Atrapados en la nube CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

La posibilidad de ir a la casa de Asier se iba complicando por momentos.

Mi jefe y yo intentábamos cuadrar dos de los presupuestos y no salían las cuentas.

De repente en mi portátil saltó una notificación de mensajería.

Era Marc. Bajé de inmediato la pantalla y me llevé el ordenador al otro extremo de la sala.

—¿Qué te parece si lo hacemos por separado? Así a lo mejor conseguimos algo en claro.

Tenía que conectar con Marc inmediatamente antes de que me dejase colgada en la nube sin obtener respuesta suya.

Me coloqué estratégicamente en un lugar en el que apenas había luz. Así podría escribir sin ningún tipo de presión:

—Seguro que has estado pensando mucho en mí, —comencé.

—¿Qué has hecho? —Marc se preocupaba de cómo había ido mi día. Era ideal sentir que alguien piensa en ti en ese sentido.

—¿Qué te apetecería hacer ahora si estuviésemos juntos? —Quería que él tomase la iniciativa en la conversación.

—Aquí todavía es pronto así que podría hacer amor, café, amor, comida, amor, ‘snack’… amor, beber y amor ¿te gusta?

—Qué bonito… así seguro que me vas a conquistar:) ¿Sabes lo que yo haría? Te miraría y así podría ver cómo eres en realidad.

—No sabía cómo era ese hombre. Apenas había coincidido veinte minutos con él y los había desaprovechado completamente. Eso era un castigo divino por haberme reído de ellos cuando nos conocimos.

—¿Cómo soy?—preguntó Marc extrañado.

—Sí, cómo eres. Para mí es muy difícil pensar lo que quieres en cada momento, lo que sientes en realidad cuando me escribes y si son reales o no tus sentimientos. —Esto era algo que me agobiaba desde que empecé a escribirme con él.

—Tú tendrás que averiguar.

—No sé cómo eres en realidad, Marc. Apenas te vi unos minutos y estaba un poco bebida. Tengo un vago recuerdo de ti, pero cuando te escribo a veces te siento diferente. Unas veces eres frío como el hielo, y otras muy ardiente, y eso me descuadra bastante.

—¿Te gustaría estar la noche conmigo? —Estaba claro que Marc estaba empezando a sentir también algo más por mí que una simple atracción sexual.

—Obviamente sí. Cuando vengas a Madrid quiero pasar todo el tiempo posible contigo y no perder ni un segundo.

Asier se levantó y se dirigió hacia mí.

—Creo que vamos a tener que dejar lo de mi casa para otro momento. No salen las cuentas, así que es mejor que acabemos el trabajo. Ya daremos rienda suelta a nuestra imaginación cuando estemos más tranquilos.

Había cerrado precipitadamente la sesión de WhatsApp que tenía abierta en el ordenador. No había abierto aún el documento que me había enviado Asier, pero no podía dejar escapar a Marc, tenía que terminar esta conversación con él para intuir cuáles eran los sentimientos que tenía hacia mí.

—¿Quieres un café? —dijo dirigiéndose hacia el office.

—No gracias, ahora no. Iré en un rato.

Tenía que dar la impresión de estar centrada en el proyecto, así que fijé intensamente la mirada en la pantalla.

—Quiero sentir tu corazón cerca de mí. Haces que me olvide de todo y de todos y solo quiera estar contigo. Me gustaría poder ver si tú sientes algo parecido por mí. —Quedaba claro que mi corazón estaba dictando sentencia y era imposible controlar lo que estaba sintiendo por él.

—Ahora no podemos, poco tiempo y además estamos lejos. Solo nos vimos un rato y no sé mucho de ti. —La respuesta de Marc me hacía pensar que él no tenía los mismos sentimientos que yo.

—Marc, me gustaría tocarte y sentir cada centímetro de tu piel. Necesito verte para ver si lo que siento es verdadero. En tu vida habrías imaginado que ibas a vivir algo así, ¿verdad? Mi vida es un absoluto caos ahora mismo voy a la deriva, pero quiero que vivamos este momento como algo especial.

—Me conocerás, seguro. Quiero que cuando me veas estés segura de que soy el hombre para tu.

—¿Cuándo podré conocerte? Dame alguna pista de cómo eres en realidad.

¿Eres frío como el hielo? ¿De qué está hecho tu corazón, Marc?

¿Cuándo vas a venir para que nos veamos?

—Él podría tomarse las cosas con esa frialdad, pero yo no, y por un momento tuve la sensación de que no íbamos en el mismo barco.

Mi cabeza no dejaba de dar vueltas a la caótica situación que estaba viviendo. Por un lado, Asier despertaba en mí esa pasión que había olvidado hace muchos años, pero por otro con Marc sentía que podía haber algo más, un sentimiento de lo que podría ser el verdadero amor.

—Ahora estoy en un important proyect. Estoy intentando ir dentro de un mes. Los clientes no pueden esperar. —Esta respuesta me sentó fatal.

Entendía que su trabajo era lo más importante, pero entonces, ¿cuál era mi papel en toda esta historia?

¿Podría esperar hasta que él viniese a verme?

Tenía a Asier a mi lado y desde luego no iba a desperdiciar la oportunidad de acostarme con él si surgía la ocasión.

Marc era mi sueño, pero el tener una relación, si se puede llamar así, a distancia, es lo que tiene.

Hay que alimentar el amor y él era un hombre de negocios que no debía ser muy hábil en su interacción con las mujeres.

—Tengo que dejarte, Marc, escribí. Ya hablamos en otro momento. Cuídate. —Solamente me faltó decir “gilipollas”.

No me apetecía seguir hablando con él. Cada vez que me daba largas sobre cuándo nos veríamos era como si me cayese una losa encima.

Tal vez Marc se había convertido en mi escapatoria en una vida que cada vez se estaba complicando más.

Estábamos intentando que saliese algo de todo esto, pero en ocasiones me daba la impresión de estar apartada totalmente de su vida y me veía como a una amiga a distancia a la que escribir cuando se sentía solo.

—¿Cómo vas? —Asier tenía prisa por acabar cuanto antes y dejar todo a la perfección.

—Todavía me queda bastante. Vete si quieres y te mando el borrador cuando acabe.

—Pues si no te importa te voy a dejar en un rato. Me han invitado a cenar y me apetece desconectar un poco.

—Sí, no te preocupes. Estoy sola el fin de semana así que me quedo hasta que lo termine.

Me estaba saliendo la noche redonda. Dos hombres me daban calabazas. Uno a distancia y otro en la oficina. Tendría que resignarme a pasar una aburrida tarde haciendo cuentas…