Atrapados en la nube CAPÍTULO 39
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CAPÍTULO 39

Marc se había quedado con el calentón correspondiente y yo no tenía ningún cargo de conciencia.

Parecía mentira que me estuviese transformando de esa forma y en el fondo sentía que Marc tuviese que pagar esto, pero en cierto modo se lo merecía.

Había jugado con mis sentimientos haciéndome sentir como una tonta enamorada y sin saber que había puesto mi vida patas arriba.

Antes de meterme en la bañera llamé a mis hijos para ver qué tal habían pasado el día. Alfonso me había enviado un escueto mensaje deseándome buena suerte al comienzo de la mañana y un “cómo ha ido la reunión” media hora después de finalizar la misma.

Mi pareja sentía algo por mí, eso era innegable.

Pero me quería como algo que estaba en su vida y que hacía que esta fuese mucho más fácil para él.

Nuestro amor se había ido transformando a lo largo del tiempo.

Y es que el tiempo influye en el amor como un principio físico: no lo crea ni lo destruye, solo lo transforma.

Los niños no contestaron a mi llamada. Estarían entretenidos jugando a la consola con sus amigos, estos días para ellos eran de auténtica fiesta porque la que ponía siempre las normas en casa era yo.

Era agotador tener que estar en una lucha diaria con dos pequeños contrincantes que te hacían perder los nervios hasta límites insospechados.

Me metí en la bañera y experimenté un sentimiento de paz que me hizo sentir el placer absoluto de la soledad.

Cerré los ojos y decidí no pensar en nada.

Solo en mí. Comencé a notar que la sangre iba recorriendo todas las partes de mi cuerpo y mi corazón bombeando fuertemente ese torrente de emociones que había vivido el día de hoy.

No sé cuánto tiempo pude permanecer dormida pero un fuerte golpe sacudió mi cabeza de repente.

Alguien estaba tocando a la puerta de la habitación con los nudillos.

—¡Zoe estás bien! Abre la puerta por favor.

Me levanté sobresaltada y envolví mi cuerpo rápidamente con una toalla.

—Ya voy, ya voy… —Mi corazón había vuelto a agitarse de nuevo.

Abrí la puerta y vi a Asier con la cara desencajada.

—¡Zoe! ¡Dios mío! ¿Por qué no has contestado? ¿Y el teléfono? ¿No oyes las llamadas? —Me agarró de los hombros y empezó a zarandearme.

No entendía nada. Me acababa de despertar sobresaltada de un sueño que no quería terminar y me encuentro a un hombre invadido por el pánico porque creía que me había pasado algo.

Por un momento se detuvo el tiempo. Nos miramos y Asier se acercó y me besó.

Un beso tan profundo que hizo que me sintiera abrumada.

Separé mis labios de los suyos y miré fijamente sus ojos.

La atracción era mutua y decidí dejarme llevar por lo que sentía y besarle de nuevo fundiendo nuestros labios en una pasión irrefrenable.

La toalla que cubría mi cuerpo se deslizó suavemente hasta caer al suelo. Estaba completamente desnuda frente al hombre que conseguía llevarme al límite y sentí cómo por primera vez Asier me miraba con deseo y admiración.

Me acerqué a él y le quité la chaqueta. Aún llevaba el traje con el que había ido a la reunión. Desabroché lentamente su camisa y noté la fuerza que transmitían esos brazos bien definidos y musculosos.

Mientras él se quitaba el pantalón rápidamente comencé a besar su cuello lentamente rozando cada centímetro de su piel y probando cada una de las partes que componían su atlética anatomía.

—Asier, voy a ir a la ducha y quiero que vengas conmigo.

Sentiremos cómo el agua cae sobre nuestros cuerpos y cómo las gotas de agua traspasan nuestra piel mientras sentimos el fuego de nuestros cuerpos fundidos en uno.

Mi sueño iba a hacerse realidad, pero el protagonista de mi historia iba a ser otro.

Cogí una de sus manos y nos fuimos a la ducha mientras él con la otra recorría mi espalda delicadamente. El agua comenzó a golpear nuestros cuerpos mientras nuestras bocas no permitían estar separadas ni un segundo.

—¿Por qué nos hemos hecho tanto daño, Asier? —susurré suavemente en su oreja mientras él me besaba el cuello.

—Zoe, no hagas preguntas en este momento, ahora no —respondió mientras notaba que empezaba a dirigir sus movimientos hacia otras partes de mi cuerpo.

—Voy a hacer que recuerdes este día por siempre, Zoe Valdés. —Por fin Asier había dado rienda suelta a su pasión y los dos estábamos sobrios por eso, lo que viviésemos en ese momento sería recordado el resto de nuestras vidas.

Cerré los ojos y me dejé llevar por el instinto. Notaba como Asier iba recorriendo todo mi cuerpo como si se tratase de un preciado objeto de coleccionista.

—Quiero verte disfrutar de este momento, Zoe, y para mí verte así es el mayor placer que he sentido jamás, te lo puedo asegurar. —Sus palabras eran las de un hombre enamorado que por fin había poseído a la mujer de su vida y a mí me hicieron sentir la mujer más feliz del mundo.

Cruzamos juntos el cielo y me sentí dueña de todo ese magnetismo que Asier desprendía allá por donde iba.

Cuando terminamos nos quedamos tumbados uno frente a otro mirándonos a los ojos y descubriendo los amantes que estaban escondidos tras el cuerpo de Zoe y de Asier, dos almas afines que se habían reencontrado tras mucho tiempo evitando el amor.

Por primera vez desde hace mucho tiempo era feliz. Asier me abrazó y juntos estuvimos unos minutos en silencio, sintiendo el calor de nuestros cuerpos uno junto a otro hasta que nos quedamos dormidos.

Habrían pasado unos quince minutos cuando mi móvil empezó a vibrar. Era Clara que debía estar esperando impaciente en el hall del hotel.

—Dile que no te encuentras bien —susurró Asier mientras me besaba la espalda.

—Clara, estoy un poco mareada aún, he llamado a Asier para posponer nuestro encuentro, me voy a acostar un poco y yo creo que en un par de horas estaré lista.

Asier agitaba la cabeza de un lado a otro insistiendo con la mirada en que no quería tener esa reunión.

—Si estoy mejor, te aviso, ¿vale? —Y colgué rápidamente el teléfono.

—Me apetece estar toda la tarde contigo a solas, Zoe. Voy a llamar al servicio de habitaciones para pedir una botella de vino y disfrutarla tranquilamente en la cama contigo. ¿Te gusta el sushi?

—Pide lo que quieras, Asier, me tienes a tu entera disposición esta tarde. —Me acerqué a su cara y fui surcando su suave pelo con las dos manos.

—Hace mucho tiempo que no estaba tan tranquilo, Zoe, me estoy dando cuenta que tú estás a años luz de las mujeres con las que suelo quedar.

Asier en el fondo era un adulador. Por eso tenía tanto éxito con las mujeres. En las distancias cortas te hacía sentir la mujer más maravillosa del mundo cuando él quería y conseguía llevarte a su terreno para conseguir su fin, fuese empresarial o amoroso.

Lo malo de personas como él es que no sabes cuándo realmente siente algo por ti o cuándo te ve como un simple trofeo que quiere conseguir a toda costa y, cuando lo ha hecho, deja de perder valor.

Tenía que tener cuidado con lo que sentía por él porque si le mostraba mis verdaderos sentimientos podría llevarme a un abismo emocional del que sería casi imposible salir.

—¿Qué te ha parecido mi actuación? ¿Crees que les ha gustado como hemos planteado el proyecto? —Me interesaba mucho la opinión de Asier y, sobre todo, si había sacado información a su amigo después de la reunión.

—Sinceramente, creo que lo has hecho muy bien. No te he visto tan segura de ti misma en mi vida y te he visto brillar con luz propia. Me has encantado, Zoe, en serio.

Nunca me había sentido tan halagada en mi vida.

Parecía que el destino estaba poniendo las cosas en su lugar y que Asier se estaba empezando a dar cuenta de que dentro de mi cabeza había algo más que la lista de la compra, el ir a recoger a los niños al colegio y el preparar el menú semanal de casa.

—Servicio de habitaciones. —Detrás de la puerta se oía como un hombre colocaba una botella y unas copas en un pequeño carrito de bebidas y una bandeja de delicioso sushi para compartir—. Aquí tienen lo que han pedido.

—Hay que brindar por nosotros y por los negocios que a partir de ahora hagamos juntos —dijo Asier descorchando la botella de Raventós i Blanc de Nit del 2017.

El corcho de la botella despegó como si fuese un misil hacia el techo y los dos comenzamos a reír a carcajadas.

—Yo creo que seríamos muy buenos formando un equipo —sugería Asier mientras llenaba las dos copas. Me encanta verte reír Zoe—. Estaba pletórico y yo estaba empezando a encontrar en él a un amigo, más allá de la relación que pudiésemos tener o de lo que nos pudiese deparar el futuro.

Después de disfrutar del vino y de esas deliciosas piezas de sushi volví a besarle de nuevo. Probarle y disfrutar de él era un placer y saber que en ese momento era mío me hacía sentir una mujer empoderada.

—¿Llamamos ya a Clara? —Habíamos dado rienda suelta a nuestra imaginación sin pensar que la pobre chica estaría esperándonos para que entre todos pusiéramos en común las impresiones que habíamos tenido de la reunión.

—No me apetece —dijo tajantemente—. Ahora mismo no estoy para esas cosas. Quiero que volvamos a inventar otra escena de cama y que esta noche la pasemos juntos. Te quiero ahora por y para mí, Zoe, y buscaré tu cuerpo hasta que amanezca.

Sentí el calor del cuerpo de Asier sobre mi piel. Aquella noche iba a ser muy, muy larga.