Atrapados en la nube CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Los hombres estaban hablando animadamente.

La mujer que había estado con ellos no los acompañaba en esta ocasión. Se notaba un ambiente distendido, muy diferente al día que firmaron el contrato en la oficina. Tenían varios negocios entre manos y seguramente pasarían unos días en la capital hasta cerrar todos los contratos.

Sandy se acercó como una bala a ellos sin que yo pudiese reaccionar. Sabía que si me preguntaba iba a echarme para atrás y no íbamos a conseguir sacar nada en claro.

—Hola, perdone que les moleste, pero es que hemos venido a tomar una copa a este local y mi amiga creo que los conoce.

De pronto vi como las cabezas de los cuatro hombres giraban rápidamente hacia mí. No sabía si estrangular a Sandy en ese momento o sonreír haciendo creer a esos hombres que me interesaba muchísimo estar con ellos.

Opté por lo segundo y les saludé.

—Venga aquí, señorita, que no comemos —dijo en voz alta el hombre de las entradas y pelo cano—. Estamos hospedados en el hotel que está en esta misma calle y hemos bajado a tomar algo.

Me levanté de nuestro lugar privilegiado sintiendo que la bilirrubina estaba haciendo presencia en mis mofletes. El calor salía por todos los poros de mi piel y en ese momento deseé no ser amiga de Sandy.

—Usted es parte del equipo de Sofía, ¿no? —dijo el hombre que había llevado la voz cantante en el acuerdo que firmaron en la oficina.

—Sí, así es.

El señor del pelo cano y encantadora sonrisa no hacía más que mirarme de arriba abajo y me estaba poniendo muy nerviosa.

—Vamos a pedir a la barra, Zoe —interrumpió Sandy—. Ahora volvemos, vamos, si no molestamos.

—Nosotros encantados. —Parecía que al grupito le habíamos dado un aliciente para pasar una noche divertida.

Nos dirigimos rápidamente a la barra. Sandy tenía mucha prisa en decirme algo.

—Zoe, no la cagues ahora. A ese le tienes en el bote, así que vete a por él y sácale toda la información que puedas.

A ver si conseguimos averiguar qué jugada hizo Sofía para quedarse con tu proyecto.

Es nuestra oportunidad y los dioses te lo han puesto en bandeja.

Yo voy a tontear con algún otro a ver si consigo algo también.

—Sandy, yo no sirvo para esto, no se me da nada bien el teatro.

—A ti se te da bien lo que yo te diga —sentenció de modo tajante—. Zoe, nunca te has visto en esta y posiblemente nunca te verás así que juega bien tus cartas.

Estaba tan segura de sí misma que no pude decirle que no. En cierto modo tenía razón y no íbamos a hacer nada malo. Solamente queríamos justicia y esta oportunidad no se podía desperdiciar.

—Dos Martini, por favor. Zoe, con esto te van a salir las palabras que da gusto, así que bébetelo como puedas y al toro.

Con el Martini en mano me acerqué de nuevo a la mesa de los empresarios y me senté junto al simpático. El hombre me recibió con una sonrisa de oreja a oreja.

—Bueno, pues nada. —No tenía ni idea de por dónde empezar mi discurso—. Qué casualidad que nos hayamos encontrado aquí. Tenéis el hotel por aquí cerca, ¿no?

Uff, estos momentos me ponían enferma. No sabía ni qué decir ni qué hacer ni cómo moverme para que no pareciese una situación forzada para sacar un beneficio. Además, me di cuenta en ese momento de que ya nos habían dicho que su hotel estaba en la misma calle, así que iba a quedar como una idiota.

—Me fijé en ti el día de la firma —soltó el hombre de repente—. «¡Horror! No sé cómo iba a salir yo de ese atolladero». —¿Por qué te fuiste tan precipitadamente?

—Hay cosas que son secretos de Estado. —Sonreí y bajé la mirada. No quería que siguiese la conversación por ahí y decir que mi jefa era una zorra y me había quitado el trabajo.

Me cogió de la barbilla y alzó mi rostro hasta colocarlo a la altura de los ojos.

—Hay cosas que no puede ocultar una mirada, señorita. Detrás de ese proyecto están esos ojos, pero vuestra jefa nos ha dicho que no estás capacitada para llevarlo y los negocios son negocios. Al final unos ojos y una sonrisa no dan de comer.

—Muchas gracias por el cumplido, pero no creo que ella sea la más indicada para decir si estoy o no capacitada para desarrollar mi trabajo.

Es algo que tiene que verse en el día a día y ni siquiera se me ha dado una oportunidad para mostrar lo que valgo.

Además, una cosa le digo, señor empresario, si creen que van a tener éxito lo llevan crudo.

Sofía ha elegido un target de consumidoras que no va a comprar sus artículos.

Hágame caso, y si es listo no confíe en lo que ve.

—¿Y qué me propones tú?

—¿Y qué me ofrece usted? —contesté rápidamente antes de que me insinuase otra cosa.

—Llámame de tú, por favor, que me haces sentir mayor. Envíame el proyecto original y hablamos. —Sacó una tarjeta de la cartera con su número de teléfono y su mail y me la dio a escondidas—. Y ahora disfrutemos de la buena música y de tu sonrisa, que me encanta.

Ese hombre era más listo de lo que parecía. Bajo su aspecto agradable y bonachón se debía esconder un lobo de los negocios que podía vender su alma al diablo para conseguir todo lo que se propusiera.

Miré a Sandy y la vi abrazada a otro de los empresarios a carcajada limpia. Seguro que esa noche iba a ser más larga de lo que creíamos…

El grupo de jazz había animado el local por completo. Las mesas estaban llenas de público entregado y los intérpretes buscaban nuevos ritmos con los que mantener el entusiasmo de los que estábamos allí presentes.

—¿Otra copa, chicas? —sugirió uno de ellos—. Seguro que esta noche no esperabais esto, ¿ehhh?

—No, desde luego que no. Encontraros a vosotros ha sido una sorpresa con mayúsculas. —Sandy guiñó el ojo y se dirigió a mí con mirada cómplice—. Sí, vamos a por otra, venga, acompáñame Zoe. ¿Os traemos algo, chicos?

Llegamos a la barra y Sandy susurró al camarero que tardase más tiempo en servirnos para que pudiésemos poner algunos puntos en común.

—¿Te han dicho algo interesante, Zoe? Estos tíos están on fire, ahora les podemos sacar lo que queramos.

—Ya te contaré detenidamente, pero ha quedado confirmado que Sofía no juega limpio y se ha quedado con mi proyecto poniéndome de inepta para arriba.

—Pues a mí el atractivo delgado me ha dicho que si quiero ir a su habitación y creo que le voy a decir que sí.

Total, no tengo que perder nada y me apetece pasar una noche divertida.

En lo referente a tu proyecto no me ha dicho mucho, solo que los negocios eran los negocios y que podía estar tomando una copa con un cliente una noche y a la mañana siguiente no cerrar un contrato con él porque no va a sacar beneficio.

—Jolín, Sandy, estos hombres son tiburones.

La charla con ellos había sido bastante productiva, pero no dejaban de ser personas que se mueven por el dinero y no por los sentimientos.

Nos acercamos de nuevo al grupo y el acompañante de Sandy se puso en pie.

—¿Nos vamos ya? —Dirigió su mirada hacia ella cogiéndola de la mano.

—Cuando quieras. —Sandy me ofreció su mejor sonrisa, se despidió del grupo y salió de la mano del empresario dejándome sola ante el peligro con los tres señores.

—Bueno, y ¿cuánto tiempo vais a estar por aquí? —Me pareció la típica pregunta recurrente cuando no sabes qué decir, como si preguntas por el tiempo.

—En cuanto firmemos con otra compañía un contrato que tenemos pendiente nos vamos, pero pronto estaremos de nuevo por aquí.

El empresario que me había hecho la propuesta se acercó a mí y me susurró al oído si quería subir con él a la habitación.

Decliné amablemente su invitación porque de ese hombre podía depender parte de mi futuro y no procedía darle una mala contestación teniendo en cuenta que se había ofrecido a darme una segunda oportunidad para que mi idea reflotase de nuevo.

—Tú y yo tenemos una cuenta pendiente —le dije mirándole a los ojos mientras cogía tranquilamente el abrigo que había dejado aparcado en uno de los sillones. —Tendrá noticias mías cuando lo tenga preparado.

Le di un beso y acaricié suavemente su mejilla. El caballero sonrió y rozó sus labios con los míos.

Era el momento de escapar de allí.