me han pasado tantas cosas estos días que quiero sentarme tranquilamente con vosotros y contaros todo.
Ahora tengo que ir a la oficina. Hay que cerrar un trato.
Esta tarde pasaré un rato con vosotros y tengo que volver a cerrar el negocio, pero os aseguro que esta noche pasaremos por fin la noche los tres juntos.
Con todo lo que había pasado en mi vida en los últimos días había olvidado ese sentimiento tan reconfortante que produce el tener a tus hijos entre tus brazos. Ese lazo que es imposible romper y que, en momentos como estos, se hace más fuerte.
8.15
—Asier soy Zoe, mándame ubicación, voy para allá.
En unos segundos tenía en mi móvil el lugar en el que íbamos a hacer la reunión clandestina.
Pinché la dirección y me enviaba a una pequeña boulangerie situada a unos quinientos metros de la oficina.
La pequeña y coqueta panadería francesa abría a partir de las diez, pero seguramente Asier tenía alguna relación diferente con su dueño y nos dejaría estar allí.
—Cuando lleguéis hazme una llamada perdida y salgo a por vosotras.
Enseguida reenvié la dirección a Clara. Este momento parecía sacado de una película de espías. Por un momento sentí que un torrente de adrenalina recorría todo mi cuerpo. Era el momento de empezar a jugar.
8.47
Cuando llegué a la puerta de la tahona Clara me estaba esperando. Iba radiante. Pocas veces la había visto así. Se había arreglado como pocas veces había hecho en su vida. Siempre solía ir a trabajar con sudaderas negra y pantalones nada favorecedores con los que solo conseguía echarse años encima.
Llamé a Asier y enseguida los cierres automáticos empezaron a elevarse. Entramos en el local como si se tratase de dos ladrones furtivos que buscan rápidamente su botín.
Detrás del mostrador estaba Asier y el dependiente de la tienda.
—Este es François, mi socio. El local es nuestro, por eso os he citado aquí. Tengo varios negocios por la zona. No nos molestará nadie.
Asier era una caja de sorpresas. Tenía una capacidad emprendedora increíble. Era el perfecto sabueso capaz de conocer cuando un negocio iba a resultar exitoso o no.
Con Sofía no había tenido tanta suerte. No la había visto venir. Y eso era una espina que tendría clavada de por vida. El hecho de que una mujer como ella le humillase y le llevase al infierno era algo que nunca perdonaría.
Pasamos a una pequeña salita interior con una mesita redonda y unas sillas talladas en madera antigua. Era preciosa. Nos sentamos alrededor de la misma y François rápidamente nos sirvió un café y unos cruasanes recién horneados.
—Lo primero que os quiero decir es que no voy a implicaros en esto. Aunque hayáis sido el alma mater del proyecto no jugaré con vuestros puestos de trabajo. Si alguien tiene que salir de la empresa seré yo.
Era la primera vez que veía Asier de esta forma. Un jefe implicado con sus trabajadores y dando la cara por ellos. Era muy valiente por su parte, pero, si salía bien el plan, también sería el mayor beneficiario de ello y él era una persona que no daba puntadas sin hilo.