Atrapados en la nube CAPÍTULO 18
36%

CAPÍTULO 18

Ese momento fue mágico. Por segunda vez volvía a sentir el corazón de Asier palpitando fuertemente y como un torrente de ardor corría entre sus venas.

Mis brazos le rodearon y comencé a besar su cuello lentamente.

—Quiero que me saborees, Zoe. Llevo deseando este momento desde la primera vez que te vi.

Me encanta que me abraces, sentirte y desearte a la vez.

No sé cómo demonios has entrado en mi cabeza, pero no puedo alejar mi mente de ti, quiero poseerte y que seas mía.

En ese momento perdí la noción del espacio y el tiempo y me dejé llevar por la atracción que sentía hacia mi jefe.

No tenía nada que ver con lo que sentía por Marc.

Asier me daba morbo, Marc sensibilidad y amor.

Empezamos a besarnos ardientemente. Al fondo se oían los aplausos y vítores de los jóvenes que había en la barra.

No me importaba ni lo más mínimo que se dirigiesen hacia nosotros.

Asier buscaba un hueco entre mi camiseta y mis jeans por el que poder sentir todos los poros de mi piel mientras que yo me encargaba de que mis dedos explorasen la suavidad de su espalda.

Tras unos diez minutos de pasión desenfrenada volvimos a la realidad.

—Zoe, vámonos a la oficina. Allí estaremos tranquilos.

Me levanté apresuradamente y cogí mi bolso.

Al pasar junto a los jóvenes agaché la cabeza.

Me daba una vergüenza enorme pensar que habíamos dado el espectáculo en el bar.

Los chicos empezaron a aplaudir y a gritar: “¡Vivan los novios!”.

En ese momento noté que me estaba poniendo como un tomate.

Asier me cogió de la mano y salimos del local como una pareja de enamorados.

La calle me dio un soplo de aire fresco.

—Necesito una ducha —susurré en el oído de Asier—. Creo que estoy ardiendo en todos los sentidos.

—¿Vamos a mi casa? —Este episodio nos había excitado a los dos.

—No me quedo tranquila si no acabamos esto. Prefiero volver a la oficina y luego ya veremos.

Tenía que ser realista. Si íbamos a su casa perderíamos lo que quedaba del día y la noche y no acabaríamos el trabajo.

Con este chute de adrenalina que llevábamos los dos intentaríamos acabar el trabajo lo antes posible para irnos a la cama juntos.

Cogimos el ascensor y cuando cerraron las puertas me volvió a besar apasionadamente.

—He fantaseado con este momento muchas veces, Zoe. Te beso la cara, los labios, tus pechos y bajo hasta tu mundo. Quiero poseerte y estar dentro de ti. Yo creo que los dos ya estamos preparados para acostarnos.

Al salir vimos la puerta de la oficina entreabierta. Alguien más estaba dentro. Asier entró rápidamente buscando al intruso que había chafado el poder seguir dando rienda suelta a nuestros deseos más íntimos y explorar nuestros cuerpos en la oficina.

—Clara, ¿qué haces aquí?

Ninguno de los dos esperábamos que fuese a haber alguien en la oficina.

—He venido a recoger unos papeles que olvidé ayer —dijo tartamudeando y bajando la mirada como si hubiese cometido un delito.

Retrocedí unos pasos para marcar distancia con Asier, pero era evidente que los dos veníamos juntos y que nuestra cara no era precisamente de haberlo pasado mal.

Clara recogió rápidamente unas carpetillas que había en la mesa de Sofía y se dirigió a la salida como alma que lleva el diablo.

—Espera Clara. —Me acerqué hacia ella rápidamente—. ¿No te vas a quedar?

—Perdona Zoe, no quiero interrumpir el momento…

—Pero no digas tonterías, ¿qué momento? Estamos trabajando juntos, Sofía nos ha enmarronado y tenemos que acabar esto entre hoy y mañana.

—No tienes que justificarte, yo ya me voy. —Cogió su bolso y salió escopetada.

Asier ya se había metido en su despacho y había cerrado la puerta.

Me dirigí hacia allí y cerré con llave. No quería que nadie más interrumpiese ese momento, aunque, a decir verdad, no sabía si él tendría ganas de continuar con lo que habíamos empezado.

Toqué un par de veces con los nudillos y entré sin pedir permiso.

Estaba mirando fijamente a través de la cristalera.

Me acerqué sigilosamente y rodeé su cintura juntando de nuevo nuestros cuerpos.

Sin mover ni un ápice de su cuerpo se mantuvo en silencio.

—Quiero que vivamos este momento de una manera especial y la oficina no es el lugar indicado para esto. Vamos a terminar el trabajo y te llevo a mi casa.

Asentí y retiré las manos de su cintura suavemente. En ese momento le habría hecho de todo en el despacho, pero la aparición de Clara había roto todos nuestros esquemas.