Atrapados en la nube CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

Me senté en mi sitio desplomada. Todo esto me había sentado como un jarro de agua fría.

Mi creatividad había sido enterrada por el ansia de prestigio y poder de los dos.

Es muy triste pero muchas veces el talento queda en un segundo plano y dejamos que las riendas de nuestra vida queden a merced de personas que no se lo merecen.

Sofía se había superado a sí misma. En cuanto vio peligrar su estatus decidió actuar como no la había visto nunca: como una mujer egoísta y despechada. Eso sí, con una sonrisa y haciendo creer que lo que estaba haciendo era lo mejor para mí.

Encendí el ordenador y vi un correo de Sofia con copia a Asier:

Abrí el correo y como dirían mis hijos: “flipé”. Esta mujer no estaba muy bien de la cabeza. Este era el trabajo de una semana y pretendía que lo hiciese en un día. Además, las pautas que estaba dando poco tenían que ver con el planteamiento del proyecto que había hecho yo.

Asier estaba muy ocupado con otro proyecto que llevaba entre manos y que le estaba dando más guerra de lo que creía.

Mientras pensaba a ver cómo demonios iba a hacer todo lo que me había enviado esta mujer se me ocurrió una idea brillante.

Iba a hacer dos proyectos paralelos: uno el suyo y otro el mío.

Este iba a ser mi gran secreto. Cuando me ponían entre la espada y la pared, era cuanto más efectiva me manifestaba, y ya había aguantado bastante.

Iba a ir a por todas y demostrarles lo que valía.

Cogí el móvil. Tenía que enviar varios mensajes urgentes:

Alfonso: Cuando puedas, llámame. Esta semana me han ‘enmarronado’ así que tienes que dejar a los niños en casa de mi madre. Tengo que acabar este proyecto y no me da tiempo.

Sandy: Necesito salir el viernes. No puedo más. Tengo que distraerme de esta mierda. ¿Vamos al sitio ese donde te tomas una copa y te echan las cartas?

Mi madre: Mamá, ¿esta semana no te importa que los niños se queden en tu casa? Me han ‘enmarronado’ en el trabajo y Alfonso tiene todo el día que estar en el trabajo. Te lo agradeceré eternamente. Te quiero mucho.

Marc: Te echo de menos. No sabes cuánto me gustaría que estuvieses a mi lado para poder sentirte. Si tienes un momento, escríbeme. Quiero notar el calor de tu piel junto a la mía.

Una vez hecho esto debía darme prisa para intentar acabar las tareas que me había marcado Sofía para ese día. Debía hacer dos plantillas de trabajo: proyecto A y proyecto B. Proyecto A iría marcado por las pautas que ellos querían. Proyecto B era mi sueño y el que se iba a hacer realidad.

Apagué el teléfono y me centré en sacar todo el trabajo. Cuando estaba concentrada era una máquina, claro que eso solo ocurría muy pocas veces en mi universo porque mi vida estaba llena de interrupciones y desconcentración total por parte de factores ajenos a mí.

Llegó la hora de comer y vi como Sofía se acercaba al despacho de Asier y al momento salían los dos juntos. Se acercaron a mi mesa.

—Zoe. —Sofía estaba pletórica—. Vamos a bajar a comer algo por aquí, ¿te vienes? Así desconectas un poco que no te he visto moverte de tu sitio en toda la mañana.

—No te preocupes. Tengo muchísimo trabajo y no sé si me tendré que quedar hasta tarde. Por cierto, cerca hay un italiano que está muy bien y es un local muy íntimo, creo que tú lo conoces, ¿no Asier?

Asier me miró con cara de querer acabar con mi vida en ese momento, pero me dio igual. Era lo que sentía y no me iba a cortar en decírselo, aunque fuese mi jefe.

Cuando se cerró la puerta de la oficina encendí de nuevo el móvil. Genial, mi madre ni lo ha leído, Sandy ha contestado con un simple ok, tengo una llamada perdida de Alfonso y un mensaje de Marc:

—¿Qué tal estás? Me alegro de saber de ti.

Mierda. Había contestado justo cuando le había escrito yo, así que imaginaba que ya no estaría en línea.

—Siento no haber contestado, pero es que he tenido mucho lío en el trabajo. Quiero estar contigo y sentirte. ¿Estás ahí?

No habían pasado ni dos minutos cuando saltó la notificación en el teléfono:

—Creo que tendrás que compensarme por hacerme esperar tanto ;) —Marc había estado esperando pacientemente.

—¿Qué quieres de mí? —Tenía unos minutos para poder disfrutar de este hombre.

—Tu cuerpo…

—Es tuyo. —Lo bueno que tienen este tipo de conversaciones es que puedes ser y convertirte en lo que quieras. No había más reglas que las que marcaban los propios jugadores, y estaba claro que Marc ya había iniciado el juego.

—Tengo algo de tiempo antes de una reunión, siguió Marc.

Había llegado el momento de empezar a jugar.

—¿Tienes tiempo para hacer locuras Marc? —Tenía que ir al grano.

—¿Cómo qué? —Una de las cosas que más me gustaba de Marc era la aparente ingenuidad con la que contestaba a muchas de mis preguntas.

—Como abrazarte y ponerte contra la pared. Empezar a besarte y quitarte la camisa lentamente. Besarte la cara y el cuello lenta y suavemente y seguir hasta dónde tú me dejes llegar…

—Me gusta mucho Zoe, quiero que sigas…

—Quiero que seas mío, Marc. Solo tú puedes verme, tocarme, sentirme y disfrutar de mí, así que siéntete afortunado.

Pasaron más de dos minutos sin obtener respuesta. ¿Qué estará haciendo este hombre? Lo primero que pensé es que algo había dicho que no le había sentado muy bien. Al momento vi como escribía de nuevo.

—Quiero coger tu pelo softly, mientras estoy dentro de ti y sentir los labios unidos. Puedes sentir el calor de mi cuerpo y recordar que soy tuyo. Quiero que goces, Zoe.

—Eres todo mío Marc. —En ese momento no sabía ni lo que decir. Se me habían acabado las ideas ya que la oficina no era precisamente un lugar que me evocase ideas lujuriosas. Aún así seguí con la conversación.

—Marc, me vuelves loca y ahora mismo lo único que quiero es estar contigo.

Cuando nos veamos te voy a enseñar algunas cosas.

Viviremos nuestra propia historia, señor americano, y la crearemos a nuestro gusto.

Te haré sentir el hombre más deseado de la tierra.

— Uff, me estaba poniendo como una estufa incandescente.

—Uauuu. ¿Y cómo harás de mí más deseado?

—Cumpliendo todos tus deseos.

En ese momento vi a Clara que se estaba acercando hacia mi sitio. Apagué el móvil como una bala. Nadie debía saber esto. Nadie excepto Sandy.

—Te veo como sofocada, Zoe ¿Te pasa algo?

—No, no es nada. —Me había entrado un calentón que necesitaba enfriar cuanto antes—. Vamos a la máquina a por un agua. Necesito beber algo.

—Ya he visto que la Ratita ha hecho de las suyas ¿verdad?

Iba toda peripuesta pidiendo guerra a Asier.

Es una zorra. Esta mañana se han calentado los dos, lo bueno desde mi sitio es que se oye casi todo lo que sucede en la sala de reuniones.

Él estaba diciendo que creía que tenías mucho potencial y quería sacarlo y ella te ha tirado por tierra, que lo sepas.

Ha dicho finamente que ya la habías cagado en otros proyectos y que eras muy dispersa.

Además, le ha comentado que estabas mal con tu marido y que con los niños no te centrabas en nada.

—¿Y qué más le ha faltado decir? ¿Qué uso ropa interior del Primark porque con lo que gano no me da ni para comprarme un puto sujetador de Victoria Secret como los que usa ella? No puedo más Clara, estoy muy cansada y no me esperaba esto de Sofía.

—Zoe, aplícate la frase de la película El Cabo del Miedo: “Vamos Ratita, enséñame la colita”.

Cuenta conmigo para lo que quieras, de verdad.

Eres una persona muy buena y siempre has intentado ayudarme tanto en lo personal como en lo profesional, así que es lo menos que puedo hacer por ti.

Y otra cosa te digo, Asier está enamorado de ti, lo veo en sus ojos, así que ten cuidado con él.

—Demasiada información, Clara, déjame que digiera todo esto poco a poco, por favor.

—No has comido nada, Zoe. ¿Te traigo un sándwich?

—No, Clara, tráeme cianuro. Es lo que necesito en este momento.

Ese día marcó un antes y un después en mi vida.

Cuando llegué a casa eran cerca de las once de la noche.

Había empleado toda la tarde en intentar adelantar el maldito proyecto, pero me faltaban horas.

Alfonso estaba durmiendo y los niños, afortunadamente, en casa de mi pobre madre, a la que había condenado toda la semana a sufrir el castigo divino de dos niños “intensos”.

Me senté en el sofá y comencé a llorar. En esos momentos habría necesitado un abrazo, pero la soledad se apoderó de mí.

Mi matrimonio era un asco, mi trabajo también, mi jefe jugaba un doble juego conmigo y me estaba enamorando de un hombre con el que apenas había cruzado unas palabras y vivía a miles de kilómetros de distancia.

¿Qué más podía pedir? En ese momento me gustaría haber desaparecido del mapa y convertirme en polvo, pero la vida es así y hay que aceptar las cosas como vienen e intentar salir victoriosa de los contratiempos.

Estaba rodeada de gente las veinticuatro horas, pero me sentía sola.

Necesitaba a Marc en ese momento.

—Hola Marc, ¿cómo estás?

El silencio cubrió toda la casa. Definitivamente ese no era mi día.