Atrapados en la nube CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Un sentimiento enorme de culpabilidad se apoderó de mí. No dejaba de pensar en lo que acababa de hacer con Asier, pero lo que sentía por él era más fuerte y no podía reprimir mis sentimientos.

Por un momento la imagen de mis hijos inundó mi cabeza. El día que nacieron fue el más especial que la vida me había regalado. Esos dos niños habían sido fruto del amor y durante años habían sido los cimientos de mi relación de pareja.

Me encontraba emocionalmente agotada.

Mis sentimientos se habían convertido en una montaña rusa difícil de controlar y no sabía qué hacer con ese torrente de emociones. La vida me había dado la oportunidad de ser yo misma y no podía desaprovecharla.

Aparte de eso, pensé en Clara. Me pareció muy extraño que se acercase a la oficina y más aun siendo sábado.

Ella era muy reservada, pero conmigo había tenido una conexión muy especial, quizás porque había visto en mí a la madre que nunca había tenido.

Me daba mucha pena porque siempre había estado sometida al yugo de su progenitora.

Tampoco era muy agraciada físicamente y aunque suene mal decirlo esto no era un punto a su favor en todos los sentidos.

Su madre había sido un lastre para ella durante gran parte de su existencia.

Una mujer dominante que no veía nada bueno en lo que hacía su hija.

Si no sacaba las mejores notas no valía para nada, si no era la mejor en algún deporte tiraba por tierra todo su esfuerzo y si no la cuidaba como ella quería era una mala hija.

El peso había sido otro de los grandes sufrimientos de Clara.

En su infancia la báscula se había convertido en su peor enemiga.

Desde pequeña había sido una chica muy lista y bastante estudiosa.

Esto, unido a la personalidad absorbente de su madre, la convirtió en una persona que se exigía el cien por cien y si no lograba ser la mejor caía en la frustración más absoluta.

Cuando tenía diecisiete años entró en una depresión profunda que derivó en una anorexia nerviosa. Perdió dos años de estudios, estuvo ingresada en un hospital bastante tiempo y cuando empezó a recuperar su línea de la vida habían pasado casi seis años.

Retomó los estudios compaginándolos con un trabajo de secretaria en una pequeña agencia de comunicación y fue ascendiendo poco a poco a base de trabajo y esfuerzo.

Hace siete años entró como ayudante de proyectos en nuestra empresa, y si no sucedía algo fuera de lo normal seguiría allí por el resto de su vida.

Seguro que había sospechado que había algo entre Asier y yo. Era más que evidente, pero podía estar tranquila porque Clara era de esas personas que no contaba nada a nadie y menos si era algo de mi vida.

El lunes volveríamos a la oficina y haríamos como que no había pasado nada. Clara no volvería a preguntar y quedaría zanjado el tema.