Atrapados en la nube CAPÍTULO 52
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CAPÍTULO 52

Salí del encuentro empoderada.

Debía enviar varios mensajes y llamar a Asier lo antes posible:

Marc

—Tardaré un poco más de lo previsto, me ha surgido un asunto y tengo que dejarlo solucionado. Espérame con una botella de cava…

Clara

—El asunto va bien. Creo que está todo cerrado. Gracias por todo, somos un equipo. Bs

Sandy

—¿Cómo va todo? ¿Los niños bien? Espero que no estén dando mucha guerra. Yo todo ok, según lo previsto. Te quiero un montón. No sé cómo te voy a pagar esto.

Alfonso

¿Qué tal tu madre? ¿Ya os han dicho algo? Estoy muy liada, pero llámame o mándame un mensaje para ver que todo está ok. Gracias

Asier

—¿Puedes hablar?

Antes de que hubiese pasado un minuto, Asier estaba llamando.

—Zoe, ¿todo bien? —Fue lo primero que dijo al descolgar el teléfono.

—Hola, Asier, sé que estás muy liado, pero me gustaría tomar un café contigo. Quiero hablar de un asunto importante.

—Me estás asustando…

—Es algo bueno, vamos, creo para los tres.

—¿Cómo para los tres? —Le había dejado completamente descuadrado.

—Clara, tú y yo.

—En media hora tengo un rato libre, un café rápido si quieres.

Luego tengo que pasar la tarde con Sofía haciendo números.

—Perfecto. ¿Dónde nos vemos? ¿Cerca de la oficina?

—Preferiría un sitio donde no nos vean juntos, Asier, porque es algo que si sale bien va a tener una gran repercusión en todos nosotros.

—¿Il Tavolo Verde? Me encanta ese lugar.

—Dime hora y mándame un mensaje con la ubicación.

—Te dejo, luego nos vemos.

—Hasta luego, Zoe, ya me has dejado descolocado de nuevo…

La sensación de que un gran tsunami se estaba acercando a mí era cada vez más cercana, y debía dejar todo bien atado antes de que se desencadenase el apocalipsis final.

Pasé un momento por casa para coger una mochila con ropa de cambio y un pequeño neceser de maquillaje.

Marc quería llevarme a cenar a un sitio romántico para continuar con nuestra historia de amor increíble y pasaríamos nuestra segunda y última noche de amor.

Noche que quedaría en el momento inolvidable de nuestra memoria.

Ninguno de los dos habíamos hablado de planes de futuro.

En una relación a distancia son cosas que quedan claras desde un inicio.

Por mucho amor que haya, también hay dos mundos que son completamente diferentes, dos caminos opuestos que el destino ha unido y que después, seguramente volverá a separar.

No tenía tiempo de pensar en eso ahora mismo. Solo disfrutar del presente y de lo que estaba viviendo. Cada minuto de mi vida ahora suponía estar delante de un universo nuevo que se abría ante mis ojos.

—16.45. Il Tavolo Verde. Aquí está la ubicación. A las 17.30 vuelvo a la oficina. Espero que me traigas buenas noticias. Disfrutaré ese momento de ti.

El mensaje de Asier era claro y preciso.

Miré el reloj que parecía haberse acelerado de repente.

Uff, no me da tiempo a llegar en metro, tengo que coger un taxi ya y me queda pendiente una llamada con Clara, tengo que contarle lo que puede suceder y que tiene que estar preparada para el desembarco de la Hydra porque si Sofía se llegaba a enterar de lo que habíamos hecho no tendría piedad.

Llegué al lugar indicado por Asier a la hora en punto.

Il Tavolo Verde era romanticismo puro. No me esperaba que a él le pudiesen gustar ese tipo de cafés.

Una puerta esculpida en forjado negro escondía un pequeño tesoro que aunaba preciosas antigüedades del mercado combinadas con exquisitos bizcochos y tartaletas elabora-dos con mucho cariño.

Este no era un sitio propio de Asier. ¿Quién demonios le habría seducido alguna vez para llevarme a ese sitio?

Miré alrededor en busca de un cuerpo atlético, tatuado y generoso a la vista, pero no encontré a nadie de esas características.

El local desprendía romanticismo por todos lados.

Había cambiado completamente de registro.

De un club de jazz del Nueva York de los años cincuenta había pasado a un café propio del siglo XIX, propio de la alta nobleza.

Me senté y pedí un café americano con un trozo de bizcocho de zanahoria con nueces que parecía sacado de un cuento: aspecto jugoso, con un color chocolate intenso proporcionado por el azúcar de caña y el aroma a canela integrada en un trozo de placer que solamente estaba destinado a la degustación de los seres más privilegiados.

Probé un trozo de esa exquisitez y, mientras mi paladar degustaba esa maravilla, alguien tapó mis ojos con sus manos.

Era la segunda vez en el mismo día que me ocurría lo mismo.

Noté el aroma de su perfume y sus fuertes y atléticas manos sobre mi piel.

De nuevo sentí como mi cuerpo comenzaba a arder sin poder controlar el impulso de besarle.

Di la vuelta y le regalé un fuerte beso. Me correspondió intensamente y me abrazó con sus brazos musculados demostrando la fuerza que tenía en ellos.

—Solo pienso en Barcelona, Zoe. Cada noche te apoderas de mi mente y mi único pensamiento es el de estar dándonos placer. ¿Esta noche estás libre?

Le habría dicho que sí inmediatamente y buscar su cuerpo de nuevo, pero quería ver a Marc. Ahora mismo lo tenía claro. Quería sentir esa pasión desenfrenada que era a lo que estaba enganchada con Asier, pero mi cabeza era de aquel estadounidense que me había conquistado por completo.

—Hoy no puedo, de verdad. —Le miré y agarré suavemente su cabello sedoso—.

Quiero que escuches con atención Asier. Va a suceder algo en nuestra empresa y quiero que seas el primero en saberlo.

Clara y yo vamos a ayudarte a destruir a Sofía.

Tienes que estar preparado para asumir las riendas de la empresa y también quiero que sepas que los tres formamos el mejor equipo y si jugamos bien nuestras cartas llevaremos a la compañía a los mejores resultados.

—No entiendo muy bien de lo que me estás hablando, Zoe, la destrucción de Sofía es cosa mía y no quiero meter a nadie en mis asuntos.

Saqué el porfolio con todo nuestro proyecto y lo puse encima de la mesa.

—Aquí tienes esto. Haz lo que quieras con ello. Ya está entregado a la persona correspondiente. En breve recibirás una respuesta, pero desde ya mismo te digo que esto es nuestro.

—No conocía a esa Zoe. —Asier se estaba quedando asombrado con lo que estaba oyendo.

—Yo tampoco.

Mientras Asier leía atentamente todos los puntos del porfolio yo seguí disfrutando de mi delicioso café y mi bizcocho, que bauticé como ‘templo de dioses’. No despegaba la mirada del papel y se notaba que estaba totalmente asombrado con lo que estaba leyendo.

—Zoe, eres increíble.

—No me des las gracias a mí, tienes en tu empresa un filón que se llama Clara y está totalmente desaprovechado. No seas como Sofía, Asier, y mira más allá de lo que ves.

Me levanté y mientras me ponía el abrigo me acerqué a su oído:

—Esta noche no puedo, pero habrá muchos momentos para estar juntos, te lo puedo asegurar. Tengo asuntos que resolver, pero llámame si hay cualquier novedad. Ah, por cierto, invítame a esto, creo que me lo merezco.