Atrapados en la nube CAPÍTULO 4
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CAPÍTULO 4

Pasaron un par de días hasta que me pude encontrar un poco mejor, aunque no falté al trabajo porque esperaba que en cualquier momento me llamasen del Departamento de Recursos Humanos para firmar mi despido.

Sofía se acercó un par de veces a mi mesa a ver si me encontraba bien, pero el mandamás ni se dignó a pasarse por mi sitio para ver qué tal estaba. No esperaba menos de él.

Estaba deseando que acabase la semana, aunque los viernes eran los días clave en los que se solía despedir a la gente.

Muchas empresas tienen esa costumbre y esperan a que lleguen las tres de la tarde para llamar al trabajador o trabajadora en cuestión con la excusa de que suba al Departamento de Recursos Humanos porque le falla la tarjeta o tienen que preguntarle algo sobre su nómina y…

¡zasca!, le dan la sorpresa que le fastidiará todo el fin de semana y tal vez toda su vida.

Cuando la víctima sube con toda su buena voluntad a preguntar qué es lo que pasa, el peso de la guadaña cae sobre ella y queda acorralada sin posibilidad de escapatoria pues en muchas ocasiones anulan la tarjeta de entrada y no puede ni despedirse de sus compañeros.

En fin, mi suerte estaba echada y ya no podía ir en contra del destino.

Mientras perfilaba los últimos detalles de las campañas de uno de nuestros clientes más importantes para la siguiente semana, me vino a la cabeza el americano. Al final no le había contestado. Con todo este caos de semana me había olvidado por completo.

Abrí el correo y contesté inmediatamente.

—¡Hola! Cuando vengas por aquí otra vez avísanos y te enseñamos algo más que no sea un local de copas ;).

Zoe

«Creo que con esto es suficiente», pensé. «Así quedo bien y tampoco le doy cuartelillo para nada. Seguro que no contesta».

No habían pasado ni cinco minutos cuando el hilo de correos se puso de nuevo en negrita.

—Here is mi phone number +12123530207, I´ll be back to see u :)

Marc

Sin pensar volví a responder:

—¡¡Genial!! Aquí te esperaremos :).

Me estaban empezando a hacer gracia este tipo de correos.

Este hombre no me había atraído físicamente, pero había algo en él que me resultaba interesante.

No era especialmente alguien que llamase la atención a primera vista.

Un tipo normal. Pero me transmitió algo que no sabía describir exactamente.

Algo que traspasaba el alma y que no había experimentado nunca antes.

Apenas recordaba más detalles de él debido a que el día en que le conocí iba con unas copas de más, todo hay que decirlo, pero tenía un aspecto serio y educado que llamaba mucho mi atención.

En el correo había dejado su teléfono así que su intención era clara, aunque estuviese al otro lado del océano.

Guardé su número en la agenda de contactos con el nombre de Marc El Guiri y continué con mi trabajo. Casi eran las 12.00 de la mañana y a esa hora se había convocado una reunión. En unos minutos sabría si la mano implacable de Asier Uribe caería sobre mí o no.

—Zoe, vamos, ya que es viernes y quiero irme pronto para no pillar atasco que me quiero ir a la sierra —comentó Sofía mientras pasaba al lado de mi mesa con un fajo de papeles.

—Ok, te sigo.

Cuando entramos en la sala de reuniones, Asier y el contable estaban sentados en el otro extremo de la mesa revisando unos documentos. Saludó a Sofía y bajó la mirada rápidamente. Se notaba que no estaba a gusto con mi presencia.

Mientras sacaba de la carpeta todos los documentos no dejaba de dar vueltas sobre la idea de cuándo me dirían algo, si esperarían a que terminase la reunión o si antes de soltar todo el discurso me invitarían a salir de la sala.

—Bueno, pues cuando queráis podéis empezar con la estrategia que habéis planificado en redes sociales para los próximos días.

—Zoe, adelante —susurró Sofía.

Había llegado mi momento. Tenía que poner toda la carne en el asador y jugar mis cartas para demostrar que valía más de lo que pensaban. Tenía que apostar por lo que estaba diciendo y vender mi propuesta como si no hubiese nada igual en el mundo, de ello dependía mi continuidad en la empresa.

Me puse de pie y comencé a explicar el plan de acción para las próximas semanas.

Era una estrategia totalmente innovadora y ninguno de los presentes en la sala tenía ni la más remota idea de que mi apuesta no tenía nada que ver con lo que estaban acostumbrados a ver en reuniones de este tipo.

Era mi único salvavidas y tenía que creer en ello.

Miré fijamente a los ojos de Asier y saqué la seguridad en mí misma para contar todo lo que había planificado. La expresión de su cara cambió por completo mientras escuchaba atentamente. Le estaba dejado atónito con mi propuesta.

—Creo que el planteamiento que habéis dado se ha quedado un poco obsoleto.

Esta campaña ha dado resultados porque el producto es bueno, pero si queréis que se mantenga hay que apostar por un público al que no estáis acostumbrados y que puede ser un auténtico potencial de compras si sabemos definir muy bien a quién puede ir dirigido.

De reojo observé como el rostro de Sofía iba cambiando de color y se sonrojaba presa de la ira. La línea que estaba planteando daba un giro de ciento ochenta grados a lo que ellos esperaban y esto suponía mi despido inmediato o el reconocimiento que siempre había esperado.

Cuando terminé la exposición me sentí fenomenal. Era la primera vez en mucho tiempo que había hecho lo que me había dado la gana. Mi vida en general siempre estaba al servicio de los demás y mis decisiones apenas se tomaban en cuenta, salvo que fuese algo que no interesase a nadie más que a mí.

—Bueno, creo que ya me puedo ir —respiré aliviada—. Espero que paséis un buen fin de semana.

Ya había hecho lo que tenía que hacer y no pintaba nada en la sala de juntas así que me di la vuelta y me encaminé hacia la puerta sin mirar hacia atrás.

—¡Espera! —Para mi sorpresa, Asier se levantó rápidamente de la mesa y se dirigió hacia mí—. Me ha gustado la idea, es bastante buena. ¿Se te ha ocurrido a ti sola? —me dijo sonriendo.

Lo volví a tomar como un ataque por su parte y por un momento me mordí la lengua para no decir una bordería delante de Sofía.

—Sí, a mi solita. —Y salí de la sala dando un portazo.

La exposición me había dejado exhausta. Cerré la puerta y noté cómo me temblaban las manos.

Tenía la boca seca y sentimientos encontrados.

Por un lado, lo que acababa de hacer era un atrevimiento y me sentía como una diosa divina, orgullosa por haberlo hecho.

Ya era hora de dar a cada uno su lugar y dejar de estar en la sombra, pero a su vez el presentar el proyecto dejando en entredicho el trabajo realizado por Sofía era una temeridad porque mi puesto de trabajo ya pendería de un hilo.

Me acerqué al office a por una botella de agua y me la bebí de un trago.

—Parece que la reunión te ha dejado sedienta. —El susurro de Asier en mi oído provocó un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

—Ehh, ahh… —balbuceé sin saber qué contestar.

—Has estado brillante. El lunes quiero una reunión contigo para que profundices en los detalles de esta idea tan fantástica.

No me atreví a girar la cabeza. Este hombre me había vuelto a poner en un aprieto, aunque sus palabras confirmaron que ya no me iban a despedir, por lo menos en este momento.

Sus pasos se alejaron serenamente y al fin pude respirar tranquila. Parecía que las cosas iban a empezar a cambiar a partir de ahora.