CAPÍTULO 26
Estuve calentando la silla toda la tarde hasta que las agujas del reloj marcaron mi hora de salida. Antes de salir lancé una última mirada hacia el despacho de Asier y le sorprendí mirándome. Enseguida bajó la cabeza, avergonzado. Parecía un adolescente al que le han robado una mirada furtiva.
Fingí como que no le había visto y salí de aquel ambiente opresivo un día más.
Cuando entraba en la oficina sentía un sentimiento de angustia que desaparecía al salir.
Tenía una sensación de bloqueo constante y no me podía concentrar en nada.
Solo me apetecía escribir a Marc y estaba completamente desmotivada.
En mi casa nadie había notado nada diferente en mí. Los niños estaban engullidos por su mundo adolescente y Alfonso por sus cuentas y por los resultados de los partidos de la jornada de la liga de fútbol.
Llegué a casa y dejé el bolso encima de la mesa de la cocina. Abrí el grifo para coger un vaso de agua. Estaba sedienta. Tenía tanta ansiedad que el calor me salía por todos los poros de la piel. El pecho me ardía. Estaba experimentando una sensación de angustia total.
El bolso emitió un tintineo.
Rápidamente lo abrí y cogí el teléfono. Era una notificación de Marc:
—Hey qué tal? ¡¡Va bien!! ¡He estado muy ocupado con muchos proyectos! ¿Cómo está sido la tuya?
—He tenido mejores días. No encuentro mi lugar en esta empresa.
Esta semana tengo que poner la mejor de mis sonrisas, pero no estoy hecha para eso.
Mi jefa ha eliminado la parte más importante de mi proyecto así que ahora presiento que este no va a salir bien.
¿Sabes lo que echo de menos, Marc? Quiero estar en la cama contigo y que vivamos una pasión desenfrenada, aunque sea a través de nuestra nube particular.
—Que asco de trabajo, seguro que puedes entrar en otro proyecto.
Tú vales mucho, eres buena. —Esas palabras me recordaban a una conversación anterior.
Parecía que no había escuchado todo lo que acababa de salir por mi boca, bueno mejor dicho de mis dedos.
Le estaba diciendo que quería irme con él a la cama a vivir todas nuestras fantasías y la respuesta que me había dado era de lo más gélida.
—No, de momento tendré que esperar a ver lo que deciden conmigo. Su respuesta me había dejado totalmente desubicada. —Marc, me da la impresión de que te estás olvidando de mí.
—Pues casi… sólo que he estado superocupado con todos estos proyectos. Mi negocio va muy bien pero el problema es que ahora mismo no tengo tiempo para nada más. Mi negocio va muy bien… muy bien.
—Ya veo…
De repente mi cabeza hizo un clic y vi a otro hombre completamente diferente del que me había enamorado.
Detrás de esas palabras se encontraba una persona ambiciosa con ganas de que su negocio brillase por encima de todo.
Vi a un hombre únicamente comprometido con sus metas y con su desarrollo personal y me dio la impresión que quizás yo era un desahogo para sus ratos de estrés.
—Ya veo… así que doy por hecho que no vas a venir nunca aquí.
—El tono de mi conversación había cambiado por completo.
—Ahora mismo no. He tenido que cancelar varios viajes, pero este proyecto es muy muy importante en mi vida.
—¿Y por qué no nos conocemos por videollamada? —volví a repetir la pregunta que le hacía continuamente.
Tampoco entendía cómo nunca me había propuesto conocernos a través de este método.
En los tiempos que corren era normal mantener una relación en pareja a través de videollamadas.
Era la única forma de alimentar este tipo de amor en la era digital y no podía concebir como una persona que supuestamente estaba todo el día enganchado a su ordenador se negaba a conocerme de esta forma.
—No hay razón… no suelo hacer videollamadas, ya lo he dicho otras veces. Lo siento. Solo necesito terminar esto y estoy sobrepasado.
Esas palabras cayeron como una losa sobre mí.
—No te preocupes, Marc. Tampoco pasa nada porque no nos conozcamos nunca. Entiendo que tu negocio es lo primero.
—Estoy muy ocupado, ni siquiera tengo tiempo para mis amigos en este momento. Es mi vida, yo la construí.
No quería saber más de él. Por un momento pensé bloquear su número de teléfono. Total, había estado perdiendo el tiempo y esto me había servido para saber que no estaba en su lista de prioridades.
—Bueno, no te voy a agobiar más con esto y tampoco te voy a quitar tiempo de tu trabajo para hablar conmigo. Si quieres, cuando te apetezca, escríbeme. No te voy a molestar más porque me siento mal.
—No te sientas mal, Zoe, por favor.
—Me siento como una tonta pensando que algún día te voy a conocer. Pero tengo que ser realista y dejar de hacerme daño.
—¿Quién dice que no lo harás?
—¿En serio lo crees? ¿Crees que nos vamos a conocer algún día, Marc? Yo desde luego no.
—La próxima vez cuando vaya a Madrid.
Las palabras de Marc mostraban esa seguridad que un hombre tiene cuando todo le sale como él espera.
—Yo no me voy a mover de aquí, así que ven cuando te apetezca. Si necesitas algo puedes contar conmigo. Te escribiré de vez en cuando para ver cómo estás, no quiero ser pesada. Cuídate mucho.
Me quedé un buen rato mirando la pantalla del teléfono móvil absorta en un solo pensamiento. Eros había elegido de nuevo su objetivo golpeando mi corazón y provocando una montaña rusa de sentimientos irreprimibles que me habían dejado el alma vacía.