Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Epílogo #3
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Epílogo #3

—Y, por alguna razón, cuanto más la escuchaba, más me gustaba.

Años después descubrí que aquella canción había significado mucho más de lo que imaginaba.

Salió a principios de los años ochenta y fue una de las primeras en hablar abiertamente del deseo entre dos personas del mismo sexo, algo que en aquella época seguía siendo un escándalo para mucha gente.

Con el tiempo terminó convirtiéndose en un himno para muchas personas de la comunidad porque les hizo ver que no estaban solas, que aquello que sentían era tan válido como cualquier otra forma de amar.

Se apoyó en el respaldo de la mesa mientras nos miraba.

—Han pasado demasiados años desde entonces y, por suerte, hemos avanzado muchísimo.

Pero todavía hay lugares donde salir del armario sigue siendo un proceso lleno de miedo e incertidumbre, algo que una persona heterosexual nunca tiene que afrontar.

El hockey es uno de ellos y vosotros lo habéis vivido en primera persona.

Porque todos sabemos que, si cualquiera de nosotros hubiera aparecido en una portada besando a su novia, aquello habría durado un día...

o ni eso. En cambio, vosotros levantasteis una Stanley Cup y hubo quien prefirió hablar de con quién compartíais la cama antes que de lo que habíais conseguido sobre el hielo.

Después de aquellas palabras se hizo un breve silencio. Nadie añadió nada. No hacía falta. Todos sabíamos exactamente de qué estaba hablando.

—Conor, hace años ya demostraste quién eras junto a Liam.

Nunca permitiste que nadie decidiera por ti a quién podías amar y, cuando la vida volvió a darte otra oportunidad para enamorarte, tampoco lo hiciste.

Seguiste siendo tú, defendiendo lo que sentías y a la persona que querías, aunque supieras el precio que ibas a pagar por ello. Eres un puñetero ejemplo.

Después señaló a Kieran con el micrófono.

—Y tú, Price... nadie debería verse obligado a salir del armario porque otros decidan hacerlo por él. Nadie. Pero, ya que te empujaron de la peor manera posible, tuviste los cojones de mantenerte fiel a quien eres, de no esconderte y de no agachar la cabeza. Todo mi respeto, chaval.

Noté cómo Kieran me estrechaba un poco más entre sus brazos.

—Fue una temporada de mierda para vosotros.

Terminó y todavía hay gente que sigue hablando de vuestra relación en vez de hablar de los logros del equipo.

Pero no vamos a cambiar a quienes solo saben mirar el mundo a través de sus prejuicios.

Lo único que podemos hacer es seguir demostrándoles que nos importa una mierda lo que piensen, porque nosotros vamos a seguir haciendo exactamente lo mismo, ser felices.

—¡Uuuuh! —vitoreó Kelsey.

—¡Así se habla! ¡Ese es mi chico! —gritó River.

—Esto también va por ti, Kels, porque tú también tuviste que aguantar demasiados prejuicios cuando decidiste vivir una relación poliamorosa siendo bisexual.

Así que quiero poner esta canción para celebrar el puto amor...

y la libertad de vivirlo como a cada uno le dé la gana.

Eso sí, he buscado una versión más animada y creedme que me costó encontrarla, porque la que ponía mi padre era un poco aburrida. Casi tanto como él.

Kai levantó la botella de agua.

—¡Que cada uno folle con quien quiera!

—Y que ame a quien quiera —añadió Mischa.

—Los Rift mantendremos nuestros valores hasta el final, le pese a quien le pese —afirmó Nathan.

—Y mientras hablan de nosotros, los machacaremos sobre el hielo —rio Juraj.

—Jamás dejaremos que nadie decida quiénes somos —concluyó Jordan.

Cuando busqué a Kieran con la mirada, descubrí que él ya me estaba mirando. Sonrió, se inclinó para besarme la mejilla y me abrazó un poco más fuerte.

Entonces Caden le dio al play y los primeros acordes de High School Confidential empezaron a sonar por toda la cúpula.

Jordan fue la primera en levantarse para cantar con él; Kelsey y Mischa se subieron al banco de almacenaje y comenzaron a bailar; River tiró de Kai sin aceptar un no por respuesta y, después de intercambiar una mirada resignada, Nathan y Juraj terminaron uniéndose también. Verlos así era jodidamente emocionante.

Al cabo de unos segundos, Mischa y Kelsey vinieron a por nosotros.

Nos agarraron de las manos y nos arrastraron al centro, donde aquello acabó convirtiéndose en un auténtico caos.

Cantábamos sin sabernos la letra, bailábamos sin ningún sentido y nos reíamos tanto que terminaban doliéndonos las costillas, hasta que, casi sin darme cuenta, todos fueron cerrando el círculo a nuestro alrededor, dejándonos a Kieran y a mí en el centro.

Le sujeté la cara entre las manos. Él me rodeó la cintura y sonrió antes de que nuestros labios se encontraran. Seguimos balanceándonos al ritmo de la música.

Los observé uno por uno. Mi familia.

La que había encontrado por el camino y la que, sin darme cuenta, había terminado convirtiéndose en mi hogar.

Después miré a Kieran. Sonreía y, mientras bailábamos rodeados de todas las personas que queríamos, comprendí que la vida rara vez sale como uno espera.

A veces te arrebata sueños. Otras te obliga a empezar de nuevo.

Pero, de vez en cuando, también te sorprende con un destino mucho mejor del que jamás habrías sido capaz de imaginar.

Y el mío siempre había estado allí.

Bailando frente a mí.