Capítulo 42 #2
—Bueno... —Se llevó la mano al aro de la nariz, incómodo por la respuesta que tenía que dar.
Se lo ahorré.
—Muy cabreado, ¿no?
—No. Creo que, más bien, está decepcionado.
—Mierda... Eso es mucho peor. —Dejé caer la cabeza hacia atrás.
—Todo se arreglará, ya lo verás. Eres su mejor amigo.
—Una mierda de amigo. Os he fallado a todos. Esto no tenía que haberse hecho público todavía.
—Venga, no le des más vueltas. Tarde o temprano iba a pasar. Entremos. —Abrió la puerta y me indicó con un gesto que pasara.
Nathan estaba apoyado en su mesa. Juraj ocupaba una de las sillas y Kai, uno de los sofás. Mi mejor amigo era el único que todavía no había levantado la vista para mirarme.
Vi a Caden sentarse en el reposabrazos, junto a Kai, y reuní el valor suficiente para romper el silencio.
—Lo siento mucho.
Nathan alzó por fin la cabeza y me lanzó una mirada cargada de reproche.
—¿Por qué lo sientes? ¿Por exponer al equipo, por liarte con un jugador al que entrenas, por engañarnos o por reírte de Jordan y de mí?
—Joder, no es así.
—¡¿Y entonces cómo cojones es, Conor?!
—Vale, no hice las cosas bien. Lo sé y me equivoqué demasiadas veces, pero no voy a pedir perdón por amar a Kieran.
Los miré a todos mientras exhalaba despacio.
—Todo este tiempo he vivido un infierno luchando contra lo que sentía.
No hacía más que pensar en Liam, en vosotros, en el equipo.
Me sentía una mierda porque creía que estaba traicionando a todo el mundo.
Hasta que un día me di cuenta de que al único al que llevaba demasiado tiempo traicionando era a mí mismo.
—Eso no te excusa —replicó con dureza.
—No busco justificarme, Nathan. Solo intento explicarte por qué actué así.
He lidiado como he podido con la muerte de Liam, con mi conciencia y con aceptar que podía enamorarme de alguien que no fuera él.
Te aseguro que el camino hasta llegar aquí ha sido una auténtica mierda.
Y vosotros tampoco me lo pusisteis fácil.
Todos dabais por hecho que no habría nadie después de Liam.
Siempre era «Liam y Conor» o «A ver si conoce a alguna chica y deja de estar tan solo». Siempre había una mujer en la ecuación.
Apreté los labios.
—Pero no había una mujer. Había otro hombre.
Me estaba acostando con otro tío... y, para rematar, ese tío jugaba en el equipo.
Lo primero que habríais pensado es exactamente lo que pensaste tú, Hughes: que estaba con él para llenar el vacío que había dejado Liam, que me había vuelto loco o que solo intentaba sustituirlo.
Sé que fuiste el único que tuvo los huevos de decírmelo a la cara, pero también sé que el resto llegó a la misma conclusión —respiré hondo antes de continuar—.
¿Y sabéis qué era lo que más miedo me daba?
Que, sin daros cuenta, acabarais comparando a Kieran con Liam.
Que compararais lo nuestro con lo que viví con él.
Y no tienen nada que ver. Kieran no es Liam, yo tampoco soy el mismo de entonces y lo que siento por él es parte de mi vida de ahora, no de la que perdí.
Dejé escapar el aire lentamente.
—Nate... piensa en todo lo que compartimos Jordan, tú, Liam y yo.
En esa relación tan nuestra que nadie terminaba de comprender.
Ahora imagina que un día llego y te digo que me estoy acostando con tu protegido.
Precisamente con él, con un tío mucho más joven al que, además, todos creíais heterosexual.
Lo miré directamente a los ojos antes de rematar:
—¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Contároslo? Porque esa no era solo mi verdad, también era la de Kieran. Y yo no tenía ningún derecho a sacarlo del armario antes de que él estuviera preparado.
—¿En qué momento empezó todo? Porque cuando llegó aquí lo odiabas —la voz de Nathan sonó fría, impenetrable, como si no le hubiera importado nada de lo que acababa de decir.
—Mejor no preguntes —escuché murmurar a Juraj.
Nathan le lanzó una mirada para callarlo antes de volver a fijarse en mí.
—La primera vez fue en Hawái —admití—. Yo estaba bastante tocado y él me ayudó. Empezamos a hacer surf por las mañanas, a pasar más tiempo juntos... y una cosa llevó a la otra.
—¿En Hawái? ¿Surf? Joder... No sé quién cojones eres. No te reconozco.
—Sigo siendo tu amigo. O, al menos, tú sigues siéndolo para mí.
—¿Amigo? Vete a la mierda. Habéis estado fingiendo que no os soportabais mientras Jordan y yo intentábamos suavizar las cosas entre vosotros. Os habéis reído de todos en nuestra puta cara.
—No fue así —protesté—. Yo no quería que jugara aquí porque, cada vez que lo veía, sentía que le estaba fallando a Liam. Fuisteis vosotros los que insististeis en traerlo y..., bueno, todo cambió.
—¿Cuándo cambió, exactamente? ¿En qué momento pasasteis de odiaros a esto?
—Casi desde el principio. Empezamos a liarnos sin pensarlo, buscando cualquier excusa para estar juntos sin sentir que estábamos haciendo nada malo. Cuando tuvo el accidente nos distanciamos un poco, pero para entonces ya me había enamorado de él. Y pasamos el verano juntos en Irlanda.
—Joder... No parabais de mentir —Nathan soltó una risa cínica—. Conor, ¿sabes qué es lo que realmente me duele? Que no confiaras en mí. Que me vieras como a alguien de quien tenías que esconderte.
—Yo jamás pensé eso, Nathan.
—¿Ah, no? Al principio puedo entenderlo.
Supongo que aceptar lo que sentías no debía de ser fácil.
Pero cuando ya lo tenías claro..., cuando sabías que querías estar con Kieran, decidiste seguir callándotelo.
Bueno, me corrijo. Se lo contaste a unos pocos.
No sé si porque te viste obligado, porque ya no podías más con el secreto o por cualquier otro motivo.
Pero a las tres personas que más te conocíamos, a los que llevamos contigo desde Toronto, nos dejaste fuera.
—Guardó silencio un instante—. ¿Por qué?
Agaché la cabeza.
—Porque con vosotros era mucho más difícil. Visteis nacer mi historia con Liam y decíroslo era como reconocérselo a él... Lo siento. Ojalá algún día JoJo y tú me podáis perdonar.
—No puedo hablar por mi mujer, pero no creo que esté enfadada.
Está triste, igual que yo. Nos has decepcionado, Conor.
Y no por enamorarte de Kieran, jamás sería por eso.
Nos duele porque pensabas que no íbamos a apoyarte —se pasó una mano por la nuca y negó con la cabeza—.
Danos tiempo. Todo esto está demasiado reciente.
Asentí despacio.
—Lo comprendo. Precisamente por eso... he tomado una decisión.
No pienso permitir que mi vida privada perjudique a esta organización.
Cuando termine la temporada dejaré el puesto de entrenador y renunciaré también a mi parte de los Rift.
Repartid mis participaciones entre vosotros. No voy a poner ninguna condición.
—¿Qué gilipollez estás diciendo? —Caden se levantó de un salto—. Tú no te vas a ningún sitio. Este también es tu club, joder.
—Tiene razón —añadió Kai sin dudarlo—. Me importa una mierda lo que diga la prensa. Somos un equipo. Somos una familia. Ya hemos pasado por esto antes. Yo mismo lo viví y nunca abandonamos a uno de los nuestros.
—Exacto —continuó Juraj—. Mientras sigamos unidos, somos más fuertes que cualquier titular. Podemos caernos, pero siempre acabamos levantándonos. Ya hemos demostrado que no es tan fácil acabar con los Rift.
El despacho quedó en silencio. Todas las miradas se dirigieron hacia Nathan.
Él permaneció unos instantes sin decir nada. Después se levantó despacio y caminó hasta quedarse frente a mí.
—Sigo enfadado contigo. Y probablemente lo estaré durante un tiempo.
Asentí sin apartar la vista.
—Pero no confundas las cosas. —Su voz sonó firme—.
Una cosa es lo que siento como amigo y otra muy distinta lo que voy a permitir como presidente de este equipo.
—Señaló el despacho con un gesto de la mano—.
Los Rift nacieron para que nadie tuviera que esconder quién era.
¿Y ahora pretendes marcharte precisamente por eso? Ni de broma.
La expresión se le suavizó por un instante.
—Así que deja de decir tonterías. No pienso aceptar tu dimisión ni voy a permitir que regales las acciones de un club que ayudaste a levantar desde el primer día. —Nathan hizo una breve pausa antes de añadir—. Y lo mismo va por Kieran.
—¿Kieran? —pregunté completamente desconcertado.
Nathan arqueó una ceja.
—¿No te ha dicho nada? Esta mañana temprano vino a casa. Quería hablar con Jordan y conmigo. Primero nos pidió disculpas por todo lo que había pasado e intentó interceder por ti. Pero eso no fue lo mejor. Después soltó una gilipollez todavía más grande que la tuya.
Esbozó una sonrisa incrédula antes de repetir sus palabras casi de memoria.
—«No quiero perjudicar a los Rift. Si consideráis que mi presencia pone en riesgo al club, rescindid mi contrato.
Estoy dispuesto a asumir la penalización económica que sea necesaria o a renunciar al dinero que me falte por cobrar.
No te propongo un traspaso porque, sinceramente, dudo que ningún club quiera meterse en este lío.
Y, además..., prefiero dejar el hockey antes que marcharme a otro equipo y alejarme de Conor».
—Vaya... —fue todo lo que logré decir.
—Se nota que pensáis igual. Porque los dos habéis tenido exactamente la misma idea de mierda.
No pude evitar sonreír.
—¿Y qué le dijiste?
—Que no iba a sacrificar a uno de los mejores defensas del equipo solo porque hubiera gente incapaz de aceptar que se había enamorado de su entrenador.
—Su expresión volvió a ponerse seria—. Creo en ese chaval.
Creo en el jugador que es, en la persona en la que se está convirtiendo y en todo el potencial que todavía le queda por demostrar.
Y, sobre todo, creo en los valores sobre los que levantamos este club.
Así que no, no pienso abandonar a uno de los nuestros.
Me quedé observándolos uno por uno.
—Gracias.