CAPÍTULO 27
Respiré profundamente antes de echarme a llorar.
Toda la presión que tenía dentro estalló en forma de lágrimas que no dejaban de brotar deslizándose por las mejillas.
En pocos días mis ilusiones, mi trabajo, los nuevos sentimientos que estaba experimentando y el nacimiento de un nuevo amor se habían esfumado de repente.
Me sentía mal, muy mal. Era como si una apisonadora hubiese pasado por encima de mí sin piedad.
Parecía que todo se había vuelto en mi contra.
En primer lugar, mi decepción con Asier.
El volcán que había surgido entre nosotros se había transformado y ahora ese sentimiento había pasado a ser frustración e ira, por lo menos por mi parte.
En segundo lugar, Sofía. Una persona que se supone que es amiga tuya, o eso parecía, se convierte de repente en tu peor pesadilla y en la bruja mala del cuento creando un sentimiento de confusión e incertidumbre para después darte la puñalada por la espalda sin inmutarse lo más mínimo.
La tercera decepción, Marc. Podría estar agobiado por su trabajo, pero tampoco había mostrado especial empatía por la situación que estoy viviendo yo. Su profesión es lo primero y el resto del mundo queda en un segundo plano.
¿Y si volviese a mi zona de confort? ¿Y si retomase de nuevo mi relación con Alfonso como si no hubiese pasado nada?
Por lo menos viviría más tranquila llevando una monótona rutina de casa al trabajo y del trabajo a casa.
Poniendo lavadoras a diario y cocinando los fines de semana para dejar hecha la comida para toda la semana.
La rutina de llevar e ir a recoger a los niños al colegio y regañarles cuando dejan la habitación hecha una leonera.
Pero no, yo no quería eso. Mi sueño había sido triunfar en mi trabajo. Que el aplauso que se llevó Sofía fuese para mí. Que se reconociese mi creatividad y mi talento y que ninguna persona dudase que podía hacer bien mi trabajo, aunque tuviese otra vida.
Y también quería sentir que tenía vida como mujer. Una mujer capaz de atraer a hombres como Asier o como Marc y envidias como la de Sofía. Una mujer independiente y que no fuese nombrada como la madre o la mujer de, y que brillase por sí misma y no como la sombra alargada detrás de los demás.
Esa era yo y no iba a renunciar a nada. Tenía que morir entre las llamas y renacer de mis cenizas como esa ave que busca su lugar una vez que ha revivido.
Si querían acabar conmigo no lo iban a conseguir porque ya había sufrido bastante como para vivir así el resto de mi vida.
Esto había servido como el verdadero punto de inflexión.
A partir de ahora iban a conocer a la verdadera Zoe Valdés.