CAPÍTULO 9
—Esto no ha pasado nunca, así que olvídate de lo que acabamos de hacer. Ha sido un error por mi parte —dijo Asier con una frialdad apabullante.
—No te preocupes, para mí esto tampoco ha sucedido. Me voy a cambiar y me voy. —Por un momento me quedé con una sensación de cualquier idiota soñador con una ilusión que se desvanece de repente de la manera más fría y cortante.
—Si quieres quédate y duerme en la cama. No te encuentras en condiciones como para salir de aquí ahora mismo. No sé si tienes que decir algo en casa, pero por mí no hay problema, yo dormiré en el sofá.
—Vuelvo a casa, muchas gracias por el ofrecimiento. Mañana tengo que llevar a los niños al colegio y quiero cambiarme para no ir con lo mismo al trabajo. Gracias de nuevo y perdona por esta noche que te he hecho pasar.
Me vestí y recogí mis cosas. Salí por la puerta sin decir nada y sin ver ningún gesto por su parte que intentase retenerme para estar a su lado.
Era una de las mayores meteduras de pata que había cometido en mi vida. En todos los sentidos. Pero una cosa me había quedado clara esa noche: había una atracción mutua por parte de los dos y esta historia no había hecho nada más que empezar, de eso estaba segura.
A las 07.00 sonó el despertador. En casa ni se habían dado cuenta de que había vuelto.
Había dormido apenas dos horas y tenía la cara que daba pena.
Las ojeras me llegaban hasta los pies y la piel se había vuelto cetrina.
Solo tenía ganas de llorar. Evidentemente tendría que ir al trabajo y dar la cara como si no hubiese pasado nada.
Preparé el desayuno, levanté a los niños y los llevé al colegio. Hermes me preguntó si me encontraba bien porque me veía mala cara. Intenté minimizar el asunto y les dije que me había sentado mal la comida en el trabajo. Es lo bueno de ser niño, son tan inocentes que se creen todo lo que les dices.
Llegué diez minutos antes y fui directamente a la máquina de café. Necesitaba despejarme porque el día se iba a presentar muy duro. Cuando volvía a mi sitio entraba Asier en la oficina.
Pasó por mi lado y musité un “buenos días” casi sin mirar.
Creo que no podría volver a mirarle a la cara en mi vida.
Me daba una vergüenza tremenda tener que trabajar con ese hombre codo con codo.
No me lo había planteado, pero quizás podría sugerir a Sofía que me cambiase de proyecto porque no me encontraba a gusto o, tal vez, que me pusiese a hacer otras labores más acordes con mi perfil laboral.
Tenía todo el día para pensar lo que iba a hacer, pero lo más sensato sería alejarme de él.
Un par de minutos más tarde llegó Sofía.
—Zoe, Asier nos ha convocado a una reunión a las 11.00, tenemos que empezar a trabajar con él y va a ir planificando día a día lo que vamos a ir haciendo.
—Ehhh, Sofía, yo quería comentarte una cosa sobre esto. —Creo que era el momento para decir que no podía seguir.
—Luego me lo dices. Prepara tus mejores armas que tenemos que impresionar a este hombre. Tienes una hora para diseñar la línea de actuación de hoy.
¿Mis mejores armas? ¿Cuáles eran? ¿La bebida?
¿El decir cosas que no venían a cuento?, ¿el vomitar a la persona que iba a supervisar mi trabajo en los pantalones?
Estaba claro que tendría que contar a Sofía la verdad, pero había prometido a Asier que era una cosa de dos y que no iba a soltar palabra de esto.
Total, solo había sido un pequeño beso en unas circunstancias determinadas y si esto salía a la luz nos veríamos metidos en un embrollo los dos.
Encendí el ordenador y abrí la aplicación de mensajes para preguntar a Alfonso si por la tarde podía ir a recoger a los niños porque no me iba a dar tiempo.
—Hola, ¿cómo estás?
Marc había vuelto a aparecer en mi móvil de repente.
El corazón me dio un vuelco. Me quedaba una hora de reloj para plantear mi proyecto a Asier, pero no podía dejar escapar a este hombre. Tenía que aprovechar cualquier minuto para conocerle un poco más.
—¿Sabes que el otro día me dejaste plantada?
Quería que se diese cuenta de que no me había sentado bien que cortase la conversación tan bruscamente el otro día.
—No lo voy a poder soportar. Me dejaste atrapada en la nube sin saber qué hacer y esperando tu respuesta. Yo que te que iba a invitar a cenar…
—¿Dónde saldrías a cenar en Madrid? —me preguntó interesado.
—Ahh es que vas a venir a invitarme tú? ;). La posibilidad de que volviese a Madrid me parecía en estos momentos remota. Si voy contigo no creo que tenga mucha hambre así que no me importaría ir a cualquier sitio. Me encanta la comida italiana. ¿Sigues muy ocupado con tus negocios?
—Sí; hoy tuve seis reuniones y presentamos un proyecto muy grande así que eso me va a llevar mucho tiempo. Parece que con tanto volumen de reuniones sus asuntos le iban francamente bien.
—¿Cómo van las cosas contigo?, me preguntó. Si te corté el otro día tendré que compensarte.
—¿Por qué no me mandas una foto? No quería empezar a contarle que mi vida familiar era monótona y que en el trabajo me había besado con mi jefe porque podría pensar cualquier cosa. No me acuerdo casi de ti. Unos minutos esa noche no fueron suficientes para verte bien.
—No me gusta mucho tomarme pic ni selfis. Parece que no iba a ser fácil que este hombre me mandase una foto suya.
—Anda venga, no te hagas de rogar. Yo te mando una y tú otra ¿vale?
Tenía que verle de nuevo para recordar cómo era porque mi estado de enajenación mental en aquel momento no me permitía imaginar con claridad cómo era su rostro, su mirada y qué transmitía ese americano del que me estaba enamorando.
Busqué en la biblioteca de fotos del móvil. La verdad es que casi todas salía bastante mal.
«Madre mía. ¿Y cuál le mando yo a este hombre?
—pensé— Si en todas salgo fatal…». Encontré una con mis hijos en la que salía un poco agraciada pero claro, esa no se la iba a mandar ni en pintura.
Por el momento no quería contarle nada de mi vida privada.
Mejor así. Si iniciábamos algo ya se lo contaría cuando nos viéramos en persona.
Encontré una foto en la que aparecía leyendo un libro con aspecto de intelectual; me pareció interesante así que se la envié.
—Yo te he enviado una foto mándame tú otra. —Ahora Marc podría ver mi mejor versión.
—Cuando pueda, ahora en el trabajo. ¡Guapa! —contestó Marc al instante.
—Quiero ver cómo eres, por favor Marc, no seas malo y no me hagas suplicarte más.
Al instante vi una notificación de imagen. Me había enviado una foto suya. La abrí, pero él había marcado la opción de una sola visualización así que tenía apenas unos segundos para registrar con la mirada cada mínimo detalle de su persona.
A primera vista aparentaba más edad en la foto que lo que yo recordaba.
Esa noche había sido bastante difusa para mí, pero por la foto yo le echaba unos cincuenta años o más.
Cara redonda, pelo canoso y con entradas.
Llevaba puestas unas gafas de sol así que no pude adentrarme en sus ojos para ver el alma de ese individuo.
—Tienes unos brazos muy fuertes, madre mía, no me los imaginaba así. Me impresionó su aparente buena forma física.
—¿Y eso es malo? —respondió extrañado de que me hubiese fijado solo en sus extremidades superiores.
—No, para nada. Es que me ha chocado que tengas los brazos tan fuertes porque es una de las cosas que no me di cuenta ese día. Con esos brazos me puedes coger perfectamente. Ya estaba empezando a imaginarme a Marc entregado a recorrer mi cuerpo con sus manos.
—Sí, no quiero empezar a imaginar. —Parece que su parte más salvaje se había puesto en movimiento.
Uff… la situación se estaba poniendo muy interesante desde primera hora de la mañana. Volví a perder la noción de tiempo y espacio y me vi inmersa de lleno en la conversación con Marc. Parecía sacado de una película, dulce, romántico y delicado.
—¿Has pensado alguna vez qué vas a hacer si me conoces? —me preguntó de repente.
—No sé cómo voy a reaccionar al verte. —Estaba empezando a enamorarme de un hombre al que apenas había visto y cuya imagen estaba creando en mi imaginación.
—¿Y cuáles son las opciones? —Marc quería que le siguiese el juego.
Así que me lancé al vacío a ver lo que decía.
—Besarte o tocarte —Pues voy a entrar al trapo como él quiere.
—¿Besarte?, ¿tocar?, ¿cómo? —A veces no sabía si es que Marc tenía verdaderamente un problema con el idioma o que era idiota.
—Pues besarte en la cara, los brazos, sentir tu piel, sentirte a ti. Bueno, no sé, haré lo primero que me apetezca. —No pensaba cortarme nada a la hora de que mi imaginación volase a lo más alto.
—Hmmm… va ser interesante ;) —Parecía que le había hecho gracia lo que había dicho, eso o que realmente le atraía que hubiese sido tan directa con él.
—¿Alguna vez has vivido algo parecido? —le pregunté.
—Yo no. Pero ya lo pensaste… cuando me vayas a conocer. Qué vas hacer? —Ahí era cuando percibía que hablábamos cada uno un idioma diferente.
—No sé, lo primero que me salga —contesté—. A mí esto me pa-rece como una película ¿verdad?
—Sí.
—Me parece tan bonito lo que estoy empezando a vivir contigo que para mí ya ha merecido la pena pase lo que pase…
—También —contestó escuetamente.
Miré el reloj que había en la pared del fondo de la oficina y apenas quedaban cinco minutos para la reunión con Asier.
—Lo siento, tengo que dejarte, me gustas mucho. Bs
Antes debía enviar un mensaje por WhatsApp:
—Sandy, soy yo. Tengo que contarte, me ha pasado una cosa superfuerte. Bueno, dos. Ahora no tengo tiempo, pero luego te mando un audio y te cuento un poco por encima. Tenemos que quedar. No te lo vas a creer. Muak.