CAPÍTULO 34
Las conversaciones con Marc se habían convertido en algo más intenso.
En los últimos días habíamos vuelto a enviarnos mensajes, pero esta vez notaba que estaba más interesado en mí.
Desde que me había dejado claro que para él lo primero era su trabajo mi concepto sobre el amor platónico y sus consecuencias había cambiado completamente.
Según los científicos, el amor entre Marc y yo no duraría más de un año.
Durante ese tiempo, nuestro cerebro se encargaría de crear una conexión tan poderosa que generaría tanta dopamina como para que los dos disfrutásemos de una situación placentera que nos llevaría a disfrutar de cada instante juntos.
A partir del año esa situación iría desapareciendo poco a poco hasta que el amor se esfumase como un tornado que deja todo destruido a su paso.
—¿Cómo estás? —La nube nos conectaba de nuevo.
—¡Hola! ¡Qué sorpresa! Yo bien, ¿y tú? ¿Qué tal ha ido tu semana? Tampoco quería lanzarme a la desesperada y mostrar mi alegría al ver de nuevo su mensaje.
—¿Qué estás haciendo ahora? —De pronto había vuelto a interesarse por mi vida.
—Pues esta tarde espero estar escribiendo varios informes. Tengo algo en mente que espero que me salga bien.
—¿Qué es lo que te mantiene ocupada?
—Mi cabeza está siempre pensando, Marc. Eso deberías saberlo tú también, que para eso eres un hombre de negocios.
—Cada día me sorprendes más. Quiero conocerte algún día. Tienes que ser una mujer muy interesante. Yo todavía estoy trabajando mucho y no tengo tiempo para divertirme. Quiero ver la vida a través de tus ojos, Zoe.
—¿Qué imagen tienes de mí, Marc? —Me interesaba muchísimo con qué ojos me veía él a través de su universo. Qué es lo que proyectaba en la mente de ese hombre y qué es lo que esperaba de mí si nos conocíamos en un futuro.
—Eres una persona curiosa que observa a la gente y seguro que eres una excelente conversadora.
Esta conversación me volvía a recordar a las que ya habíamos tenido en el pasado. Parece que habíamos entrado en un bucle y comenzaban a aburrirme esas palabras vacías que no llevaban a ningún lugar.
—Ahh, bueno, por lo menos me alegro que pienses eso de mí. —Marc podría saber mucho de negocios, pero en el terreno amoroso no tenía mucha práctica.
—Y, ¿por qué iba a pensar otra cosa?
—Pues porque no nos conocemos de nada, Marc.
Somos dos personas que se han encontrado en un universo imaginario y de momento solamente existimos uno en la cabeza del otro.
Ya te dije en una ocasión que seguramente me haya enamorado de un hombre que ni siquiera existe.
Esto es como una montaña rusa y este amor hace que actúe como una loca.
Por fin me había quedado tranquila. Desde el día que me dejó claro cuáles eran sus prioridades era lo que pensaba.
Antes medía mucho las palabras con Marc para intentar agradarle y que no hiciese una composición errónea sobre mí, pero ahora ya me daba igual.
Quizás nunca le conocería, así que disfrutaría del momento que estaba viviendo ahora sin pensar en lo que pudiese venir en un futuro.
—Todavía no nos hemos divertido juntos. —Se notaba que la respuesta que le había dado le había descuadrado bastante y quería agradarme como fuera.
—Pues depende de lo que tú quieras Marc. —Según iba enunciando el discurso me iba haciendo más fuerte—. Quizás tú seas un aburrido hombre de negocios y no quiera conocerte. Un ambicioso hombre de negocios, y yo una soñadora.
De pronto él cambió completamente el tono de la conversación.
—Tengo fantasías contigo, Zoe.
—¿En serio? ¿Y qué tipo de fantasías son? ¿Son fantasías prohibidas? —Parecía que ya había arrancado el motor de Marc.
—Cuando estés sola y tumbada confortablemente en la cama avísame.
—Ahora no puedo, te escribiré más tarde, y si no puedes responder usaré mi imaginación para crear nuestras propias fantasías. Tengo que hacer muchas cosas y tú me distraes. —Lo que tenía claro es que yo iba a empezar a tomar las riendas de la rela-ción.
—Así es como te inspiro yo, mi pequeña traviesa. —Parecía que Marc quería seguir con el juego pero en este momento yo no tenía la cabeza como para pensar en un romance virtual.
Esta última conversación con Marc me había dejado un sentimiento de paz que no sentía desde casi el inicio de mi relación con él.
Al final había podido expresar lo que quería y le había dejado claro que no era imprescindible en mi vida, al igual que tampoco lo era Asier.
Podían ser hombres de paso o que se instalasen de por vida en mi camino, pero lo que cada vez me iba quedando más claro es que era yo la que tenía que ser feliz y mi corazón era el que debía marcar mi destino.