CAPÍTULO 32
Tenía que hablar cuanto antes con Clara.
Necesitaba urgentemente dos respuestas: una, su actitud hacia mí y otra, si era capaz de ayudarme a rescatar el proyecto final del ordenador de Sofía.
Esto último me daba mucho respeto porque si se negaba y llegaba a oídos de los jefes mi despido sería inmediato.
Tampoco tenía nada que perder, con el desprecio que estaba haciendo a Asier no creo que durase mucho en el interior de ese calabozo laboral.
Subí rápidamente las escaleras. No podía entretenerme a esperar el ascensor y perder unos valiosos minutos que necesitaba para hablar con Clara antes de que Asier llegase enfurecido.
Entré en la oficina y miré directamente a su mesa. No había nadie. Corrí hacia el office. Seguro que estaba tomando café. Nada. Ni rastro de ella. ¿Dónde se habría metido esta mujer? ¿Qué estaría haciendo? Miré hacia el despacho de Asier y en una esquina vi algo que se movía sigilosamente.
—¡Sal de ahí, Clara! —grité—. Asier está a punto de llegar.
La chica salió del despacho como alma que lleva el diablo. Tenía la cara pálida como si hubiese visto a un muerto.
—Zoe, te puedo explicar… —La voz y las manos le temblaban hasta tal punto que parecía que se iba a desplomar de un momento a otro y sus ojos empezaron a humedecerse poco a poco hasta que una lágrima rodó por su mejilla.
Agarré fuertemente sus manos y la miré fijamente.
—Puedes estar tranquila, Clara. Esto no va a salir de aquí.
En ese momento entraba Asier en la oficina. Pasó a nuestro lado sin mediar palabra y se metió en el despacho dando un portazo monumental.
—Tengo reunión con él a las doce, Clara, pero antes quería hablar dos cosas contigo. Sé que ahora estás muy nerviosa y no es el momento, así que cuando estés más tranquila avísame.
Clara no me escuchaba. Estaba totalmente bloqueada.
No sabía qué demonios estaba haciendo en ese despacho ni lo que estaba buscando, pero era algo importante, y se le había ido de las manos.
En ese momento me dio mucha pena porque vi a una mujer frágil e indefensa que no sabía por dónde salir, pero también pensé en que ya no iba a tener que pedirle ningún favor y ella accedería a mis peticiones sin poner ninguna objeción.
Volví a mi sitio como si no hubiese pasado nada y encendí el ordenador.
— Hey, ¿cómo estás? —Marc entraba de nuevo en mi universo.
—Hola, que sorpresa, yo bien ¿y tú? ¿Qué tal te va? —Joder, vaya momento para aparecer de nuevo.
Lo cierto es que desde que habíamos tenido esa conversación tan cortante y distante se me habían quitado las ganas de volverle a escribir.
Mi corazón seguía sintiendo algo por Marc, pero me había llevado una gran decepción porque había mostrado su verdadero yo y no me gustaba nada.
No quería ser descortés pero tampoco me apetecía entretenerme en una relación que no me iba a llevar a ningún sitio.
—Tengo mucho trabajo. —Simple y escueta contestación para ver si se daba por aludido.
—¿Qué es lo que te mantiene ocupada? —respondió él.
—Mi cabeza está siempre pensando. Tú eres un hombre de negocios muy ocupado y tu trabajo es lo primero. Yo también tengo una vida bastante complicada y necesito buscar nuevos proyectos con los que sentirme realizada.
—Yo también trabajo duro. Quiero ir a verte. Mi vida es mi negocio y a veces pienso en ti Zoe.
—La imaginación es libre Marc. ¿Cómo me ves a través de la red?
—Eres una persona curiosa, observadora y divertida. Es lo que más me gusta de ti, y tu maravillosa sonrisa. Seguro que tú vives una vida divertida.
—Marc, yo me divierto con quien quiero y cuando puedo. Tú eres un empresario ambicioso y yo una soñadora. Esa ecuación nunca puede dar resultado.
Podría parecer cortante pero ahora mismo él no estaba en mi cabeza. Bastante tenía con cuadrar el día que me esperaba y teniendo ese nivel de estrés la excitación que podía tener con Marc en ese momento era cero.
—Tengo fantasías increíbles sobre ti. —Ahora parecía que todas aquellas palabras que me había dicho hace unos días se habían esfumado. Esto me hacía ir cauta sobre lo que real-mente quería de mí—. Cuando estés sola y en un lugar donde puedas jugar conmigo avísame.
—Te tengo que dejar, Marc, cuídate.
Me había puesto nerviosa. Ahora me daba cuenta de que quería seguir hablando con él, que no quería romper ese hilo invisible que nos unía a través del infinito mundo virtual. Pero la realidad era menos placentera y debía bajar de la nube para situarme en mi infierno particular.
Respiré profundamente y empecé a copiar de forma mecánica el primer informe del lote que me había dejado Sofía para esa mañana. La única forma de sobrevivir a eso sería la evasión.