CAPÍTULO 24
Los siguientes días fueron un infierno.
Tras enviar mi correo solicitando el despido por parte de la empresa con un acuerdo entre las dos partes recibí una respuesta que no me sorprendió para nada. La empresa me daba carta blanca para salir cuando yo quisiera, pero, evidentemente, sin un duro.
Aunque fuese un número para ellos no iban a dejarme salir porque mi despido no les saldría barato. Tampoco me daban opción a arreglar nada y, además, todo ello con amenazas veladas que no podría demostrar en ningún juicio.
Aparte de eso, mi situación con Sofía y Asier se convirtió en nula.
Después de la famosa reunión, Asier intentó venir a darme una explicación sobre todo lo sucedido pero lo único que consiguió es que le mirase a los ojos fijamente y que de ellos solo se desprendiese el odio más absoluto por una persona.
Con Sofía no hizo falta eso. Ella sabía perfectamente lo que me había hecho, pero es una persona que prefiere esconder la cabeza como un avestruz y no afrontar una conversación como dos personas adultas.
A partir de ese momento decidí refugiarme en mi ordenador y en las órdenes de trabajo que me enviasen por correo electrónico. Solo así podría sobrellevar esa situación tan horrible.
Esto me dio pie a intimar más con Marc. Me sentía frágil y en él empecé a sentir el apoyo y la fuerza que necesitaba para salir adelante. Un simple “hola” se había convertido en la puerta a expresar todos mis sentimientos y frustraciones.
—Hola, Marc ¿Cómo estás hoy? —Quería sentir su aliento a través de las redes. Hoy estoy un poco mejor gracias a tus ánimos de ayer, aunque me ha costado mucho venir al trabajo. No sé lo que podré aguantar así.
—Tú vales mucho. No te hundas. —Cualquier palabra que me dijese servía para poder afrontar el día de la mejor forma.
—Tengo tantas ganas de verte en persona. Nunca he vivido nada parecido a esto, pero me faltas tú, el tocarte, abrazarte y sentirte.
—Pronto iré a Madrid. Tengo negocios con clientes allí pero aquí también tengo trabajo para finalizar.
—Estoy enamorada de ti. —Ahora lo único que necesitaba eran palabras de cariño por parte de él.
—No me conoces, no puedes quererme así —El choque de culturas entre él y yo se hacía evidente en cosas como esta porque para nosotros el enamoramiento estaba a la orden del día.
—Esto ya me lo dijiste en otra ocasión y ya te contesté. Solo mi corazón lo sabe y ahora siento por ti algo más que ese deseo sexual que nos unía al principio. Ahora me atraes de otra forma. Quiero estar contigo abrazada, aunque sea en nuestra imaginación y sentir el calor de tu pecho junto al mío.
—Me gustaría poder llevarte a mi casa y hacerte el amor en la ducha Zoe, yo también tengo deseos que no puedo frenar. Quiero que seas mía, que tu cuerpo sea mío, ¡eres mi fantasía!
—Y, ¿por qué no nos conocemos por videollamada? —Esto está a la orden del día pensé ¿por qué no probarlo?
—No me gusta conocer así —respondió con una frase que me sonó a un “no” rotundo.
—No me puedo creer que no hayas hecho locuras con una cámara de vídeo delante. —Me parecía raro que un hombre que está conectado todo el día a videollamadas con decenas de ejecutivos a lo largo y ancho del planeta no se hubiese planteado usar esta tecnología para el amor.
—Te puedo jurar que no —volvió a insistir—. ¿Y tú?
—Ehhh —ahí no sabía que contestar porque Marc en realidad no sabía nada de mi vida.— Alguna vez— contesté. Lo que estaba claro es que tampoco le iba a decir que mi vida amorosa no había sido de guion de cine.
Claro que había hecho videollamadas, pero no para desplegar mis deseos sexuales más ocultos sino para reuniones de trabajo y del colegio. En cierto modo no le había mentido y la imaginación es libre.
Había una cosa que me extrañaba bastante de Marc. En el tiempo que llevábamos hablando ninguno de los dos había contado nada de su vida privada. Yo no sabía si estaba divorciado, si tenía hijos o si era soltero y había dedicado todo su tiempo a los negocios.
Él tampoco tenía idea alguna de mi línea de la vida.
Nada de mi matrimonio, de mis hijos ni de mi día a día.
Era como si ninguno de los dos quisiéramos saber nada de la vida anterior del otro, queríamos disfrutar de ese sentimiento que había nacido de una atracción en la red y solo estábamos interesados en nosotros mismos y en nuestra relación.
Nada más. Únicamente fundidos en la llama del deseo que había surgido por arte de magia gracias a las nuevas tecnologías.
—¿Y qué haces en ellas? —siguió preguntando Marc.
Ahí tenía que ser rápida si no quería ser descubierta en el engaño.
—Conéctate y lo averiguarás.
—No. Me gusta conocerte en persona.
Madre mía, se notaba que Marc era reacio a que nos conociésemos a través de la pantalla. Quizás había tenido una experiencia anterior no satisfactoria o tal vez pensaba que una videollamada podría constituir un paso más en nuestra relación y no estaba dispuesto a comprometerse más.
—Pues tú te lo pierdes :). ¿Cuántos años tienes? —Decidí cambiar de tema radicalmente.
—¿Cuántos dices?
—¿Cincuenta? —Sus entradas pronunciadas le hacían parecer mayor, aunque a veces la gente te sorprende.
—No, less. Voy a dar dos oportunidades.
Por el desarrollo de la conversación se intuía que era un hombre al que le gustaba jugar a la hora de seducir y mantener la tensión con la otra persona.
—A mí me da igual los que tengas. Me gustas así. ¿Por qué no me regalas tu voz? Quiero oírte hablar. O una foto. ¿Por qué no me mandas otra foto? Eres muy malo.
—No me gusta selfis y quiero mantener tu curiosidad. Me gustaría seguir pero tengo trabajo.
—No te preocupes, no te voy a distraer más. Además, yo también tengo trabajo.
—Pensaré en ti Zoe y en nuestras travesuras… cuídate.
—Te quiero, Marc.
Nunca había pensado que un “te quiero” me podría salir sin pensármelo dos veces.
Nunca había pronunciado esas dos palabras tan a la ligera.
Quizás me había agarrado a Marc como a un clavo ardiendo al ver la traición de Asier.
Quizás esa forma de amar era la que mejor me convenía porque nunca podría hacerme daño.
O tal vez él había aparecido de repente en mi vida haciendo que me plantease las cosas que antes ni se me habrían pasado por la cabeza.
Tenía que evadirme de todo lo que me estaba pasando y Marc en ese momento era la mejor medicina para mi corazón y mi alma.