Atrapados en la nube CAPÍTULO 28
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CAPÍTULO 28

Hacía mucho tiempo que no hablaba con Sandy. Con todo este maremágnum de acontecimientos la había dejado olvidada pero tampoco me sentía fuerte para hablar con nadie.

Tampoco había tenido noticias últimamente de Clara.

Desde el fin de semana en que Asier y yo habíamos estado juntos, y ella había aparecido por la oficina por sorpresa, no era la misma.

Había alguna pieza de ese puzle que no encajaba.

Clara siempre había sido mi confidente, pero desde ese fin de semana la actitud hacia mí no era la misma.

Parecía ocultar algo y seguro que era relacionado con Sofía así que, de momento, me había quedado sin aliados en el trabajo.

Tenía que empezar a tejer mi plan así que lo primero sería hablar con Sandy. Mi primer objetivo iba a ser Asier y en esa parte de la trama ella era fundamental.

—¿Sandy? ¿Qué tal estás? ¿Puedes hablar?

—En cinco minutos te llamo, Zoe, que estoy liada.

—Vale, espero tu llamada.

Mientras esperaba la respuesta de Sandy empecé a pensar en Asier. Tenía que hacer algo que realmente le dejase boquiabierto y que sintiese que realmente había perdido un tesoro. La solución me la había puesto en bandeja Sofía.

Sonó el teléfono.

—Hola, Zoe, soy yo. Dime, ¿cómo vas?, ¿qué tal va el proyecto?, jolín a ver si quedamos para quemar la noche.

—Tenía que haberte llamado antes, Sandy, pero no tenía cuerpo para hacer nada, estoy en shock emocional.

—¿En serio? No creo que sea para tanto, venga cuenta.

—Pues valora mi situación actual: mi jefa se ha adueñado del proyecto sin ningún tipo de compasión hacia mí, Asier no me ha defendido y el tío que conocimos en el bar dice que su trabajo es lo primero y que está muy ocupado cuando le cuento mis problemas, ¿qué te parece?

Bueno, de la situación con Alfonso no te cuento nada porque eso sigue igual que siempre.

—No me esperaba que me fueses a contar esto, lo siento de verdad. Y la zorra de tu jefa llevándose los honores. Yo le prepararía una buena de esas que se arrepienta de por vida de lo que te ha hecho.

—Ya Sandy, pero yo no soy así, luego me sentiría mal. Tú eres muy impulsiva, pero hay que pensar las cosas dos veces antes de hacer algo.

—¿Y tu jefe? Está muy bueno, pero a la hora de la verdad ha actuado como la mayoría de los hombres, huyendo como una culebrilla de agua.

Seguro que sigue sintiendo algo por ti Zoe, pero es más cómodo esconder la cabeza como un avestruz.

A ese yo le daría de la medicina que más le gusta.

Chica, tienes que volver a intentar seducirle como sea y luego dejarle en la estacada.

Es lo mejor, y cuando no le hagas ni caso volverá suplicando que te vuelvas a acostar con él.

Al final todos los tíos son iguales. Zoe, se me está ocurriendo una idea brillante.

Vamos a empezar por tu jefe, que va a ser el más fácil.

Tú solamente tienes que enterarte de cuando lleve alguna noche a los clientes a ese local de moda donde suelen ir y yo haré el resto.

—¡Eres genial, Sandy! No sé lo que haría yo sin ti.

—Y mientras esperamos que llegue el momento de la venganza podemos salir a tomar unos cócteles esta noche, ¿hecho?

—¡Por supuesto! ¿A qué hora te recojo? Yo creo que a partir de las diez estaré preparada y los niños en la cama.

—Vamos al Recoletos Jazz a tomar un cóctel, que esta noche hay un concierto de esos que no puedes dejar escapar y seguro que conozco allí algún ejecutivo apasionado por el contrabajo que me pueda jubilar.

—Ja, ja, ja, Sandy, a ver si esta noche tienes suerte y hoy llega tu príncipe azul.

Estaba segura de que algún día llegaría porque Sandy es de aquellas mujeres que desprende alegría y vitalidad allá por donde va, pero en las relaciones de pareja no ha sido muy afortunada.

Cuando comenzamos nuestros estudios en la facultad conoció a un aspirante a director de cine de los que parecía que se iba a comer el mundo.

Era un erudito experto en cine italiano y daba lecciones a alumnos y profesores de cómo hacer cine y tener un público fiel a un director.

Con este personaje duró apenas seis meses.

Era tan pedante que aburría hasta a las piedras y en el periodo que estuvo con él Sandy estuvo a punto de coger una depresión profunda.

Después de este vinieron varios rollos de una noche que no llegaron a nada.

Ni por un lado ni por otro había ganas ni motivación.

Cuando cumplió los treinta conoció a un guardaespaldas que le hizo la vida imposible.

Una persona absorbente y dominante que la anuló por completo e hizo que se convirtiese en una marioneta en sus manos.

Este tipo de parejas son las peores. Personas tóxicas e inseguras que llegan a ser capaces de manipular de tal forma a sus víctimas que estas llegan a creer que están locas, o que lo que están haciendo en sus vidas es inmoral y que el mejor camino es estar en la sombra de estos personajes durante toda su vida. Son ladrones de almas.

Pasada la cuarentena decidió ser la protagonista de su propia historia. Buscar al hombre ideal, pero con las condiciones marcadas por ella: un Sugar Daddy con dinero y que le permitiese llevar el ritmo de vida al que ella estaba acostumbrada.

En realidad, siempre he admirado a Sandy. Ha sabido construir su vida en base a golpes y decepciones que le ha dado el destino, y eso ha permitido que se quiera a sí misma y que consiga la verdadera felicidad.