CAPÍTULO 16
La tarotista se encontraba en la planta de arriba del local.
Para acceder a ella había que subir unas minúsculas escaleras de madera antigua que crujían bastante y daban un aspecto siniestro a la escena.
Al final de la escalera había un cuadro con la imagen de un reloj típico de la época victoriana que aparecía derretido por las llamas de un fuego intenso.
El olor a incienso transportaba a una realidad paralela. Una realidad que posiblemente no quería escuchar pero que estaba ahí, y ya era inevitable enfrentarme a ella.
La mujer tenía unos cincuenta años. Aspecto menudo, gafas de pasta rojas, pelo rizado a la altura del hombro y cara de buena persona.
—Hola, ¿qué tal estás?
—Bien, muy bien. —Le dediqué una de mis mejores sonrisas para no dar pistas de nada a esta buena mujer.
—¿Sobre qué quieres preguntar? Bueno, si quieres te digo cómo va a ir tu vida en general o me haces una pregunta determinada. Tú decides.
—Pues, no sé. —Estaba indecisa.
Por un lado quería saber lo que iba a pasar con Asier pero me daba miedo que dijese algo que no me gustase.
Por otro, la relación con Marc seguiría de momento a distancia y tampoco él me había dicho nada de encontrarnos en algún lugar del mundo.
Llevábamos muy poco tiempo y estábamos conociéndonos así que no apostaba por preguntar de momento nada sobre él.
Y con Alfonso, eso ya lo tenía más que claro. Alfonso a lo suyo y yo a lo mío. El problema eran los niños. Tenía un lío en mi cabeza de los grandes.
—Quiero saber qué me está pasando. —Con esta pregunta no decía nada pero lo decía todo, así también vería cómo salía la tarotista de ello.
—Corta la baraja, por favor. —La mujer era tan dulce que me empecé a relajar bastante y a tomarme lo que me iba a decir como una conversación de amigas—.
Tienes ahora mismo una situación complicada.
Veo que hay una persona que está perdida ahora mismo en tu mundo.
No sabe lo que hacer y tampoco ve salida a la relación que estás llevando con él ahora mismo.
Ahí me imaginé a Alfonso. Los dos llevábamos una vida bastante distanciada desde hacía tiempo. Él se había volcado en el trabajo y en el deporte y yo en los niños y poder sobrevivir en el trabajo cada día, cosa que en los últimos meses se me había hecho muy cuesta arriba.
La vidente me estaba mirando con cara de asombro.
Revisaba continuamente las cartas y luego me observaba por si yo decía algo.
Yo preferí estar en silencio. Pensé por un momento si mi vida era tan caótica como para crear el interés de una persona que está acostumbrada a ver este tipo de situaciones en la gente.
—Pero aquí hay algo que no veo claro. —Frunció el ceño y miró una de las cartas que había salido en la baraja.
Era la carta de la incertidumbre—. Esta carta significa un estado de confusión de ideas y de contradicciones que nos impiden tomar decisiones.
Tú tienes la fortaleza para superar este momento que te paraliza y te provoca sufrimiento.
Es probable que ahora veas toda tu vida como un caos y que ese desorden te impida ver con claridad lo que quieres, pero llegará un momento en el que eso saldrá y todo volverá a cobrar sentido para ti.
Agaché la cabeza y comencé a hablar:
—Ahora mismo hay dos personas en mi vida. No sé ni lo que quiero, de verdad.
—Veo a una persona que está muy lejos de aquí, a kilómetros de distancia.
Una persona a la que has conocido en unas circunstancias especiales y que está empezando a tener sentimientos por ti.
Pero hay que ser realista y es una relación que, de momento, va a continuar así hasta que vosotros decidáis si queréis seguir con ella o no.
Uno de los dos tendría que renunciar a su zona de confort y es muy difícil ya que él es un hombre de negocios y está muy centrado en su trabajo.
Estaba empezando a estar un poco descompuesta. La mujer hasta ahora estaba dando en el clavo y estaba generando en mí más ansiedad e incertidumbre sobre lo que iba a ser mi vida.
—Corta otra vez, por favor. —Ahora veía una mirada observadora en la vidente, ávida de más información sobre las relaciones que tenía en mi vida—.
Veo también a una persona con poder. Es muy atractiva físicamente, pero tú desconfías de ella.
Esa persona quiere entrar en tu vida, pero tú no quieres que entre, aunque la atracción sexual entre ambos es evidente.
A esta persona le atraes por cómo eres y quiere avanzar contigo.
Esta persona en el fondo es más parecida a ti de lo que crees, pero tiene una coraza muy grande para protegerse.
Madre mía, me estaba quedando perpleja. Esta buena señora estaba dando más información de la que nunca hubiera imaginado. Ahora le tocaba el turno a Asier. Sacó dos cartas más de la baraja y prosiguió con su discurso.
—Aquí veo un juego peligroso. Tú no quieres que entre en tu vida, estás poniendo una barrera para que no te haga daño, pero no piensas que esta persona te puede aportar muchas cosas en tu vida.
Aparte del deseo que mostráis ambos tenéis muchas cosas en común.
Veo que él puede haber tenido muchas parejas pero no apa-rece como que haya estado enamorado.
—Tengo una vida muy complicada ¿no crees?
—Todo pasa. Es un momento muy complicado el que estás viviendo y solamente hemos dado pinceladas en el terreno del amor porque en el trabajo también tienes una situación extraña.
Lo único que te digo es que no te fíes de nadie.
Desconfía de todo el mundo porque hay alguien que ha visto tu potencial y va a haber gente que se sienta amenazada por ti.
—Nada, pues muchas gracias, de verdad.
—Cuídate mucho y ya verás cómo al final triunfa el amor. —Fue la frase de despedida de la tarotista.
Bajé las escaleras desencajada. En poco más de veinte minutos había dado un repaso total a toda mi caótica vida actual. Sandy se acercó rápidamente a mí.
—¡Pero qué cara traes! Si te has quedado hasta pálida. Pero ¿qué le has contado?, ¿la Biblia?
—Sandy, déjame que me siente aquí mismo que creo que me estoy mareando.
Lo que prometía haber sido una noche de farra se convirtió en una noche de pena.
A Sandy tampoco es que le dijesen cosas muy halagüeñas.
Varios amoríos que no iban a llegar a nada, inestabilidad en el trabajo y un amor pasado que iba a aparecer de nuevo en su vida para retomar algo que quedó pendiente hace años.
—Como has tenido tantos novios, Sandy, vete tú a saber a quién se refiere. Pero ¿ha contactado alguno contigo últimamente?
—Y yo que sé. Ahora con Instagram he retomado algunas relaciones de amistad que tenía olvidadas, pero ni idea. La mayoría de ellos están ya casados o divorciados o con el peso de la edad sobre sus cabezas que parecen mi padre.
—Yo me he quedado muy mal, Sandy. No me esperaba para nada que me dijese eso.
Sobre todo lo de Asier porque es un hombre por el que, honestamente, no doy un duro.
Si llego a algo ya sé lo que puede significar en mi vida y encima es mi jefe.
Seguro que así me iba a ir mal. Y luego está el tema de Sofía, se nota que le gusta y que va a hacer todo lo posible por estar con él, y si me tiene que quitar de encima no se lo va a pensar.
—A mí tampoco es que me haya dicho nada bueno, así que ahora no vayas de víctima. ¿Nos tomamos otra copa?
Después del ladrillazo que nos había metido la adivina nos quedamos sin fuerza para retomar la fiesta.
A nuestra edad este tipo de noticias no son muy agradables.
Tampoco íbamos a pensar que iba a venir un príncipe azul y nos iba a rescatar de nuestras aburridas vidas, pero algo más positivo podíamos haber sacado de ello.
—Estoy cansada, Sandy. Nos podíamos ir ya a casa que mañana tengo que volver a la oficina.
—Sí, yo tampoco tengo cuerpo pa farolillos, por no decir otra cosa, Zoe. Hemos pasado un rato juntas y ya está, que es lo bueno.
Más valía una retirada a tiempo que un sufrimiento eterno.