Capítulo 42 #3
—No las des. —La voz de Nathan perdió parte de la dureza con la que había empezado la conversación—. Tú eres un Rift, Conor.
Kai se puso en pie y me apretó el hombro.
—Y los Rift no abandonan a los suyos.
—Nunca —añadió Juraj mientras se acercaba para revolverme el pelo.
Caden sonrió antes de darme un beso en la mejilla.
—El problema nunca será amar a alguien. El problema siempre será quien crea que eso puede convertirte en menos profesional.
Mierda, me acababan de emocionar.
Joder... Lo eran todo. No solo mis amigos, mis compañeros o mis socios. Eran mi puta familia.
Llamaron a la puerta, rompiendo aquel momento. Nathan dio permiso para entrar y Davenport asomó la cabeza. Me regaló una sonrisa antes de avisarnos de que ya nos estaban esperando en la sala de reuniones para la junta.
Nos encaminamos hacia la salida cuando Nathan volvió a hablar.
—Conor, antes de entrar ahí... ¿hay algo más que debamos saber?
Me detuve en seco.
No era mala pregunta.
Porque sí, había algo más.
Me giré despacio y me encontré con todas las miradas clavadas en mí. Había expectación. Incluso algo de miedo.
Juraj fue el primero en darse cuenta.
—Oh, oh... Sí que lo hay —se llevó una mano a la frente antes de mirar a Nathan—. ¿Es que no has aprendido nada? Conor es como el maldito saco de Papá Noel, siempre guarda una sorpresa más.
Nathan resopló.
—Precisamente por eso. Si todavía quedan regalos, que los saque todos de una vez.
Me rasqué la nuca.
—A decir verdad... tampoco es algo tan relevante.
Kai soltó una carcajada.
—¿Qué no? Es una puñetera bomba. Venga, haz que explote de una vez.
Todos volvieron a mirarme. Tomé aire.
—Kieran y yo nos hemos casado.
El silencio que siguió fue casi cómico.
Kai carraspeó.
—Mischa y yo fuimos los testigos. De rebote, eso sí. Si sirve de algo, nosotros nos enteramos de camino al juzgado.
Nathan abrió la boca un par de veces antes de conseguir reaccionar.
—¿Qué...?
—La hostia. Cuando crees que el irlandés ya no puede superarse, vuelve a sorprenderte. —Juraj rompió a reír.
—Ya os lo dije. Está completamente desatado desde que su polla volvió a la adolescencia. —Caden dejó escapar el aire por la nariz, divertido.
Nathan le lanzó una mirada que bastó para que se callara.
Seguía siendo el único que no sonreía.
—A ver... Sé que puede parecer una locura...
—No es que lo parezca —me cortó sin dejarme terminar—. Es que lo es, joder.
—No, no lo es cuando quieres a la persona y esa persona te quiere a ti. Además, no es que nos conociéramos de dos días.
—Es cierto. No os olvidéis de que su primera toma de contacto nació en Hawái. —Caden dibujó una ola con la mano.
Lo habría matado allí mismo de no ser porque sabía que aquello era su forma de destensar el ambiente y hacerme saber que estaba conmigo.
—Y también está el pequeño detalle de que llevan bastante tiempo juntos. A escondidas, sí, pero juntos —añadió Kai.
Juraj resopló.
—Aunque son un desastre ocultándose. Yo casi los pillo haciendo cosas indecentes con sus pollas. No estoy preparado para esas imágenes.
—Oh, cállate. —Kai le dio una palmada en el culo.
Juraj fingió apartarlo con cara de ofendido. Todos sabíamos que aquello formaba parte de su estúpido juego.
—¡Basta! —Nathan alzó la voz y el despacho volvió a quedar en silencio—. ¿De verdad creéis que esto tiene gracia?
—Tampoco es para echarse a llorar. —Caden se encogió de hombros—. Es su vida y ya tiene edad de sobra para tomar sus propias decisiones.
—Cierra la boca, Hughes. Lo conoces tan bien como yo. Esto no es propio de Conor. Casarse deprisa, a escondidas...
—Tienes razón —lo interrumpí antes de que pudiera seguir—.
Ni Kieran ni yo necesitábamos un matrimonio para elegirnos.
La verdad es que el papel me importa una mierda.
Pero vi lo que le hicieron cuando lo sacaron del armario; vi cómo lo señalaron, cómo lo juzgaron y cómo intentaron reducir toda su carrera a su orientación sexual.
Y sé que ahora harán lo mismo con nosotros.
Respiré hondo.
—Lo van a comparar con Liam. Van a decir que Kieran ocupa un lugar que no le corresponde, que nunca podré quererlo igual y que lo nuestro no es real.
Bajé la mirada un instante.
—Me da exactamente igual lo que digan de mí. Ya sobreviví una vez a todo eso. Que carguen contra mí todo lo que quieran, me da lo mismo. Pero voy a mover cielo y tierra para absorber el golpe y que a él le afecte lo mínimo.
Sabía cuáles eran sus inseguridades. Sabía todo lo que había tenido que luchar para sentirse suficiente y me negaba a que el mundo volviera a hacerle creer que no lo era.
—Ya habéis visto los titulares —me encogí de hombros—.
Lo están destrozando. —Clavé la mirada en Nathan—.
Kieran no es el sustituto de nadie. Es el hombre al que quiero.
Y, por triste que me parezca, la única forma de que mucha gente deje de cuestionarlo es un contrato que diga que nos hemos elegido.
El despacho quedó en silencio. Nadie discutió. Nadie intentó llevarme la contraria.
Todos sabían que, en el mundo en el que vivíamos, un papel seguía teniendo más peso que una promesa.
—Es injusto. —Sacudí la cabeza despacio—. Vosotros trabajáis con las personas a las que amáis y nadie lo cuestiona. Nadie pone en duda vuestra profesionalidad ni vuestro compromiso. Pero con nosotros es distinto. Ojalá algún día deje de ser así.
—Bien... —dijo Nathan al cabo de unos segundos—.
Odio darte la razón, y la tienes. Lo que están diciendo de vosotros es terrible y puede que un papel cierre muchas bocas.
Eso ya nos lo dirán Mischa y Kelsey, que van a tener un arduo trabajo con los dos.
Pero hay otra cosa que me preocupa. Hasta ahora solo has hablado de protegerlo a él. ¿Quién va a protegerte a ti?
—Vosotros. Ya lo estáis haciendo. No dándome la espalda.
Kai me rodeó los hombros con un brazo. Caden me apretó el brazo y Juraj, fiel a sí mismo, volvió a revolverme el pelo.
—Pero no es suficiente —negó Nathan despacio—. Están hundiendo tu carrera, Conor. La imagen que tienen ahora mismo de ti ahí fuera es aterradora y me preocupa que esa mancha termine persiguiéndote toda la vida.
—Era algo con lo que ya contaba. No es la primera vez que mi vida privada eclipsa lo deportivo, pero lo que tengo con Kieran merece cualquier sacrificio.
Nathan resopló.
—Mi mejor amigo nunca se conformaría con eso. Mi mejor amigo les callaría la boca a todos.
Incliné ligeramente la cabeza.
—¿Y cómo?
—En el hielo. —Una pequeña sonrisa apareció en su rostro—. Demuéstrales quién eres de verdad. Lleva a los Rift a lo más alto y haz que no les quede más remedio que hablar de hockey.
—Como capitán, puedo decirte que cuentas con todos nosotros —intervino Caden.
—Sí —añadió Juraj—. Ya va siendo hora de cerrar unas cuantas bocas.
—Y de demostrarles que nadie puede con los Rift —concluyó Kai.
Nathan caminó hasta detenerse frente a mí. Durante un instante pensé que iba a abrazarme, pero levantó una mano y me dio un par de suaves palmadas en la mejilla.
No era el abrazo que había esperado, pero sí su forma de decirme que seguía conmigo.