Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 43
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Capítulo 43

KIERAN

Cerré la puerta de fisioterapia después de despedirme de River con un abrazo. La rubia era increíble. Además de tratarme la sobrecarga del aductor, se había pasado toda la sesión escuchándome y animándome. Y eso, en momentos como aquel, valía incluso más.

Nadie como ella para hacerte sentir arropado. Estaba convencido de que todo el equipo estaría de acuerdo conmigo.

Cuando todo estalló y vi aquellos titulares horribles sobre Conor y sobre mí, me asusté.

No tanto por mí como por nosotros. Temía que aquello terminara afectando a nuestra relación y que él acabara arrepintiéndose de haberse casado conmigo para protegerme.

Porque yo sabía por qué me lo había propuesto, y por eso mismo callé.

Me parecía un gesto precioso. Y, si además podía servir para ayudarlo a soportar todo lo que se nos venía encima, tenía aún más sentido.

Aun así, la verdadera prueba llegaría cuando se hiciera pública la nota de prensa que habíamos preparado junto a Kelsey y Mischa. Llevaban días al pie del cañón, igual que Davenport, los chicos y, en realidad, todo el mundo dentro de los Rift.

Si alguien me hubiera pedido que imaginara todos los escenarios posibles, jamás habría incluido uno en el que me sintiera tan respaldado.

Lo más importante era que nada de aquello había conseguido alejarnos. Todo lo contrario. Conor y yo estábamos más unidos que nunca y, en medio de todo ese caos, sentía su amor con una intensidad que nunca antes había conocido.

Así que el mundo podía caerse a pedazos si quería. Yo ya tenía todo lo que necesitaba: a Conor, a ellos y a los Rift.

Giré por el pasillo en dirección a los vestuarios. Los técnicos iban a reunir al equipo antes del próximo partido, un encuentro clave de la temporada, cuando vi aparecer a Jordan.

Seguía muriéndome de vergüenza cada vez que me cruzaba con ella o con Nathan.

Aunque mi conversación con los dos había ido bastante mejor que la de Conor.

No sabía si porque él les confesó que yo llevaba mucho tiempo queriendo contarles la verdad y asumió la responsabilidad de haberlo ocultado, o porque también entendieron el peso que suponía reconocer públicamente que era homosexual.

Aún recordaba las palabras que Jordan me había dicho aquel día.

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? Eres muy joven, Kieran. Ahí fuera hay todo un mundo que todavía no conoces.

No hablaba solo de Conor ni de mi edad. Hablaba de todo lo que aún me quedaba por descubrir, de todas esas experiencias que nunca me había permitido vivir.

Yo no dudé.

—Sí. Siempre lo he tenido claro. No quiero conocer a otros hombres. Lo quiero a él.

Ella sonrió y me abrazó.

—Me alegro. Entonces has elegido bien. Ahora solo os queda ser felices. Tú con él y él contigo.

Le debía muchísimo a Jordan y a Nathan. Me habían acogido cuando mi familia me dio la espalda, me habían dado una oportunidad cuando nadie más estaba dispuesto a hacerlo. Quizá por eso seguía sintiéndome tan mal cada vez que pensaba en todo lo que les había ocultado.

Jordan levantó la mano para llamar mi atención antes de que siguiera caminando. Cuando llegué a su altura, sonrió y alzó el móvil.

—Ya ha salido.

—¿El qué? —pregunté, mirándola con extrañeza.

—La nota de prensa. —Giró la pantalla hacia mí.

Cogí el teléfono y empecé a leer.

Comunicado de Conor Flanagan y Kieran Price

En los últimos días se han publicado numerosas informaciones sobre nuestra vida personal.

Aunque siempre hemos considerado que ese aspecto de nuestras vidas pertenece exclusivamente a nuestro ámbito privado, entendemos el interés que ha despertado la situación y creemos que ha llegado el momento de hablar con nuestras propias palabras.

Sí, mantenemos una relación.

Y sí, hace unas semanas decidimos casarnos en una ceremonia íntima.

No sentimos la necesidad de justificar nuestra historia ni de pedir permiso para vivirla. Nos enamoramos como pueden hacerlo dos personas cualquiera: compartiendo tiempo, apoyándonos en los momentos difíciles y eligiéndonos cada día.

Sabemos que nuestra relación ha generado opiniones de todo tipo. Algunas han estado marcadas por el cariño y el respeto, por los que estaremos siempre agradecidos. Otras, sin embargo, han cruzado líneas que nunca deberían cruzarse.

Durante estos días hemos leído comentarios que cuestionan nuestra profesionalidad, nuestro compromiso con el equipo e incluso nuestra capacidad para desempeñar nuestros respectivos trabajos únicamente por el hecho de ser dos hombres que se aman.

Queremos dejar claro que nuestra vida personal nunca ha condicionado ni condicionará nuestra responsabilidad con el Seattle Rift. Seguiremos desempeñando nuestro trabajo con la misma exigencia, la misma dedicación y el mismo respeto por este deporte que nos ha acompañado toda la vida.

También queremos pedir algo muy sencillo.

Que el debate vuelva al hockey.

Las críticas deportivas siempre tendrán cabida. Forman parte de esta profesión y las aceptaremos como siempre lo hemos hecho. Lo que nunca debería tener cabida son el odio, la discriminación o los ataques dirigidos contra cualquier persona por su orientación sexual.

Ningún jugador, entrenador, trabajador o aficionado debería sentirse obligado a esconder quién es por miedo a las consecuencias.

Si nuestra historia puede servir para que una sola persona se sienta un poco menos sola, todo este ruido habrá tenido algún sentido.

Queremos agradecer el apoyo recibido por nuestras familias, nuestros amigos, nuestros compañeros y toda la organización de los Seattle Rift, que desde el primer momento nos ha demostrado que el respeto y la confianza siempre estarán por encima de cualquier prejuicio.

A partir de hoy no haremos más declaraciones sobre nuestra vida privada.

Nuestra intención es volver a centrar toda nuestra atención donde siempre ha estado, en el hielo.

Gracias por el respeto.

Conor Flanagan

Kieran Price

—Crucemos los dedos para que esto rebaje un poco la tensión y nos dejen respirar.

—Todo se calmará, ya lo verás, cielo. —Jordan me dio un beso en la mejilla y me acarició la cara.

—Sí, supongo. Pero me da miedo que, por mi culpa, la brillante carrera de Conor quede manchada para siempre.

—No es culpa tuya, Kieran. Y, en cuanto a Conor, sabía perfectamente a lo que se exponía y, aun así, te eligió. Ahora solo podéis hacer una cosa: cerrarles la boca a todos sobre el hielo y ser felices.

—Gracias, Jordan. Y no hablo solo de esto, sino de todo lo que tú y Nate habéis hecho por mí. Siento no haber estado a la altura.

—Venga, olvídalo. Pero la próxima vez que ocurra algo importante en tu vida, quiero que sepas que tanto Nate como yo estaremos ahí. Puedes confiar en nosotros.

Asentí y fui yo quien la abrazó.

—Ahora lárgate. La reunión ya habrá empezado.

Nos separamos con una sonrisa y eché a andar a buen paso hacia los vestuarios. Efectivamente, la reunión ya había comenzado. Nathan acababa de terminar de hablar y Conor dio un paso al frente.

Nuestros ojos se encontraron.

Esbozó una sonrisa apenas perceptible, carraspeó y tomó la palabra.

—Para sorpresa de nadie, esta está siendo una temporada bastante complicada.

Mi vida privada ha acaparado la atención de la prensa y siento que todo el foco esté puesto en la relación que tengo con uno de vuestros compañeros, en lugar del nivel que estáis demostrando.

Porque, chicos, estáis haciendo una temporada de diez.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Me gustaría poder deciros que esto va a terminar mañana, pero no sería sincero. No puedo controlar lo que se publica, lo que se dice o lo que otros decidan inventarse. Mi trabajo es seguir viniendo aquí cada día para entrenaros, y el vuestro es responder donde mejor sabéis hacerlo, sobre el hielo.

Recorrió el vestuario con la mirada.

—Seguid juntos y confiad los unos en los otros. Mientras este equipo permanezca unido, ningún titular será más fuerte que nosotros.

Esbozó una leve sonrisa.

—Ahora salid ahí fuera, jugad como lleváis haciéndolo toda la temporada y haced que todos hablen de vuestro hockey. Nos vemos en los playoffs.

El vestuario permaneció en silencio, hasta que alguien empezó a aplaudir y, casi al instante, el resto se unió. Los aplausos fueron creciendo, acompañados por silbidos, golpes contra los bancos y varias voces coreando el nombre de Conor.

—¡Conor! ¡Conor! ¡Conor!

Él agachó la cabeza con una sonrisa tímida, claramente sobrepasado por la reacción del equipo.

Cuando volvió a levantar la vista, nuestras miradas se encontraron de nuevo.

Le sostuve los ojos un instante, asentí despacio y le sonreí.

No hacía falta decir nada. Él entendió perfectamente lo que quería transmitirle.

La reunión terminó poco después y todos comenzaron a salir. Yo, en cambio, recogí mis cosas y fui directo a las duchas. Como había pasado un buen rato con River en fisioterapia, era el único que todavía no se había cambiado.

Abrí el grifo y permití que el agua caliente resbalara por mi cuerpo. Cerré los ojos, disfrutando de aquella breve sensación de calma. Cuando volví a abrirlos, Conor estaba apoyado contra una de las paredes, con los brazos cruzados.

Permanecí bajo el agua, dejando que siguiera observándome mientras me enjabonaba el cuerpo con un descaro que solo reservaba para él.

Conor no decía nada; se limitaba a recorrerme con la mirada, y el deseo que le brillaba en los ojos bastaba para hacer que la distancia entre nosotros empezara a resultar insoportable.

Cerré el grifo, me envolví la toalla alrededor de la cintura y caminé hasta detenerme frente a él.

—Entrenador, ¿hay algún problema? —Pegué mi pecho a su camiseta técnica y mi boca a la suya.

—Ya lo creo, principito —gruñó contra mis labios.

Su mano descendió hasta mi miembro endurecido y lo apretó mientras me hacía girar hasta golpear mi espalda contra la pared.

—Oh... —gemí cuando su mano se coló entre la toalla y empezó a acariciar mi erección.