Atrapados en la nube CAPÍTULO 11
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CAPÍTULO 11

Abandoné la sala de reuniones y Asier vino tras de mí hasta que me alcanzó y me cortó el paso en seco.

—¿A qué viene esa salida de tono? ¿Qué quieres conseguir con eso?

—Yo no quiero conseguir nada. Solo creo que no estoy capacitada para esa responsabilidad y tampoco quiero trabajar a tu lado.

—Eso lo tendré que decidir yo que soy tu jefe. —Nunca había visto a Asier tan serio como hasta ahora—. Por ahora vas a estar aquí, aunque no me hace ninguna gracia trabajar contigo. Mañana a las nueve empezamos con tu propuesta.

¿Había oído bien lo que había dicho este hombre?

¿Sería verdad que mi apuesta era la que había salido adelante?

Madre mía, no me lo podía creer, algo en lo que casi nadie había confiado y Asier había apostado por ello.

Y ahora, ¿qué es lo que se suponía que tenía que hacer?

¿Callarme y no decir nada u optar por unas disculpas a tiempo?

Mi estilo no era el primero. Si la había cagado tendría que recular, pero hoy no era el día.

Volví a mi sitio, pero me sentía agotada. Quedaban todavía unos minutos para las doce de la mañana y todavía no había digerido lo que acababa de pasar.

Si Asier quería que formase parte de su equipo tenía que centrarme.

Ahora las decisiones que se tomasen dependían en cierto modo de mí y de cómo quería afrontar el proyecto.

Tenía que cambiar mi mentalidad. Dedicarme en cuerpo y alma a este trabajo y dejar de estar a la defensiva con Asier porque al final eso no me iba a llevar a ninguna parte.

Encendí el ordenador y me encontré con una sorpresa.

—Hola, cómo estás?

En Nueva York eran las seis de la mañana, así que me resultaba muy raro que estuviese conectado a esa hora.

—Pero, ¿qué haces a estas horas despierto? —Me resultaba raro que a esa hora estuviese con el teléfono móvil.

—Pensando en ti…:) Tengo una call con unos clientes en una hora y I’m busy. No puedo hablar mucho tiempo.

—¿Sabes qué me pasa Marc? —en ese momento quería empezar a jugar con él—. Estoy empezando a enamorarme de un hombre que apenas conozco…

Me parecía tan serio, tan educado y tan mono que era como si estuviese sacado de otro mundo.

—Bueno, ¿y cómo love me si no me conoces?

—No lo sé, eso sólo lo sabe mi corazón. Una cosa Marc, ¿qué pensaste de mí?, ¿cómo creías que era cuando me conociste?

Tenía curiosidad por saber qué había visto ese hombre en mí que no habían visto todos los demás que había conocido. Cuando era joven sí que había tenido algún que otro ligue, pero fue casarme y tener hijos y perder todo el posible encanto que pudiese haber tenido para el sexo opuesto.

—¿Cuándo te conocí, o cuando iré a verte?—Parecía que cuando viniese Marc tendría que darle alguna clase de gramática.

—Cuando me conociste.

—Muy cool y con muy buen gusto. Divertida para hablar y con una sonrisa increíble.

—Yo te recuerdo muy nervioso intentando hablar conmigo y yo medio borracha. Aunque realmente nunca imaginé que algo así podría pasar entre nosotros.

—Deberías haberme querido de inmediato ;) —me dijo él de repente.

—Debí haberme acostado contigo ese día. Era lo único que me apetecía hacer en este instante.

—Ummmm, ¿de verdad? —Parecía que la cosa estaba animándose.

—Lo malo es que cuando salgo con mis amigas no me suelo acostar con la primera persona que se me acerca. —En realidad tampoco le iba a decir que mi vida sexual con mi marido era casi nula y que ya casi ni me miraba porque llegaba a casa y sus únicos objetos de deseo eran el fútbol y las aceitunas.

—Eso no es nada mal… es bueno, respondió.

—Pues lo primero que pensé cuando empezaste a hablarme es que parecías tonto ;), vamos que te lo digo en el buen sentido de la palabra. Ahora mismo si pudiera verte y tocarte sería la persona más feliz del mundo.

—Tocarnos y ¿más? —Marc estaba empezando a encenderse como yo, pero con seis horas de diferencia.

—Pues besarnos, darnos besos por todos lados, deseando tu cuerpo y sentir como tus brazos me rodean por completo. ¿Te parece bien? Me pregunto a qué sabes.

—Podrás descubrirlo cuando nos veamos. La idea de que Marc volviese volvía a cobrar forma en nuestra conversación.

—¿Sabes a flor de Loto? – No sé por qué se me había ocurrido esa referencia tan poética. Seguro que Marc no tendría mucha idea de qué era eso a no ser que hubiese leído La Odisea de Homero y no creo que fuese el caso.

—No entiendo lo que dices.

Yo misma me acababa de meter en un fregado lingüístico utilizando una metáfora con una persona que ni siquiera hablaba mi idioma habitualmente.

—La flor de Loto, comencé a explicarle, es ese manjar que te hace olvidar todo lo que has vivido y solo desear que el presente esté siempre en tu vida. Marc, quiero que vivamos este momento y que no se acabe nunca.

—Lo siento, tengo que irme, llego tarde. Xx.

Parecía que de nuevo Marc tenía prisa. Este había sido un encuentro romántico en toda regla. Dos personas conociéndose y expresando unos sentimientos que se desencadenaron una noche cualquiera en un sitio cualquiera. Si hubiese hecho un guion de cine no me habría salido tan bien.

El destino es caprichoso y me había hecho sentir que estaba enamorada.