CAPÍTULO 15
Sandy me esperaba a la salida del metro, impaciente porque no cogía el teléfono. Llegué casi veinte minutos tarde y estaba sofocada.
—Perdóname Sandy, no sabes lo que me ha pasado. —No me había dado tiempo a asimilar lo que había ocurrido hace apenas una hora.
—Ya puede ser la bomba porque veinte minutos dan para mucho.
—Acabo de estar con Asier y nos hemos abrazado. Cuando la cosa se ponía interesante hemos tenido que apaciguar nuestra tensión sexual. Si lo sé no quedo contigo, de verdad.
—¡Eres tonta o qué! —exclamó Sandy—. Para una vez que te puedes enrollar con él y lo tiras todo por tierra. ¿Por qué no me has llamado? Es que ya te vale, una oportunidad como esta desaprovechada.
—Pero también te digo que no sé si él querría llegar a más —intentaba justificarme a mí misma que yo no era mujer para un tipo de hombre como él—.
Además, estoy viviendo una historia muy bonita con Marc.
Creo que me estoy enamorando de él y estamos compartiendo momentos juntos que jamás habría imaginado.
—Sé realista, Zoe. Él está a cientos de kilómetros de aquí, no os habéis visto nunca y encima es alguien que tú estás creando en tu cabeza.
Marc es el hombre de tus sueños porque lo has dibujado en tu imaginación, a ver si te enteras.
Seguramente si os conocieseis no tendríais nada en común.
¿No crees? Y Asier está aquí al ladito y para darte un homenaje pues está bien y como dice el dicho: “lo que se vayan a comer los gusanos que lo disfruten los cristianos”.
Zoe, yo te quiero mucho —siguió Sandy—, pero a veces eres demasiado ingenua.
El mundo no está hecho para soñadores porque son los que mayores decepciones se llevarán en la vida.
Sandy tenía toda la razón, pero no quería terminar mi sueño antes de que empezase.
Con Marc era todo como una película donde el protagonista sabe decir en cada momento lo que su amada quiere oír.
Sin embargo, con Asier no había habido un día que estuviésemos juntos que no acabásemos a gritos o con malas palabras, aunque la tensión sexual que había entre los dos era un hecho evidente.
Lo que yo me preguntaba es cómo una mujer como yo podía atraer a un tipo como él. Asier era un seductor nato. Habría estado con cientos de mujeres, se notaba a la legua y sabía cómo tratar a una chica si le gustaba.
Yo tenía un perfil de mujer que pasa desapercibida allá por donde va.
Con mi metro sesenta de estatura y mis cincuenta y cinco kilos no abultaba nada.
Lo único que tenía es que podía resultar graciosa, y a los ojos de los hombres, vulnerable, por otra cosa no había mucho que destacar de mí excepto mi creatividad, que por causas del destino nunca había sacado a relucir.
Sandy me miró y me dio un gran abrazo.
—Zoe, vamos a divertirnos esta noche de lo lindo. Primero iremos a Medium a echarnos unas risas a ver qué nos dicen las cartas y luego podemos ir a bailar a algún sitio de música de los noventa que nos haga revivir nuestra época de juventud, ¿te parece?
—Lo que tú digas. Pero no quiero enrollarme mucho porque mañana tengo que volver a la oficina a acabar el trabajo que he dejado a medio hacer.
—Pero prométeme que no vas a mirar el reloj, ¿ehh? Para una noche que podemos salir tienes que relajarte y no pensar en lo que pueda suceder mañana. Sandy vivía el momento y en cierto modo era lo que yo admiraba porque así reducía las preocupaciones de la vida a la mitad.
Nos dirigimos al local que estaba en pleno centro de la capital.
Las calles estaban muy animadas de gente y la buena temperatura que hacía propiciaba que la gente saliese de copas.
El local había abierto sus puertas hace apenas dos meses y estaba abarrotado.
Había que reservar mesa como mínimo una semana antes y se había convertido en uno de los sitios de moda del momento.
En la entrada esperaba una camarera disfrazada de pitonisa que tomaba nota de la reserva y preguntaba qué tipo de lectura quería cliente: tarot, grafología, lectura de manos o hipnosis eran algunas de las cosas que ofrecía el sitio junto a una carta de cócteles de lo más inquietante: premonición, las caras de Velmez, el niño de la mirada perdida o viaje astral eran algunas de las bebidas que se podían disfrutar en Medium.
—Buenas noches, tenían reserva ¿no?
—Por supuesto —dijo Sandy en un tono de lo más animado y eso que no había probado todavía el alcohol.
—¿Van a querer artes adivinatorias junto al cóctel?
—Por supuesto que sí —volvió a repetir Sandy—. Para eso hemos venido. A ver si la pitonisa nos arregla el futuro, que lo tenemos bastante desastroso.
—Tenéis vuestro sitio reservado. Os podéis sentar aquí. Os dejo la carta de bebidas para que vayáis pensando lo que queréis y en un ratito os avisaré para que subáis a ver a la tarotista a su espacio.
—Guay, me encanta este sitio, Sandy. —El ambiente era inquietante—. No sé si pedirme el de las caras de Velmez, que estoy viendo que tiene la chica de la mesa de al lado, u optar por el de premonición a ver si me conseguía aclarar las ideas.
—Yo me voy a pedir la bola de cristal. Este tiene ginebra que me vendrá bien para poder aguantarte toda la noche, Zoe, porque me tienes que contar bien qué tienes entre manos con estos dos tíos.
—¿Qué dos tíos? —Me sorprendió que Sandy fuese tan directa.
—Pues con el guiri y con Asier. Vamos, yo no sé cómo estará el guiri, pero Asier está buenísimo. Si no lo quieres tú me lo puedes presentar, aunque yo creo que tampoco es mi tipo, yo los prefiero moteros.
—No sé ni lo que quiero. Estoy empezando a agobiarme con lo de Asier. Tal vez quiera algo conmigo, pero es mi jefe y como pase algo estaré marcada para toda la vida. Además, está Alfonso, que todo el mundo de la oficina le conoce y ¿qué van a pensar de eso?
—Mira Zoe, yo tengo una cosa clara. Tienes que vivir el presente, que es lo que hago yo. De la noche a la mañana se te tuerce la cosa y te quedas sin haber catado nada. Aquí estamos de paso, así que aprovecha todo lo que puedas.
—Bueno, ¿ya tienes claro lo que vamos a pedir?
Tampoco quería ahondar en la conversación porque solo pensar en lo que había pasado esa tarde me estaba creando dolor de estómago.
—¡Por favor, camarero!, ¿nos puede tomar nota? —Me gustaba que Sandy fuese tan directa siempre con todo. No le daba vueltas a la cabeza. Para ella la vida era pura diversión.
Sandy y yo nos conocimos en la universidad.
En aquella época éramos bastante tímidas las dos.
Por eso creo que hicimos tan buenas migas.
Todos los días íbamos a la biblioteca a estudiar juntas, o a la cafetería de la facultad a disfrutar de café y charlar sobre nosotras y nuestras aspiraciones de futuro.
Pero desgraciadamente la vida nos da momentos que no quisiéramos vivir nunca y la madre de Sandy murió de repente cuando ella apenas tenía veinte años.
Con un hermano pequeño y un padre con depresión, que estaba todo el día tumbado en la cama, Sandy tuvo que sacar adelante a esa familia y el concepto de vida cambió totalmente para ella.
Cuando su hermano se independizó y su padre murió, Sandy se convirtió en una persona totalmente diferente que aprovecha cada día como si fuera el último que va a vivir.
Se ha convertido en una “disfrutona” y eso es lo que me gusta de ella. Piensa en el hoy y nunca en el mañana.
Por eso es tan divertido salir de fiesta con ella porque no te aburres ni un minuto.
—Sigamos, Zoe… ¿y con el guiri qué?
—Pues muy bien. Mantenemos el contacto y eso.
—¿Y qué es “eso”?
—Pues nada, que hablamos y a mí me está gustando cada vez más. Es tan sensible y sabe decirme lo que quiero oír en cada momento.
—Y entonces con Alfonso, ¿qué vas a hacer?
En ese momento llegó la camarera en busca de una de nosotras.
Había llegado la hora de la verdad. ¿Qué me diría sobre mi futuro la tarotista?
¿Tendría que hacer algo con Asier, o Marc era mi verdadero príncipe azul?
Y Alfonso y los niños, ¿antepondría el amor a mis obligaciones como madre y esposa o decidiría dar rienda suelta a mi libertad y poder disfrutar de la sensación de ser mujer?
Muchas preguntas en mi cabeza para un instante de clarividencia.