Atrapados en la nube CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Sofía no había dejado de enviar mensajes a lo largo del día.

Parecía impaciente y esperaba que le diésemos el feedback de la reunión cuanto antes, pero Asier había ordenado que no cogiéramos el teléfono si era ella y que no diésemos ningún detalle de la reunión sin su permiso.

Tampoco me apetecía que controlase todos nuestros movimientos desde la distancia.

Clara había llamado también un par de veces, pero solo me apetecía disfrutar de Asier en estos momentos.

—¿Qué vamos a hacer con Sofía? —Quería saber si ya podíamos contactar con ella. Al fin y al cabo, era nuestra jefa y se merecía un respeto por parte de sus trabajadores.

—Que se vaya a la mierda —dijo tajante Asier—. Ya me ha quitado protagonismo durante mucho tiempo, como salga este proyecto voy a ir a por ella, no voy a tener piedad.

Algo que se me escapaba había pasado entre los dos.

El monstruo de la ira había salido a la luz en Asier y eso era porque ella le había hecho daño de alguna forma y tenía que averiguar el porqué.

En la oficina la relación entre ambos parecía cordial dentro de la distancia que mantenían entre los dos, pero ahora se habían despertado en él ese sentimiento de odio que había contenido durante tanto tiempo.

—¿Te puedo hacer una pregunta personal? —No sabía cómo sacar el tema ni si él quería contarme algo de lo que había pasado con Sofía.

—Depende —contestó tajante.

—No sé qué demonios habrá pasado entre Sofía y tú, pero no creo que se limite solo al ámbito laboral.

Aquí hay sentimientos de por medio y sé que es meterme donde no me llaman, pero quiero que estés bien y me cuentes si estás emocionalmente tocado o quieres mantener la distancia con ella porque te ha hecho algo.

—Creo que no debes saber más de lo estrictamente necesario, Zoe, por tu bien.

Sofía puede hacer mucho daño, de hecho, conmigo ya lo ha hecho y si se entera de que tú y yo hemos estado juntos no quiero pensar qué podría ser capaz de hacer.

A mí ya me ha destruido y tengo que remontar, no dejes que haga lo mismo contigo, por favor.

—Pero, ¿de qué hablas, Asier? Me estás preocupando. No la veo capaz de llegar hasta donde tú dices.

Volvió a sonar mi teléfono. Era un número oculto. No sabía si descolgar o no porque si fuese Sofía me iba a meter en un embrollo, pero tenía que arriesgarme.

—¿Sí, quién es? —descolgué el teléfono y contesté con la voz temblorosa.

—Hola, preciosa.

En un momento mi corazón pasó de cero a cien.

Había reconocido perfectamente esa voz. Era el empresario del Recoletos Jazz Club.

No sabía dónde meterme. Asier tumbado en la cama esperando a que colgara el teléfono para darnos otro revolcón, y al otro lado del teléfono el señor esperando a que contestase, quizás porque había quedado con él en que le iba a enviar una nueva propuesta sobre el proyecto que me había robado Sofia o porque simplemente quería oír mi voz e iniciar una conversación erótica conmigo.

—¿Me puede llamar en diez minutos, por favor? Estoy en una reunión.

—Por supuesto, cariño, estaré esperando impaciente.

—Muchas gracias.

Colgué rápidamente el teléfono y noté un calor extremo por todo mi cuerpo. Nadie debía saber mi estrategia y menos el hombre que estaba desnudo a mi lado.

—¿Va todo bien? —preguntó Asier incorporándose de la cama.

—Sí, nada, el tutor del colegio de los niños, que quiere hablar conmigo un momento, que era urgente. Le he dicho que me llame en diez minutos.

—Los niños, solamente dan problemas, por eso nunca me he planteado el tenerlos. —Esa respuesta era la que me cuadraba de mi jefe, un seductor cuya única motivación era el trabajo y las mujeres.

—¿Te importa si me visto y voy un momento al hall a hablar con él? Creo que terminaré pronto.

—Si te parece voy a avisar a Clara y nos vemos en media hora abajo para el tema de la reunión. Así matamos dos pájaros de un tiro. Y esta noche podemos terminar lo que hemos empezado ahora, si te parece.

—¡Genial! —Me acerqué y le besé efusivamente.

—Zoe, me tienes loco, nunca pensé que serías así —dijo cogiéndome de la cintura y arrastrándome de nuevo hacia su boca.

—Nos vemos en un rato, jefe.

Salí disparada hacia el hall, tenía diez minutos para aclarar mis ideas e intentar definir la estrategia con este señor. Por supuesto que él iba a intentar seducirme y llevarme a su terreno, pero tenía que ser inteligente y llevarle al mío para que aceptase sí o sí mi proyecto.

Me dirigí a la sala de ordenadores de la planta baja. «Venga, Zoe, tienes que hacerlo ya. Mientras esperas la llamada de este tipo métete en el Drive, coge toda la información que te dio Clara y toda la tuya. Tienes que definir la estrategia y confirmar una cita con este señor lo antes posible».

Mientras abría el Drive pensé en las oportunidades que me estaba brindando la vida sin esperarlas.

Durante muchos años me había blindado a un nuevo mundo sin pensar que eso estaba apagando mi vida.

Me había ido haciendo pequeña poco a poco y convirtiéndome en una persona gris y sin energía, pero de repente la luz vino de nuevo sacando todo lo que llevaba dentro de mí y permitiendo dar a conocer a los demás mi verdadero potencial.

Una mano me golpeó suavemente el hombro:

—Zoe, ¿qué haces aquí? —Clara había llegado antes de tiempo.

—Clara, me tienes que ayudar. Tenemos cinco minutos para contrastar la información que te pedí sobre el proyecto que me robó Sofía y el mío. Necesito ver la información en un gráfico para ir contándosela al cliente y tú eres experta en ello. ¿Me la puedes sacar?

—Por supuesto, Zoe, en un minuto la tienes.

Clara se sentó a mi lado y abrió el informe que presentó Sofía. En un momento había sacado un cuadrante con datos, gráficos y estrategia económica del mismo. Hizo lo mismo con el mío.

—¿Tienen impresora? —Miró hacia la recepción—. Creo que es aquella. Zoe, porfi, acércate allí y dile que la habiliten —me pidió dirigiendo la mirada donde estaba el aparato.

Me acerqué corriendo. No teníamos tiempo y el cliente llamaría de un momento a otro.

Por lo menos tenía que tener los dos gráficos para ir contrastando la información mientras hablaba con él.

Tenía que vender humo, esa era mi misión, vender humo seduciendo a una persona que dominaba el mundo empresarial a las mil maravillas.

—¿Por favor? —pregunté a la chica de recepción—. Tenemos que imprimir urgentemente dos documentos, ¿los puede mandar a esta impresora?

—Por supuesto, espere que la encienda y que los envíe ya.

El teléfono comenzó a vibrar. Era él.

—Estaba esperando tu llamada. —Comencé la conversación de una manera seductora—. ¿No has podido esperar a que te llamase? Me has sorprendido gratamente.

Nunca había hecho esto, pero ya era hora de aprovecharme de los hombres y sacar todo el beneficio que pudiese de ellos.

Mi objetivo ahora era hacernos ver. Clara era un portento de mujer, siempre en la sombra, y yo, una mujer en la oscuridad del abismo del olvido laboral.

Las dos, cada una a su modo, habíamos permanecido en el inframundo social y ya era hora de sacar a flote nuestra verdadera valía.

Tenía que ser breve y dejar claro en cinco minutos que mi proyecto era mucho mejor que el de Sofía y que, si aceptaba el proyecto de ella, al final iba a perder dinero.

Mientras hablaba con él me dirigí hacia una zona apartada al final de la sala buscando intimidad. Nadie excepto Clara podía saber nada de esto y menos que Asier me viese con un par de gráficos y el teléfono en la mano en las manos.

—Perfecto, cuando vuelva a Madrid te llamo y quedamos para que te enseñe el presupuesto con el que contamos y el beneficio que obtendrías con ello. Besos, y esta noche piensa en mí… je, je.

Colgué el teléfono y fui donde estaba Clara. Se había acomodado en unos sillones frente a la televisión y tenía los ojos cerrados.

—Clara, Clara despierta, tengo que contarte y tienes que ayudarme.

—Mientras la zarandeaba tiernamente para que pusiera a trabajar sus cinco sentidos cuanto antes—.

Esto va a ser una cosa entre las dos. Es la oportunidad de hacernos valer y de salir del fango.

Clara me miraba con ojos de incredulidad mientras le relataba la historia.

Si pudiera haber entrado en su mente habría visto sus neuronas en colisión al pensar que yo, Zoe Valdés, estaba hablando de esa forma.

Parecía no salir de su asombro al conocer mi relato y mi estrategia para llevarlo a cabo.

Cuando terminé de contarle el plan me abrazó.

—Zoe, eres mi diosa, cuenta conmigo para lo que quieras.

Te voy a ayudar. Eres diferente al resto de personas, porque tú, y solo tú, en los momentos más complicados te haces más fuerte.

Me has demostrado que siempre has estado y estarás ahí y que te importan las personas, no el dinero, por eso tienes mi fidelidad por y para siempre.

Nos fundimos en un abrazo infinito. Clara y yo habíamos creado un vínculo indivisible para el resto de nuestras vidas.