CAPÍTULO 2 #3
—Llevo un rato mirándote y tienes una sonrisa preciosa. Le he dicho a mi amigo que nos acerquemos a vosotras porque queremos conoceros. Mi nombre es Marc.
—Pero, ¿tú no eres de aquí, no? —insinué.
—United States, Manhattan… —Es lo único que entendí, luego me empezó a susurrar algo al oído que no supe descifrar.
Anda, que tantos años estudiando inglés y no me servían ni para ligar, qué decepción. En situaciones como esta es cuando te das cuenta de que tanto título, cursos y másteres y a la hora de la verdad no te sirve ni para lo más básico.
—Así que eres guiri, ¿verdad? Yo soy Zoe —me dirigí a él en “perfecto” castellano. Me estaban entrando unos sudores que no eran normales. No porque me gustase especialmente ese hombre, sino por mi torpeza en el idioma extranjero.
Sandy no aparecía. Miré hacia la barra del local y estaba hablando con uno de los camareros. Vamos, que no tenía ninguna prisa por venir a socorrerme.
«¿Y ahora qué hago con este?», pensé mientras el americano me sonreía con la copa en la mano.
En ese mismo momento no me apetecía hablar con nadie y menos tener que quebrarme la cabeza intentando recordar alguna de las expresiones que había aprendido en el instituto. Intenté hacer memoria y chapurrear en inglés algo que fuese entendible.
—My English is rusty. I’m from Spain. —Fue lo primero que se me ocurrió decir. Si le sacaba el tema de lo typical spanish seguro que podría salir del paso con la gastronomía y La Macarena.
—No te preocupes, me puedes hablar en español. Durante mi época de estudiante viví cinco years in Madrid. My MBA lo hice en una escuela internacional aquí. Podemos intentar hablar en los dos idiomas.
—¡Hecho! Y también en el lenguaje borrachín, ¿lo conoces? —Me entró la risa de mi propia ocurrencia y es que se me estaba empezando a ir la cabeza debido a la ingesta de alcohol.
—¿Quieres pasar la noche conmigo? —me preguntó mirándome a los ojos fijamente y con un perfecto acento americano.
Me pareció de muy mal gusto que nada más conocernos me insinuase, bueno si eso se puede considerar una insinuación, que me acostase con él.
«Este tío es tonto y en su casa no lo saben», pensé, «se cree que me voy a acostar con el primero que me diga algo.
Como si estuviese tan necesitada de que me dorasen la píldora. ¿Qué se habrá creído?».
Aunque las formas no me habían parecido las apropiadas, en realidad estaba encantada de que un hombre se hubiese fijado en mí, ya que hacía años que nadie me había hecho una proposición ni decente ni indecente.
—Mira —vi que Sandy se acercaba con una sonrisa de oreja a oreja—, ya está ahí mi amiga, nos tenemos que ir ya.
Sandy venía con las dos bebidas, una en cada mano, dispuesta a seguir de marcha toda la noche. Me acerqué precipitadamente a ella y la agarré de un brazo.
—Vámonos ya, Sandy.
—Chica, qué prisas, voy a saludar a esos hombres que has conocido. La noche es joven.
—Voy al baño y nos vamos, que ese me ha tirado los trastos. —Y señalé disimuladamente a Marc, que no paraba de mirarnos y de decirle cosas a su amigo.
Cuando volví del servicio vi a mi amiga abrazada al otro hombre, cuyo nombre no recuerdo, y riendo como si no hubiese mañana.
—Sandy, yo me voy que mañana trabajo.
El semblante del amigo de Marc se volvió serio porque estaba a punto de aguarle su noche de pasión con mi amiga. Esta me hizo señas para que esperase un poco más pero el quedarme no estaba entre mis intenciones.
—Quiero verte otra vez ¿me das tu teléfono? —me susurró Marc al oído.
—No.
—¿Y tu mail?
—Tampoco.
—Bombón, dale tu correo, si es muy gracioso pequitas7@gmail. com —soltó de pronto Sandy, perdiendo por completo la noción de la discreción. Ella sabía que no me gustaba ir dando mis datos personales por ahí, pero el alcohol también estaba pasando factura a su cerebro.
—Cállate y vamos. —La cogí del brazo y la saqué como pude del local.
Dejamos a los dos hombres a lo lejos mirando desconcertados.
—¿Tú eres tonta, Sandy? Imagínate que es un hacker y me roba todo el dinero de la cuenta, o aún peor, un acosador que no me deja en paz, o un guarro que me manda fotos en pelotas todos los días.
¿No ves nunca las noticias?
—Bueno, hija, perdona, tampoco es para tanto. Además, seguro que luego ni se acuerda de esto.
Respiré profundamente y me calmé. Después de un día tan agotador solo quería dormir. Además, seguramente Sandy tuviese razón, entre la música, el ruido y que eran extranjeros, seguro que no se habían enterado de nada.
Volvimos en un taxi. Yo estaba muerta.
—Mañana hablamos, cuídate y mándame un mensaje cuando llegues. Ahh, y muchas gracias por la cena.
Abrí la puerta sigilosamente y de pronto sonó la notificación de mi correo electrónico Tienes un e-mail, como diría el título de la película.
—Hi!
Loved meeting you meeting tonight… hope to see you again!
Marc Sent from my iPhone
¡Mi madre! el guiri me había escrito. Si no había pasado ni una hora desde que nos habíamos ido del local.
Mientras estaba digiriendo el primer mensaje sonó un segundo sonido que confirmaba que alguien había respondido en el chat de la empresa:
“Cuando quieras”. Asier.