Atrapados en la nube CAPÍTULO 42
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CAPÍTULO 42

—¿Qué demonios es eso? ¿Es que quieres que desde primera hora tenga mala leche? —reproché a Asier.

—Es que, si no, no me levanto, y más si estoy con una mujer como tú a mi lado, Zoe.

—No sé qué parte de lo que estoy viviendo contigo es verdad y cuál solamente se ha creado en mi imaginación Asier. Estoy viviendo un sueño contigo, espero que no me lleves al cielo para luego tirarme al abismo de Dante.

—Ja, ja, ja… —Le salió la risa irónica—. Si estoy contigo es porque quiero y sabes que es verdad, disfrutemos del momento que es lo que importa.

—Me quedaría contigo aquí todo el día, pero tenemos que coger un avión y volver a la oficina, que nos espera Sofía.

Temía el momento de ver de nuevo a Sofía y más después de lo que Asier me había dejado entrever.

Seguramente sospechaba que entre él y yo había habido algo, y mejor que no supiese nada porque no sabíamos cómo se lo iba a tomar.

Tenía que hablar con Clara y contárselo.

Necesitaba que alguien supiese que Asier y yo estábamos juntos.

Las miradas nos delataban e iba a ser muy duro en la oficina poder tratarnos como un jefe y una empleada más.

A pesar de la aparente frialdad que Asier pudiese tener normalmente, ese viaje le había cambiado por completo. Se veía un hombre muy seguro de sí mismo e irradiaba felicidad y eso era algo que no iba a pasar desapercibido en cuanto llegase a la oficina.

Bajamos a desayunar juntos y Clara ya estaba esperándonos en la cafetería. Intenté averiguar si en su mirada o en alguno de sus gestos había algo de sorpresa, pero por el contrario noté que ya intuía que entre Asier y yo había pasado algo.

—Buenos días, Clara. —Me acerqué a ella y le di un beso en la frente.

—¿Qué tal has dormido, Zoe? —Me sonrió pícaramente.

—Ehhh, bien, bueno, qué te voy a contar. —No sabía muy bien qué decirle porque sabía perfectamente lo que Asier y yo habíamos estado haciendo.

Los tres nos sentamos a desayunar.

Me encantaban los desayunos en los que podías coger todo lo que quisieras sin tener que pedir permiso, pero, el empezar a sentir cosquillas en el estómago era lo que tenía: el hambre había desaparecido en mí por completo y el culpable de ello era Asier.

En casa, cuando tenía ansiedad, no hacía más que comer. Abría la nevera y arrasaba con todo lo que había sin piedad. Cuando terminaba de engullir todo lo que podía me sentía culpable y no paraba de autoflagelarme con la idea de no gustar a nadie por estar como una ballena.

A veces nuestra cabeza nos juega malas pasadas y vemos en el espejo una imagen deformada de nosotros mismos.

En definitiva, ese reflejo en el espejo es el reflejo de nuestras almas, almas heridas por el amor, la incertidumbre, el miedo, la ira o la falta de autoestima.

Y eso es lo que nos va minando poco a poco.

Pequeños cristales que se van clavando en nuestros cuerpos hasta que terminan por destrozar nuestras vidas.

Pero Asier había hecho que viese de nuevo lo bonita que es la vida y que hay que vivir cada instante como si fuese el último.

Cogí un par de tostadas, un zumo de naranja y un café y regresé a la mesa con ellos.

—Como ayer no pudimos intercambiar ideas lo haremos hoy en el desayuno. —Asier hablaba con toda naturalidad como si no hubiera pasado nada entre nosotros.

A mí, en cambio, me daba mucha vergüenza estar los tres juntos porque no dejaba de pensar en que estaría pasando por la cabeza de Clara.

—Clara, impresiones de ayer. Esta mañana nos darán el veredicto del proyecto, pero yo creo que es nuestro.

Hablé con mi amigo y han quedado bastante impresionados con el giro que hemos dado al producto.

Si va bien nos darán más campañas, bueno, eso espero, porque sería el pelotazo que necesitamos en este momento.

—¿Has hablado con Sofía? —pregunté sabiendo su respuesta de antemano.

—No, cuando firmemos el contrato contactaré con ella. Clara, ¿a ti te ha llamado?

—Sí, varias veces. Ha estado insistiendo, pero le he enviado un mensaje diciendo que estábamos reunidos y no podía atenderla, que estaba todo bien.

—De acuerdo. Sofía no puede saber nada hasta que firmemos. De hecho, no le he facilitado el número de teléfono del cliente para que no pueda interferir en la operación.

La luz de mi teléfono móvil empezó a parpadear y la pantalla se iluminó con una notificación. Marc había enviado un mensaje. El teléfono estaba colocado encima de la mesa así que Clara y Asier pudieron ver perfectamente la foto de él y su nombre.

Enseguida cogí el dispositivo y le di la vuelta.

—Es el padre de uno de los niños del cole de mis hijos. Querrá que hagan algo juntos. —La explicación que estaba dando resultaba totalmente absurda. De hecho, noté como ninguno de los dos daban por cierta la excusa que acababa de darles.

—¿Y es extranjero? —Asier daba el primer paso para pillarme en mi mentira.

—Ehh —dudé por un momento—. Creo que sí, pero la verdad es que siempre he hablado con él por mensajes así que no sé muy bien si es español o no.

La conversación había quedado zanjada con esto. Seguramente Asier volvería a preguntar por ello. Con la cara que se había quedado no iba a quedarse con la duda de si ese hombre era algo más en mi vida o simplemente un padre del colegio de mis hijos.

—La reunión es a las 10.00. Os espero a las 9.30 en el hall del hotel. —Asier se levantó y agarró fuertemente la taza de café y se dirigió a la salida.

—Cuéntame qué tal con él. —Clara parecía emocionada por conocer todos los detalles de nuestra historia.

—Ha sido maravilloso. Nunca pensé que Asier se iba a fijar en una mujer como yo.

Nunca creí que viviría este momento tan maravilloso con él en Barcelona.

Clara —quería abrir mis sentimientos a la mujer que había confiado en mí—, tengo miedo, mucho miedo.

Mi vida está cambiando muy rápido y no quiero enamorarme locamente de él porque sé que me va a hacer mucho daño.

Y otra cosa te digo, tengo que decidir qué camino voy a seguir en mi vida.

Si parto de cero y voy a por todas o si sigo el resto de mi vida sin encontrar la felicidad y elijo un destino que no es el que quiero.

—Zoe. —Clara me clavó su mirada y sus ojos comenzaron a humedecerse—.

Mi vida ha sido siempre estar al servicio de los demás.

Nunca he pensado en mí y la gente se ha aprovechado de eso.

Muchas veces he pensado en lanzarme a la piscina y romper con mi vida anterior pero no me veo.

No tengo ni el carácter suficiente para mandar todo a la mierda ni el carisma que veo en ti.

Sé que me estoy perdiendo muchas cosas, pero es lo que he elegido y me da mucha pereza empezar un nuevo camino que no sé dónde me va a llevar.

Su cara reflejaba la impotencia de un destino del que no podía ni quería escapar.

Luchar por tus sueños supone ir contracorriente y Clara no iba a dar un paso en falso, pero en cambio me animaba a que lo hiciese yo.

Ella veía en mí el reflejo de lo que quería ser y nunca se iba a atrever.

En esos momentos agradecí que abriera sus sentimientos y no justificara sus acciones.

Acababa de asumir su destino y no iba a cambiar nada de su vida.

—Zoe —Clara prosiguió con su discurso—, tú eres una persona llena de vida, sabes lo que quieres y estos años has estado viviendo en una jaula de cristal.

Como amiga te digo que luches por tus sueños, sigue adelante y no pienses si el camino que has elegido es el correcto porque durante muchos años ese camino ha sido el que te han marcado sin poder decidir tu futuro.

Vuela Zoe, y haz que con tu vuelo muchas mujeres nos podamos sentir con fuerza para abrir un nuevo camino en nuestras vidas.

Sus palabras me dejaron impactada. Nunca había visto a Clara con ese ímpetu y esa seguridad al expresarse.

Me levanté y nos fundimos en un abrazo. Volví a sentir su corazón latir de nuevo y me emocioné.

Acababa de descubrir a la verdadera Clara, una mujer apasionada y prisionera, pero a la vez frágil y soñadora de historias que sabía que nunca iban a hacerse realidad en su vida.

—Uff. Me he quedado hecha polvo. Voy a subir un momento a por mis cosas. Espérame aquí.

Mientras me dirigía a la habitación pensé de nuevo en las palabras de Clara y en lo que suponía el que yo formase parte de su vida.

Me había dado la impresión de haber activado en su cabeza los mecanismos que le iban a hacer pensar si realmente esa era la vida que quería llevar y qué es lo que podía hacer para cambiarla.

En el ascensor abrí la aplicación de mensajería. Había dejado a Marc aparcado hasta que encontrase un minuto a solas para poder escribirle.

Cuando abrí el mensaje me quedé perpleja. No eran las típicas frases cortas y rápidas que habíamos estado intercambiando a lo largo de nuestra relación. Había escrito un documento para descargar y yo era la destinataria del mismo.

Una sensación extraña se apoderó de mí. Enseguida el pánico y la desazón se apoderaron de mi cuerpo y comencé a sudar.

No quería que lo que pudiese haber en esas letras influyese en mi estado de ánimo en la reunión.

Podía acabar destrozada emocionalmente y con la angustia de haber tirado por la borda varios meses con Marc.

La curiosidad pudo más y mi dedo índice pulsó el documento para descargarlo:

Zoe

I´m so nervious, muy nervioso. No sé si quiero dar este paso. I want to see u. Tengo miedo.

Soy un hombre de negocios y lucho con hombres rudos durante mi vida, pero sé cómo hacer tratos con ello. But… esto que viviendo contigo, es algo nuevo y no sé cómo hacer.

Me gustas mucho you´re so sexy estos meses es una película. Ha sido increíble.

Cuando viaje a Madrid voy a conocerte. Iremos a tomar unas copas, a charlar y a bailar y ya veremos lo que pasa entre nosotros.

Con las mujeres no he tenido mucha suerte, para mí el trabajo es lo primero, es lo que he hecho durante toda mi vida y la he construido así. Es mi vida y mi negocio.

Prefiero decir a tú esto antes de vernos. Nunca antes he tenido algo así. Nunca. Tengo miedo, mucho miedo y me hace huir para no sentir algo así.

Nos vemos en unos días XX Marc

Ahora no era el momento de expresar sus sentimientos y sus miedos. Ahora no, me esperaba el pasaporte a mi futuro laboral. No podía permitirme ni un segundo para pensar en lo que acababa de leer.