CAPÍTULO 40
Sonó el teléfono en mitad de la noche y me desperté sobresaltada.
Asier yacía junto a mí durmiendo y no se enteró de la llamada.
Tenía el teléfono en la mesilla de noche y no me dio tiempo a coger la llamada a tiempo.
Vi la pantalla del móvil y de pronto me dio un vuelco el corazón.
¿Marc? ¿Qué querría? ¿Le habría pasado algo?
Me asusté y empecé a escribir un mensaje, pero vi que estaba en línea y escribiendo.
—Perdona que te haya llamado, estoy contento. Dos semanas y estaré en Madrid. Deseando conocerte y que nos demos ese beso que esperamos. XXX
No sabía qué contestar. Me había dejado en shock.
El hombre de mi vida venía en dos semanas y quería conocerme.
De pronto me sentí aterrorizada con la idea de verle.
¿Y si no le gusto? ¿Y si él no es lo que espero?
¿Sabré que es él o me encontraré a una persona completamente diferente a las pocas imágenes que ha compartido conmigo?
Asier se incorporó de la cama y me besó suavemente el cuello.
—Estás sudando Zoe, ¿te pasa algo?
—No te preocupes, es que tengo mucho calor y me he levantado a darme una ducha. ¿Quieres que volvamos a sentir como el agua recorre nuestros cuerpos?
—¡Por supuesto! ¡Es lo que más deseo! —dijo eufórico mientras me cogía en brazos y me llevaba de nuevo a la ducha para disfrutar de los placeres de la vida.
Tendría que esperar que Asier estuviese distraído para enviarle un mensaje a Marc. Había visto el tic de leído y me preocupaba que pensase que no estaba interesada en que viniese o que me hubiese echado atrás y no quisiera saber nada más.
Por supuesto que quería conocerle. Mi relación con Asier era, de momento, puramente sexual, y la atracción que teníamos era muy grande, pero en el fondo no me inspiraba confianza.
En cambio, con Marc había idealizado el concepto de amor.
Para mí ese hombre describía perfectamente la definición de enamoramiento.
Marc era una persona que mostraba los sentimientos más puros que yo había creado en mi mente.
En realidad, no sabía nada de su vida, ciertas pinceladas por su trabajo como empresario al que dedicaba prácticamente las veinticuatro horas del día, una persona con gran ambición por conseguir proyectos nuevos y por superarse a sí mismo y bastante racional, todo lo contrario a mí.
Marc era mi sueño que se había desplomado en el momento en el que me dijo que lo importante en su vida era su trabajo y todo aquello que había construido en base a él.
Ahora él era mi juego, pero un juego por el que yo sabía llevarle hasta hacer que, en ocasiones, esa parte racional se perdiera y floreciese en él una parte romántica que es la que yo quería tener.
Tras la ducha volvimos los dos abrazados envueltos en la misma toalla a la cama fundidos en un solo cuerpo y con ganas de estar abrazados de nuevo. En cuanto noté que Asier desplomaba su cabeza sobre mi hombro cogí el móvil.
—Es lo que más he estado deseando estos meses Marc…
—Iba a escribir todo lo que pensaba en un momento antes de que Asier se despertase—.
Quiero que nos encontremos y volver a pensar en esa conversación que tuvimos al principio de nuestra relación cuando soñábamos en lo que íbamos a hacer la primera vez que nos viésemos.
Tengo algo guardado para ti y he esperado mucho tiempo este momento para dártelo.
Deseo verte pronto con la esperanza de que esto vaya mucho más allá de un encuentro en un lugar y en un tiempo determinados.
Bs
Cerré la aplicación de mensajes y volví junto a los brazos de Asier.
Tenía cierto sentimiento de culpa. Por un lado, estaba viviendo con mi jefe una pasión desenfrenada de la que no me apetecía despertar, y por otro, quería sentir con Marc ese sentimiento de conocer a una persona con la que has estado compartiendo confidencias durante mucho tiempo, pero de la que en realidad no sabes nada.
No podía dormir. Me levanté y me puse el albornoz.
El calor que habían provocado nuestros cuerpos se había desvanecido lentamente.
Tomé una copa de vino y me acerqué al gran ventanal de la habitación a contemplar como los destellos de los coches iluminaban las calles de la gran ciudad.
En ese momento me sentí perdida en un cúmulo de sentimientos que no entendía.
Sentí los brazos de Asier rodeando mi cintura. Me di la vuelta y le besé. Tenía que vivir el momento sin pensar en lo que pudiese suceder mañana, porque quizás ese mañana no iba a llegar nunca.