CAPÍTULO 46
Debía saber a qué hora llegaba el avión de Marc porque tenía que dejar atados varios cabos sueltos. Sandy se quedaría con los niños y en mi casa teletrabajando, así que eso me dejaba mucho margen de maniobra para poder actuar sin precipitarme por la angustia de no tener todo controlado.
En primer lugar, quedaría con mi pasaporte al éxito. Era mi prioridad. Quedar en algún sitio a tomar una copa con el empresario “atrevido” e intentar llevarle a mi terreno.
Una vez conseguido el objetivo tendría que llamar a Clara para que enviase el informe completo a este buen señor comparándolo con los resultados de Sofía, algo que ya teníamos prácticamente terminado. Con un solo clic destruiríamos la carrera de nuestra jefa.
Asier estaría muy ocupado durante estos días en la empresa pavoneándose sobre el contrato que habíamos conseguido y haciendo sufrir a Sofía un poquito más de lo necesario para hacerle pagar todo el daño que le había hecho durante años.
Y, por último, yo. Durante muchos años me he aferrado a la idea de que la suerte no existe y que solo llegas al éxito si eres constante y trabajador.
Pero ahora estaban sucediendo una serie de acontecimientos en mi vida que me hacían creer lo contrario y tenía que aprovecharlo.
Comenzaba mi trabajo hacia mi nuevo destino.
A partir de ahora y en un par de días me olvidaría por completo de mi mundo para crear mi nueva vida. La nueva Zoe había resurgido de sus cenizas.
—Estoy deseando verte… ¿Qué te parece si nos vemos esta noche para tomar unas copas y te doy tu regalo? —Escribí a mi ejecutivo admirador.
Al dejar mensajes escritos tenía que ser lo suficientemente cauta para que en las conversaciones no mostrasen ninguna de mis pretensiones empresariales.
No habían pasado ni treinta segundos cuando una notificación saltó en mi móvil.
—Yo también, no sabes las ganas que tengo, solo deseo que llegue ese día, pero hoy y mañana estoy muy ocupado. Si tengo algún rato libre te aviso, pero te puedo asegurar que será cuanto antes. Espero que el regalo que me tienes preparado cumpla todas mis expectativas.
Uff, ese hombre estaba deseando verme, pero su idea era otra evidentemente. Bueno, si algo me habían dado estos últimos meses es que me habían enseñado a lidiar con muchas situaciones difíciles, y, lo que antes para mí se hacía un mundo, ahora podía capearlo perfectamente.
—Avísame cuando estés disponible. Bs.
Clara, fría y escueta. Así debía mostrarme a partir de ahora.
Sobre todo, para no sufrir la decepción de la gente.
A veces abrimos nuestro corazón pensando en que vamos a recibir todo lo que damos, pero quizás esa forma de ser nos hace débiles ante los demás y nuestras vidas se convierten en un camino de mayor sufrimiento que el resto de los mortales…
Sinceramente, no me apetecía dejar este fleco abierto antes de quedar con Marc porque si veía que conectábamos dejaría rienda suelta a mi imaginación para estar con él el mayor tiempo posible viviendo nuestro amor apartado de toda la humanidad, pero bueno, tendría que dejar en manos de Clara este asunto y quedar con él cuando pudiese.
—¿A qué hora llega tu avión? —Escribí repentinamente a Marc.
Al instante borré la conversación. Es que soy tonta, si está ya de camino no va a leer el mensaje hasta que no llegue a Madrid, voy a ver cuándo llega el vuelo de Manhattan.
La aerolínea indicaba que el vuelo llegaría sobre las 11.
25, así que, si Marc quería quedar lo antes posible conmigo, tendría que ser aproximadamente a partir de las cuatro o las cinco de la tarde.
¡Perfecto! Disponía de alguna hora antes para quedar con Clara, llamar a Sofía para contarle cómo había ido nuestro viaje a Barcelona y avisar a Asier de que mi suegra estaba en el hospital, que estaría cinco días desaparecida de la empresa y que podría disfrutar de mí dentro de una semana.