CAPÍTULO 44
Cuando llegué a casa los niños estaban ansiosos en la puerta esperando a recibirme. Los vi y se me saltaron las lágrimas. Habían sido unos días llenos de sentimientos intensos con Asier, pero nada comparable a lo que sentía por mis hijos.
Hermes y Apolo se lanzaron hacia mí y rodearon mi cuello con sus pequeños brazos. Estaban empezando a entrar en la adolescencia, pero todavía eran unos niños. Mis niños. Cuando les abracé sentí un sentimiento de paz reconfortante.
La vuelta al hogar es lo mejor cuando eres querido.
Pero en mi relación con Alfonso llevaba años que no era querida.
Sentía un vacío difícil de llenar. Él estaba muy ocupado con su trabajo y me sentía como un objeto dedicado al cuidado de los hijos y a las labores del hogar.
Afortunadamente los niños ya eran autosuficientes y me permitían empezar a vivir mi vida, esa vida que se había detenido en el momento en que habían nacido ellos.
Era una paradoja, aunque no cambiaría nada de lo que había vivido hasta ahora, y menos a ellos.
—¿Y papá? —Qué raro que Alfonso no hubiese salido a saludarme. Nuestra relación era distante pero no como para un cordial saludo y un beso.
—Ha ido a casa de la abuela, que se ha caído y la llevan al hospital.
—¿Y por qué no me ha dicho nada? ¿Es que soy un cero a la izquierda? —Me sentí decepcionada. Ni siquiera me había enviado un mensaje para decir que mi suegra se había caído.
—Ha dicho que cuando vinieses te lo dijésemos.
—Voy a llamar a papá y me voy inmediatamente para allí. ¿Os podéis quedar solos?
—Sí, no te preocupes ya somos mayores.
—Uff, eso espero, chicos.
Cogí el bolso y mientras cerraba la puerta marqué el teléfono de Alfonso. Apagado o fuera de cobertura.
«Mierda, el mejor momento para que no me coja el móvil», pensé.
Volví a marcar un par de veces y nada. Posiblemente estarían dentro del hospital y lo tendría apagado.
Tengo olvidada a Sandy, no he sabido nada de ella en estos días y tampoco he tenido tiempo para contarle nada sobre lo que ha pasado con Asier.
Necesito que venga cuando quede con el cliente porque va a querer que me vaya con él a la cama y eso es lo que menos me apetece hacer, tener que darle largas a un tío que me puede proporcionar mi segundo pase al éxito y la ruina completa de Sofía.
Ahora no tenía tiempo de hablar con ella, así que le envié un audio explicándole a grandes rasgos lo que había sucedido con Asier en Barcelona y mi nueva teoría creada a raíz de las últimas palabras de él sobre nuestra jefa. Seguro que Sandy iba a dar luz a esa idea mía descabellada.
Abrí el móvil para escribirle el mensaje y de pronto apareció una notificación de Marc:
Hola Zoe, mañana vuelo a Madrid, tengo tantas ganas de que verte. No sé qué hacer cuando te veré.
¿Y cuál son las opciones? —contesté al momento. Este era el inicio de una de las conversaciones que habíamos mantenido al inicio de nuestra relación.
—Besarte o tocarte —contestó con las mismas palabras que había pronunciado yo hace semanas.
—¿Besarte, tocar, cómo? —Esta era la pregunta que él me había hecho.
—Pues besarte en a cara, los brazos, sentir tu piel sentirte a ti. Bueno, no sé, haré lo primero que me apetezca. —Esa conversación había sido grabada para siempre en nuestros corazones.
Era increíble cómo Marc estaba reproduciendo palabra a palabra ese momento mágico que vivimos durante los cinco minutos que apenas duró nuestra conversación por mensaje.
—¿Alguna vez has vivido algo parecido? —Volví a preguntar.
—Yo no. Pero es real, que vas a hacer conmigo Zoe yo sueño cada noche tocar y sentirte.
—Me parece tan bonito, Marc, lo que estoy viviendo contigo que para mí ya ha merecido la pena pase lo que pase. Te espero en Madrid, avísame cuando llegues. Bs
El círculo se había completado. Un círculo de un amor platónico que se había creado en esa nube que gestiona información infinita, que comparte datos de empresas de todo el mundo, que reparte recursos de todas las partes del planeta y que gestiona emociones entre dos personas que se han conocido una gélida noche de invierno en un local.
Dos seres que conectan como dos almas gemelas perdidas en el infinito y que buscan un cariño que encuentran en esa amalgama de algoritmos, números y fórmulas indescifrables para corazones destruidos por el amor.
«Nada. Imposible contactar con este hombre, y ni siquiera me ha enviado un mensaje».
Seguía intentando contactar con Alfonso pero era imposible.
Ya veo lo que importo en su vida. Realmente yo creo que si no estuviese en ella le daría igual.
Tampoco ha mostrado nunca ninguna efusividad ni por mi trabajo, ni por mis ilusiones, ni siquiera cuando cambiaba de peinado.
Era un ser impasible ante una Zoe que cada vez se había hecho más pequeña y miserable.
En fin, eso era algo que ya me importaba poco. Ahora lo importante eran mis hijos, mi carrera laboral y mi cita con Marc. Esos eran los tres objetivos que tenía que cumplir en mi vida.