CAPÍTULO 21
Era casi la una de la madrugada cuando por fin terminé todo el papeleo y dejé terminado el dosier completo. Abrí el correo y envié una copia a Asier y otra a Sofía. Por fin veía que mi trabajo podía dar sus frutos.
Revisé el móvil y los niños me habían llamado un par de veces desde casa de mis suegros, pero ni me había dado cuenta. Alfonso tampoco había dado señales de vida.
A estas horas lo único que me apetecía era dormir, pero tampoco quería ir a casa, así que decidí pasar la noche tumbada en el sofá que había para los clientes dentro en el despacho de Asier.
No tenía ganas de pensar en nada ni en nadie.
Solo dedicarme unos minutos a dejar mi mente en blanco y no perseguir sueños imposibles.
Me acurruqué a un lado del sofá y busqué algo para taparme. En el perchero había una chaqueta de lana de Asier. No le importaría en absoluto que la cogiera. Seguro que tendría decenas de ellas. Me debí quedar dormida enseguida porque estaba agotada.
Sobre las tres de la madrugada sonó mi móvil. Me desperté desubicada de tiempo y espacio. Cogí el teléfono sin ver quién estaba llamando a esas horas:
—Hola Zoe… soy tu gentleman. —La voz era la de Asier, pero se notaba que había bebido más de la cuenta.
—Estoy todavía en la oficina, acabando ya. Necesitaba respirar aire fresco y parar un poco. Os he mandado a Sofía y a ti un correo con la copia final.
—¿En qué estás pensando ahora? —No sé qué habría bebido, pero quería pasar un rato conmigo. Eso era evidente. Ante esa pregunta decidí que lo mejor era seguirle el juego. Si quería jugar no iba a ser yo la que negase ese deseo.
—En cómo eres en la cama.
—¿Yo? ¿En la cama? —La pregunta le había descolocado por completo—. Pero ¿qué estás pensando exactamente?
—En si darás la talla conmigo. Pareces un fuera de serie, pero a lo mejor no lo eres tanto… Tendrías que satisfacer todos mis deseos.
El momento se estaba poniendo interesante. Asier, como jefe, me imponía mucho, pero ahora era una voz más a través del teléfono y yo podía llevar las riendas de la conversación.
—Y ¿cuál sería ese deseo? ¿Qué te gustaría que hiciésemos juntos?
—Quiero vivir una escena de cine contigo, Asier.
Quiero que todo lo que he imaginado se haga realidad.
Mi sueño es estar en una habitación de hotel contigo en una playa paradisiaca.
Yo estoy desnuda mirando a través de la ventana como las olas golpean contra la orilla del mar.
Tú vienes por detrás y me posees, sintiendo todo dentro de mí.
—Zoe, quiero que rodees mi cintura con tus piernas y que probemos el sabor de nuestros cuerpos. Imagina que vienes a mi casa y yo te abro la puerta. ¿Qué es lo que te gustaría hacer primero?
Era el momento de hacer mis fantasías realidad.
—Te iría quitando muy despacio la camisa y besando suavemente tu cuello.
Uniría nuestros labios en un beso profundo que no acabase nunca y nuestras lenguas estarían buscándose una a otra hasta encontrarse con fuerza.
Cuando te haya quitado la camisa seguiré besando tu cuello, y lentamente bajaré por tu pecho hasta que llegue donde yo quiero.
—No te imaginaba así, Zoe… —Seguramente era el efecto del alcohol entre sus venas, pero le notaba bastante lento en sus respuestas y torpe en sus salidas.
—Quiero ver lo excitado que estás y cómo pierdes el control conmigo. Cuando estés preparado puedes entrar dentro de mí. ¿Tú crees que podrás?
—Para empezar, está bien. ¿Dónde estás, Zoe? Quiero verte ahora mismo…
—Ya te he dicho que estoy en la oficina esperándote… —Estaba tan excitada que no veía el momento en que Asier y yo nos fundiésemos en uno.
El teléfono se cortó. Volví a llamar, pero la operadora me recordó que estaba apagado o fuera de cobertura.
Volví a recostarme en el sofá y me tapé de nuevo con su chaqueta. Mi corazón estaba acelerado al cien por cien y pensar que le había dicho todo eso en un momento me estaba generando mucha ansiedad.
Estaba quedándome dormida cuando, oí cómo alguien intentaba abrir la puerta de la oficina sin acierto. Me levanté asustada y fui hacia la entrada. Sigilosamente coloqué el ojo en la mirilla y vi la silueta de un hombre que se afanaba en meter la llave correctamente.
—¿Qué haces aquí, Asier? —Abrí la puerta y le sujeté el brazo para que se incorporase.
—He venido a por ti. Me estabas esperando. Ahora no vas a poder escapar de mí.
Cerró la puerta bruscamente y soltó la chaqueta. Me agarró de la cintura y me besó tiernamente en los labios.
—Quiero recordar de nuevo como sabes y tener toda tu esencia junto a mí. Quiero lamer todo tu cuerpo y deslizar mi lengua de arriba abajo —me susurró mientras me llevaba hacia el sofá.
Nos fundimos los dos en un solo cuerpo devorado por las llamas de la pasión infinita.
—Zoe, quiero entrar dentro de ti y deslizarme suavemente hasta donde me dejes llegar…
—El alcohol salía por todos los poros de su piel y se había desinhibido completamente pero ahí pude intuir cómo era el verdadero Asier—.
Voy a entrar en ti profundamente hasta oírte gemir de placer…
y seguiré adelante. Ahora eres mía… tu cuerpo es mío en este momento y no voy a parar hasta llevarte al cielo.
Mi aliento estaba entrecortado. Notaba como no podía respirar. Me faltaba el aire.
—Me estás llevando al límite, Asier… Quiero respirarte, y exhalar todo el placer que llevo dentro. Me excitas tanto que haces que actúe como una loca. No creo que pueda aguantar mucho más.
Los dos habíamos entrado en una situación de locura transitoria.
—Zoe, me vuelves loco. —Por un momento quiero llegar hasta el infierno fundidos en el más absoluto ardor y escalar hasta la cima del mundo de puro deleite.
Permanecimos unos minutos más unidos saboreándonos intensamente. Por fin habíamos satisfecho aquello que durante tanto tiempo habíamos deseado.