CAPÍTULO 23
Necesitaba estar sola quince minutos. Aparqué el coche en el garaje y me quedé dentro. Tenía que ser fría a partir de ese momento y bajar las pulsaciones que todavía permanecían a flor de piel después de la conversación con Sandy.
Comencé a leer todas las notas que tenía preparadas para que la exposición me saliese a la perfección. Mirada al horizonte, seguridad en mí misma y creer en mi idea. Era lo único que tenía que hacer para que se reconociese mi trabajo de una vez por todas.
Vi a lo lejos salir a Sofía precipitadamente de su coche con su cartera llena de documentos sobresaliendo por las esquinas. Iba hablando con su teléfono móvil. Seguramente hablaba con Asier. Estarían determinando la estrategia a seguir con el cliente.
Subí a la oficina diez minutos antes de la reunión. No quería encontrarme a nadie que me ofreciese cualquier opinión que me pusiera más nerviosa. Nada. Ningún estímulo exterior que estropease mi momento.
Al entrar pude ver a Clara y como agachaba la cabeza al verme y cambiaba de dirección para que nuestras miradas no se encontrasen.
No me resultó sospechoso. Clara era una persona muy tímida y el verme con Asier seguramente la dejó en estado de shock.
Quizás después de la reunión me acercase a su mesa para tranquilizarla y jurar que entre Asier y yo no había pasado nada.
Continué por el pasillo hasta la sala de reuniones. La puerta estaba abierta así que entré sin pedir permiso.
En un extremo de la mesa estaba Asier. Vestía traje chaqueta gris marengo.
Estaba guapísimo. Se había recortado la barba y parecía sacado de un anuncio de perfume de Paco Rabanne.
En el otro lado, Sofía, con un traje chaqueta rosa palo con americana y falda de tubo ajustada hasta la rodilla.
Este traje iba acompañado de unos tacones de aguja negros que la hacían parecer una ejecutiva sin piedad.
Cuando entré no sabía dónde colocarme. A primera vista las sillas que habían ocupado Asier y Sofía eran las principales, así que yo me podría poner al lado de alguno de ellos para afianzar mi posición en el proyecto.
—Hola, Zoe, ¿qué tal el fin de semana? —Sofía me agarró del brazo dirigiéndome al sitio donde me debía sentar.
—Asier, cuando vengan los clientes que se sienten en esas sillas, ¿te parece bien?
Asier asintió con la cabeza sin prestar atención a las directrices que estaba marcando Sofía.
Cinco minutos más tarde comenzaron a entrar los ejecutivos que nos llevarían al éxito. Estaba segura.
A la sala de reuniones entraron cinco personas.
Cuatro hombres y una mujer. Ahora sí que me estaba empezando a poner nerviosa.
Mientras preparaba mi exposición en ningún momento había imaginado qué tipo de empresa sería la que nos estaba pidiendo ese trabajo, pero ahora estaba claro que había sobre la mesa mucho dinero.
Sofía me pidió amablemente que cerrase la puerta del despacho.
A partir de ese momento empezaría su juego sucio.
Cada uno de los invitados se presentó cordialmente y Asier también hizo las presentaciones oportunas.
—Si les parece —comenzó la exposición Asier—, en primer lugar, quería agradecerles la confianza que han depositado en nuestro grupo y, me gustaría que describiesen todas las inquietudes y lo que esperan de este proyecto para que podamos satisfacer todas sus necesidades.
En segundo lugar, daré el turno de palabra a mis compañeras que, junto a mí, han diseñado las directrices de este proyecto con el que estamos muy ilusionados y, que espero, sea un éxito para todos nosotros.
La mujer del grupo tomó la palabra. Parecía que era la que mejor conocía el producto que querían potenciar.
—Como saben, nuestra línea lleva bastante tiempo en el mercado, pero no hemos conseguido hasta ahora un público fiel al mismo.
Hemos probado varias estrategias, pero hasta ahora no hemos tenido el resultado esperado.
Creemos que ustedes han dado en el clavo a la hora de describir a un cliente potencial que consuma nuestros productos y que además cree una estructura social potencial con otros consumidores afines a ellos, que es lo que nos interesa.
Sofía interrumpió la última frase de la buena señora. Estaba nerviosa, impaciente, como si el proyecto fuera suyo y tuviese un gran interés en quedar bien.
—Llevamos mucho tiempo dedicándonos a cuentas en redes sociales y hemos tenido propuestas bastante interesantes. Pero cuando llegó la suya nos pareció un reto que podíamos sacar adelante y he apostado por ello.
¿He apostado por ello? ¿A qué venía esa frase?
Hasta lo que yo sabía, Sofía no se había implicado ni lo más mínimo en este proyecto y había dejado que Asier y yo tirásemos del carro hasta terminarlo.
Me daba muy mala espina el comienzo de su discurso y como siguiese en esa línea las cosas iban a ir a peor.
Los diez minutos siguientes fueron el “yo”, “mi” “me” y “conmigo” de Sofía.
No sé si alguna vez habéis vivido alguna situación parecida con alguno de vuestros jefes, pero es frustrante ver como tus ideas, tu trabajo y tu creatividad son raptados sin ningún tipo de piedad por ellos.
Asumen con toda naturalidad que el trabajo es suyo y no tienen ningún tipo de escrúpulos a la hora de confirmar la autoría del mismo.
Yo estaba en shock y no dejaba de mirar a Asier para ver si tomaba las riendas de la reunión, pero no se pronunció en ningún momento sobre el discurso de Sofía.
Tampoco me dirigió la mirada. Sospecho que se sentía avergonzado por lo que estaba oyendo, sabiendo que todo ese trabajo era nuestro y que mi idea ya no era mía, era de mi jefa.
Cuando terminó de exponer recibió un gran aplauso por parte de todos los presentes en la sala. Sofía había explicado mi proyecto con todo tipo de detalles y se había llevado todos los honores.
En ese momento me sentí como un gusano al que pisan sin ningún tipo de reparo.
Y lo peor de todo no fue la actitud de Sofia.
Lo más cruel de esta situación es que Asier no dijo nada en toda la reunión.
Ni siquiera tuvieron la decencia de nombrarme como “la ayudante” o “la pringada” que había sacado todo el trabajo adelante para que una bruja viniese con su traje chaqueta y sus taconazos a decir que ese trabajo era idea suya y que iba a salir adelante porque su idea era buenísima.
Cuando finalizaron los aplausos me levanté tranquilamente y recogí mis cosas.
—Gracias, señores, pero yo no pinto nada aquí.
Salí por la puerta y me fui a mi sitio. Abrí el correo de empresa y comencé a redactar un correo:
Att: Recursos Humanos
Asunto: Solicitud despido Zoe Vargas
Creo que ya era hora de mi retirada definitiva.