CAPÍTULO 38
Mientras esperaba en el banco, una gitana se acercó a mí con una rama de olivo a leerme la buenaventura.
—No, gracias, no quiero saber nada del futuro. Ahora mismo me da igual lo que me pase.
—Anda con la paya que chula viene, toma esta ramita de olivo y dame tu mano que te voy a aconsejar lo que debes hacer porque creo que estás muy preocupada. —La mujer insistía incesantemente y me agarró la mano fuertemente para que no escapase.
—Señora, por favor, que no estoy hoy para nada —contesté de una forma fría y cortante.
—Hay mucho hombre en tu vida, ¿no? Bueno, bueno, aquí tienes de todo, vaya, vaya.
—Tome esto y de verdad déjeme en paz que no estoy para bromas. —Saqué el monedero y le di un par de monedas de dos euros—. No tengo más.
—Ten cuidado con lo que deseas porque el amor está más cerca de lo que crees y lo niegas. No busques a tu hombre perfecto fuera porque no existe y quédate un poquito más cerca que el envoltorio no refleja lo que realmente es.
En ese instante Asier y Clara salían del edificio de oficinas. Me levanté corriendo dejando a la gitana con la palabra en la boca.
—¿Os han dicho algo? —pregunté nerviosa.
—De momento nada, lo van a estudiar esta tarde y mañana nos dicen algo —comentó Asier—. Yo he salido con buenas vibraciones de allí a pesar del espectáculo fin de fiesta, que no estaba previsto.
—¿Qué tal vas, Zoe? —Clara estaba más preocupada por mí que por la firma del contrato.
—Bien, ya me encuentro bastante mejor, aunque voy a ir al hotel a ver si puedo descansar un poco, me he quedado sin energía.
—Nos vemos entonces allí —dijo Asier—. Voy a tomar algo con mi amigo y quedamos en el hall para ver las impresiones que nos ha transmitido la reunión.
—Zoe, ¿quieres que vaya contigo? —Clara me agarró las manos fuertemente porque sabía que no me encontraba bien—.
Quería hacer unas compras, pero lo puedo dejar para mañana y te acompaño para que no vayas sola.
—Clara, tú ve a gastar el sueldo de este año que creo que nos lo van a subir después de llevarnos este contrato. —Miré a Asier, que se ruborizó como un niño pequeño cuando es halagado por su madre.
Quería estar un rato a solas. Encontrar la sensación de paz que me producía estar ensimismada en mis pensamientos y dedicar una parte de ese tiempo a recordar pequeñas pinceladas de lo que había sucedido en la reunión. Tenía buenas vibraciones y la intuición de que esta vez iba a salir bien.
¿Y si era Sofía la que ejercía su influencia negativa en todos nosotros?
Mientras estaba exponiendo las líneas de nuestro proyecto por primera vez me había sentido libre, sin ataduras, sin dar cuentas a nadie de todos mis movimientos y sobre todo con la mirada de alguien que confiaba plenamente en mí: Asier.
Esta impresión también la había sentido en Clara. La veía feliz, completamente integrada en la empresa y siendo parte activa de un proyecto, no una simple secretaria que tapaba los agujeros de su jefa de la forma más pulcra posible para que no se notasen sus carencias.
Asier también estaba cambiado. Muy cambiado.
Se notaba más sereno al hablar, más amigable, quizás porque estaba lejos de la oficina.
Desde que Sofía había tomado las riendas de la empresa autoproclamándose hostigadora de humildes mortales, el papel de Asier se había convertido en secundario.
La sombra del ciprés es alargada y nos estaba ocultando a todos.
Cogí un taxi que me llevó a la puerta del hotel.
Me había aliviado bastante el paseo y había conseguido relajarme completamente.
Mientras subía a la habitación pensé en darme un baño.
¿Hace cuánto no me relajaba en una bañera?
Ya ni me acordaba. Yo creo que la última vez fue un fin de semana hacía como diez años, que salí con Sandy a romper la noche y alquilamos una habitación con un jacuzzi espectacular que nos hizo sentirnos princesas por un día.
Nada más entrar pensé en Marc. En estos días tan ajetreados se me había olvidado por completo escribirle.
A esta hora seguramente no estaría disponible, o quizás se encontraría cogiendo un avión a cualquier lugar del mundo donde poder hacer negocios.
Marc era un hombre ambicioso, muy ambicioso, pero yo había idealizado a ese hombre que estaba enamorado de mí, o por lo menos eso era lo que yo creía y que me prometía un futuro a su lado siendo la mujer más feliz del mundo.
—Hola, Marc, ¿cómo estás? —Había formulado la típica pregunta de la que sabes que no vas a tener respuesta escribiendo un mensaje Continué con mi monólogo:
—Pues yo estoy en Barcelona. He venido a una reunión porque hemos presentado un proyecto nuevo, ¿te puedes creer que lo he hecho yo?
Es la primera vez que me ofrecen esta oportunidad y no la podía rechazar.
Ya te contaré el resultado. Te echo de menos, no veo el momento de verte y de sentirte junto a mí.
Ahh, por cierto, tenía una foto para ti, pero la he borrado, como me tienes olvidada…
Parecía un papagayo relatando una lección.
Seguía interesada por Marc, eso era evidente, pero había bajado de golpe de un sueño que para mí era una escapatoria de vida.
Marc y Asier me habían abierto los ojos y me habían visto como una mujer inteligente y atractiva capaz de gustar a los demás, no como la mujer de, la madre de o una simple empleada de segunda.
—¿En serio? —inmediatamente saltó la notificación de mensaje de Marc. Yo también tengo una foto buena para ti.
Parecía que Marc ahora estaba realmente interesado en mí o en mi cuerpo. Este tipo de conversaciones se iban a convertir a partir de ahora en un juego.
—No voy a suplicarte que me mandes la foto, si quieres hazlo y podrás tener un bonito regalo… —el juego estaba servido.
Dejé el móvil encima de una de las mesillas que se encontraban junto a la cama y fui a llenar la bañera para darme un baño de espuma de esos que hacen historia.
Mientras buscaba el gel para echarlo en el agua oí como el timbre del teléfono sonó en tres ocasiones.
No tenía prisa por responder. Siempre había estado pendiente de contestar inmediatamente a Marc, pero eso ya se había acabado.
Respondería a sus mensajes cuando me diese la gana.
Me quité la ropa y cubrí mi cuerpo con una toalla. Las toallas del hotel eran gigantes y mullidas, ideales para quedarte dormida encima de una de ellas. Miré el teléfono con varias notificaciones del estadounidense.
—¿Pero vas a enviar desnuda o vestida? —Siguió Marc—. Quiero verte sexy cuando pienso en ti mi excito mucho ¿te envíe una?
¿Una qué?, ¿una foto?, pero ¿de qué parte de su cuerpo?
¿No se atreverá a mandarme una de lo que me estoy imaginando no?
No me lo podía creer. ¿Marc no se atrevía a enviarme una foto de su rostro y sí de una parte de su cuerpo íntima?
No sabía qué contestar, pero iba a seguirle el juego a ver si era capaz de enviármela.
—Por supuesto —respondí inmediatamente.
Tenía que dar un poco de literatura a esta conversación porque no se resumía únicamente a tener sexo virtual con él sino a crear un ambiente romántico que luego diese lugar al encuentro al que yo quería llegar para que estuviese vivo siempre en mi recuerdo.
—Estoy pensando en ti Zoe. —De repente se había despertado en este hombre el deseo de tenerme en una fotografía.
—¿Y qué piensas? —La pregunta retórica indicaba que iba a empezar a divertirme—.
Honestamente. Marc, cuando pienso en ti me imagino un encuentro secreto en un hotel, tú con un traje de ejecutivo que acaba de llegar de una reunión, mientras yo te estoy esperando mirando a través de la ventana como la ciudad se rinde a nuestros pies.
—Estaba describiendo un sueño imposible pero que, gracias a la tecnología se iba a convertir en realidad en unos pocos minutos.
—Yo sintiéndo y pensando eres mía Zoe. Nuestros cuerpos vibran el uno contra el otro y gozando and my…..is pulsating.
En ningún otro momento del tiempo que habíamos compartido juntos había visto a Marc así. Parecía otro hombre. Ahora que estaba empezando a perder el interés por él había empezado a reaccionar. Es increíble cómo el ser humano empieza a interesarse por alguien cuando ve que esa persona se aleja.
—Desde esta ventana podrías coger mi cintura y te dejaría entrar en mis dominios, continué. Acércate más a mí, Marc, y siente mi cuerpo junto al tuyo y haz que pierda el control—. Por un momento habría vendido mi alma al diablo por ver su cara en ese momento.
— Zoe soy tuyo goza, quiero verte por favor. Voy a enseñarte como soy por ti.
Había llegado el momento de mi pequeña venganza. Si algo había aprendido de los hombres en estos últimos meses era que no podías dejarles ver tus debilidades porque siendo débil ellos tenían el poder y dejabas de ser un objeto de deseo para ellos.
Así me había quedado claro con Marc. Tenía que crear en él una dependencia de mí que le hiciese actuar como un loco y parece que iba por el camino correcto.
—Voy a ir a la ducha y quiero que vengas conmigo. Sentiremos cómo el agua cae sobre nuestros cuerpos y cómo las gotas de agua traspasan nuestra piel mientras sentimos el fuego de nuestros cuerpos fundidos en uno.
—Show me Zoe. You´re fucking sexy. I want you inside me.
La bañera estaba preparada para mí. Había llegado el momento de cerrar la Nube.