Atrapados en la jugada (Corazones en juego 5) Capítulo 39 #3
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Capítulo 39 #3

—Es posible que sí. A veces las actualizaciones administrativas tardan más de lo que deberían en reflejarse en el sistema y estos cruces de información no son inmediatos. Le pido disculpas por ello.

Me puse de pie tan deprisa que casi tiré a Kieran de encima. Me até la toalla a la cintura y empecé a caminar de un lado a otro, pasándome las manos por el pelo mientras intentaba asimilar lo que estaba oyendo.

—En cualquier caso —continuó con calma—, si usted quisiera seguir adelante, el proceso no podría retomarse donde se quedó.

Tendríamos que realizar una nueva evaluación, ya que ahora pasaría a ser solicitante individual.

Habría que actualizar el estudio del hogar, la documentación y valorar de nuevo su situación personal.

Mi cabeza se había quedado atrapada en una sola idea. Una niña. Liam siempre había querido un hijo y, desde que murió, jamás me había planteado seguir adelante con su sueño. Ahora, de repente, esa posibilidad se manifestaba delante de mí.

—Sé que esta llamada puede haberle tomado completamente por sorpresa, señor Flanagan. No tiene que tomar ninguna decisión ahora mismo, pero esa niña necesita a alguien que luche por ella.

Su voz empezó a difuminarse entre el ruido de mis propios pensamientos. Fue entonces cuando sentí la mano de Kieran acariciándome el hombro. Levanté la vista y me encontré con sus ojos.

Mierda.

Estaba él.

—Si le parece, podemos concertar una reunión para explicarle el caso con detalle. Si después decide iniciar el nuevo proceso, podremos comenzar la evaluación y, cuando llegue el momento adecuado, organizar un primer encuentro con la niña...

—Voy para ahí.

No la dejé terminar. Necesitaba colgar. Demasiada información, demasiados pensamientos y, sobre todo, los ojos de Kieran sobre mí. Aquello no era una conversación que pudiera seguir manteniendo por teléfono.

Corté la llamada, me aparté de él y entré en la habitación. Abrí el armario de cualquier manera y empecé a vestirme sin ningún orden, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera aquella niña... y Liam.

—Conor... Eh, Conor... —La voz de Kieran me seguía mientras terminaba de ponerme los pantalones.

Cogí las deportivas, me senté en la cama y me las até torpemente. Las manos me temblaban. Kieran se arrodilló delante de mí, entre mis piernas, y me sujetó el rostro para obligarme a mirarlo.

—¿Qué sucede? —preguntó con suavidad mientras me acariciaba la barba con los dedos.

Bajé la vista, incapaz de sostenerle la mirada.

—Me ha llamado la Agencia Estatal de Adopciones. Liam y yo seguíamos en el sistema y, al parecer, nuestro perfil encaja con el de una niña.

Sentí cómo sus manos abandonaban mi rostro. Cayeron despacio hasta quedar inertes sobre sus piernas, mientras él también parecía desinflarse.

—Pero... pero MacAllister está...

—Muerto —terminé por él—. Al parecer, tendrían que hacer una nueva evaluación porque ahora pasaría a ser solicitante individual.

—Espera, por favor. —Se puso en pie de golpe—. ¿Una nueva evaluación? ¿Para qué?

—Para que pueda adoptarla.

—Oh, Dios mío...

Empezó a desplazarse de un lado a otro por la habitación.

—La niña necesita una familia que pueda hacerse cargo de sus cuidados. Tiene problemas de salud y requiere un tratamiento muy costoso.

—¡Joder! ¿Pero qué te pasa? Esa niña necesita mucho más que alguien que pueda pagar un tratamiento. Necesita una familia que de verdad quiera tenerla. Y ese no es tu caso.

—No tienes ni idea de lo que hablas. Si Liam y yo nos anotamos en el sistema de adopción fue por algo, ¿no crees? —espeté, perdiendo los papeles—. Además, no te he pedido que te involucres en esto.

—En algo sí tienes razón. No solo no me involucras, es que me excluyes de tu puñetera vida.

—Golpeó la pared con el puño—. Y, obviamente, no voy a formar parte de esto.

Primero, porque soy consciente de la vida que llevo.

Tengo veintiséis años, acabo de salir del puto armario y vivo en una inestabilidad constante.

—¡Perfecto! Lo respeto y hasta te aplaudo, pero haz tú lo mismo conmigo, joder.

—No puedo apoyarte porque sé que, en el fondo, no lo estás haciendo por ti. Lo estás haciendo por él.

—¿Qué coño sabes tú?

—Sé que tú nunca quisiste ser padre. Sé que aceptaste serlo porque a MacAllister le hacía feliz tener hijos, y me parece bien, de verdad que sí. Pero él ya no está, métetelo en la puta cabeza. Y, aun así, sigues tomando decisiones como si siguiera aquí.

—Vete a la mierda, Kieran. Esto no es asunto tuyo y no tienes ningún derecho a opinar.

—Claro. —Soltó una risa cínica—. Esto es cosa tuya y de MacAllister. Yo solo soy el tío al que te follas a escondidas de todo el mundo. Ese soy yo. Así que mejor mantengo la boca cerrada y solo la abro cuando a ti te apetezca que te la chupe.

—Gilipollas. —Le di un empujón—. ¿De verdad eso es lo que piensas?

—Créeme, no quieres saber todo lo que pienso. —Me devolvió el empujón—. Y ahora lárgate. Tienes una reunión para cumplir el sueño de MacAllister.

Le lancé una última mirada, cogí la cartera y el teléfono y salí de la habitación dando un portazo.